Cada vez más gente está volviendo al teléfono fijo para huir del mundo digital

”Permitir que las cosas sean un poco más personales ha mejorado muchísimo mis relaciones con la gente”

Cuenta la leyenda que tiempo atrás el único teléfono disponible era el fijo del hogar y que la privacidad de la que podías disfrutar en una llamada estaba determinada por la longitud del cable de dicho teléfono. Era una sensación rara: hablar con tu pareja adolescente tratando de decir lo que querías decir sin decirlo para que tus padres no se enteraran del todo. O con tu amiga. O con quien fuera. Parecían tiempos limitados. La cosa ha cambiado: la hiperdigitalización de nuestras vidas está llevando a cada vez más gente al hartazgo y la saturación y a recuperar aquellos viejos teléfonos fijos que tan poca cosa parecían.

En palabras de la periodista Laura Pitcher, autora de un reportaje reciente sobre este fenómeno revival, “impulsados por el cansancio digital y una buena dosis de nostalgia, algunos jóvenes están volviendo a usar teléfonos con cable con la esperanza de revivir el arte de la conversación ininterrumpida”. Lo tienes ahí, en el salón de tu casa, y solo puedes usarlo para hacer llamadas o recibir llamadas. Nada de audios de Whatsapp. Nada de reacciones a publicaciones. Nada de te comparto un tiktok que me ha recordado a ti. No. Una llamada con la que le dices a la otra persona “tengo tiempo para hablar contigo”.

Además, el teléfono fijo agrega otro elemento clave: solo eres localizable cuando estás en casa relajado. Si estás en la calle, en el gimnasio, cenando en un restaurante con alguien, en la playa, trabajando o bebiendo café en una terraza, nadie puede molestarte. Los tiempos los marcas tú. Y poco a poco, con el pasar de las semanas, la ansiedad por estar siempre disponible para todo el mundo va reduciéndose. Ahí sientes que la hiperconectividad es una ladrona de paz mental. Que el teléfono fijo te ayuda a salir de Instagram, TikTok y todas esas plataformas configuradas para atrapar tu atención durante horas y horas seguidas.

Ah, y mucha de la gente metida en este revival disfruta además de que sus fijos no tengan identificador de llamadas. Como le comenta una joven a Pitcher, “ahí está la gracia: en no saber quién va a llamar”. Primero da algo de vértigo. Luego te vas acostumbrando y te adaptas. Aprendes a no huir. Adquieres herramientas de socialización. Para decir que no. Para decir que sí a full. “Me encanta estar en la cocina y hablar con mi papá todos los días. Permitir que las cosas sean un poco más personales ha mejorado muchísimo mis relaciones con la gente, porque es muy diferente escuchar a las personas por teléfono”.