Cuando vives fuera y tus únicas vacaciones son volver a casa

Coges un avión cada dos por tres pero nunca es para descubrir un sitio nuevo

Vives en Londres, trabajas poniendo pintas en un pub o haciendo bocadillos en un Pret a manger y, después de pagar el macro alquiler, gastos y comida, cuando tienes unos días de vacaciones, para lo único para lo que te alcanza es cogerte un vuelo barato y volver a tu casa. Esta es la realidad de muchos jóvenes españoles instalados en el el extranjero y en el precariado que ven a años luz la posibilidad de irse de vacaciones a otro país, pagar el transporte, una semana de hotel y tres comidas al día.

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Al principio no eres consciente. Te has ido a vivir fuera, has conseguido pasar esa miserable etapa en la que tienes que aprender el idioma, buscar piso, hacerte cuenta en el banco y encontrar curro. Así que, cuando ya estás un poco asentado, a la mínima que tienes un par de días de vacaciones, lo único que quieres es irte a casa y que tu madre te prepare tu plato favorito. Te reencuentras con tus colegas, les cuentas tus aventuras, les dices que vengan a verte que ya tienes dónde alojarles, te pegas un par de fiestas y vuelves a tu exilio semi-forzado.

Lo que pasa es que empiezan a pasar los meses y los años y, más allá de algún fin de semana visitando a un colega que esté viviendo, como tú, en otra capital europea, pues tu concepto de vacaciones sigue siendo el mismo. Puede que empiecen a llegar los sobrinos o las celebraciones familiares que te hacen dejarte caer por tu ciudad sin colgar fotos en Instagram para que tus amigos no se enfaden porque no les has llamado para quedar. Pero eso de hacerte los típicos viajes largos que se está haciendo todo el mundo ahora como Tailandia, Cuba o Nueva York, ni pensarlo.

Un capítulo aparte se merecen los que no solo viven fuera sino que tienen una relación a distancia. Ahí sí que olvídate del concepto clásico de vacaciones de turisteo porque estarás cogiendo varios aviones al mes, pero nunca para descubrir un sitio nuevo sino que tendrás que ir compaginando las visitas a tu pareja con las de la familia. Y así in eternis porque ni tú puedes permitirte dejar el trabajo, ahora ya más digno, que te ha salido donde vives, ni tu pareja quiere/puede moverse.

También necesitan mención para esas islas, ciudades o pueblos como Menorca, Tenerife, Castellón, Soria, Molinaseca o Almansa de los que se suelen ir la mayoría de jóvenes que van a estudiar en la universidad o a trabajar en alguna ciudad más grande. Allí la cosa es más suave porque todo el mundo vuelve a casa por vacaciones y se cogen con ganas. Los isleños, especialmente ahora que tienen sus descuentos del 75%, no se imaginan un lugar mejor en el mundo en el que estar en verano y los demás disfrutan de lo de toda la vida y un poco de desconexión de tanto móvil, internet y sobreinformación.

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El caso es que te acabas acostumbrando a este modo de vida y a veces te preguntas cómo será eso de hacer check in en un hotel y las tres comidas en restaurante sin plantearte ir al súper para comprar pan y chorizo para hacer bocatas. Ves fotos en Instagram y te preguntas si no sería mejor volver a casa de tus padres, encontrar un curro mileurista y ahorrar todo el año para, al menos, tener algo que enseñar en verano en tus stories. Pero te das cuenta de lo triste que suena eso y vuelves a tu rutina precaria de emigrante mirando con demasiada antelación billetes low cost para los próximos días libres en los que puedas irte a casa de vacaciones.