Qué es la sexualidad no convencional y por qué deberías explorarla

Las parafilias incluyen todos los deseos y prácticas sexuales que la normatividad sexual considera atípicos e incluso inaceptables

"¿Hacéis lo que queréis hacer o hacéis lo que os han dicho que debéis hacer? Esa es la pregunta que me gustaría que os hiciérais a vosotros mismos". Así comienza la sexóloga Viko con K la master class llamada Sexualidades Alternativas que imparte periódicamente en el sótano del sex shop Los Placeres de Lola, en el madrileño barrio de Lavapiés. Quienes estamos allí, dispuestos a escucharla, somos jóvenes que no superamos los 30 años. Eso de la sexualidad alternativa suena muy goloso para una generación que busca, por encima de todo, reventar armarios para explorar sin tabús.

"Por experiencia, sé que no hay armario del que sea más difícil salir que del armario que tienes contigo mismo. Cuesta aceptar quién eres y qué tendencias sexuales tienes", confiesa Viko mirándonos a todos. Una autorrepresión que, no obstante, tiene un origen sociocultural: "El catolicismo estigmatizó el sexo para controlar a la población. Convirtió prácticas sexuales naturales en pecado. Estamos limpiándonos y empezando a vivir la sexualidad de forma más saludable, pero aún influye. Es difícil quitarse un lastre que llevamos mamando desde pequeños", explica esta educadora sexual.

En efecto, la sexualidad de la inmensa mayoría de nosotros está autolimitada por las normas sociales. Que si orientaciones binarias. Que si dominancia sexual masculina. Que si tetas, culos, pollas y coños. Que si coitocentrismo. Todo cuanto abandona valientemente ese guión establecido acaba encuadrado bajo una etiqueta llamada "parafilias" que no termina de gustar a Viko precisamente por catalogarlas de raras cuando son bastante comunes y, en cualquier caso, absolutamente aceptables: "Es necesario hacer entender a la sociedad que estas prácticas forman parte de la normalidad".

Los Placeres de Lola

Vainillas y bdsmeros

Quienes siguen esas pautas normativas son llamados, según Viko, ‘vainillas’, mientras que quienes superan esos condicionamientos en cuanto a identidad de género, orientación sexual, fetiches o relaciones de poder son llamados ‘bdsmeros’. La mayoría de quienes estamos allí presentes, y muy probablemente tú también, nos encasillaríamos en el primer grupo. No obstante, y como añade Viko, "no hay nadie vainilla puro porque a todos nos gusta meter cosas menos convencionales como striptease, masajes o azotes leves y eso, aunque muy light, sigue siendo BDSM".

En el fondo, y Viko nos anima a realizar una autoexploración de descubrimiento, todos tenemos nuestros deseos no normativos. Fantasías que nos hacen sentir bichos raros. "Tendencias que no puedes negar pero también tendencias más suaves. Un fetiche, por ejemplo, puede gustarte desde niño pero otra veces no descubres que te gusta hasta que una pareja sexual te lo enseña. No tiene por qué ser tu pasión y aún así disfrutarlo". Así que no se trata únicamente de autoexplorarse, sino también de mantener una perspectiva sin prejuicios de la sexualidad para no perderte nada interesante.

Fetichismos

Los fetichismos son una de las parafilias más interesantes y descuidadas de nuestra sexualidad, siempre tan pendiente de los genitales. De entre todos ellos, dice la sexóloga, "el más común es el fetichismo de pies". O al menos, apunta, de los fetichismos considerados como tal, "porque los más comunes son el de culos y tetas, aunque estén normalizados". Nuestras caras de contrariedad le sirven a Viko para hacer una crítica a los estereotipos sexuales: "Los pies están estigmatizados. Que si son feos o huelen mal, como si el culo o los genitales fuesen el culmen de la higiene. Mitos".

Juanan Navarro

¿Pero cómo funciona?, le preguntamos. "Consiste en jugar con ellos sabiendo que todas las terminaciones de nuestro cuerpo acaban ahí. No es necesaria una sumisión del fetichista hacia el adorado, pero sí una dosis de entrega caballeresca. El adorado debe dejarse querer y llevar por las emociones que siente. Un buen juego para iniciarse es lavar o dejar que te laven los pies. Enjabonarlos, masajearlos, enjuagarlos, secarlos y, una vez limpitos, chuparlos, meterlos en la boca o pisar con ellos la cara. Puede ser una experiencia muy emocionante", explica Viko con mucha pasión.

En ese momento miro los pies descalzos del resto de asistentes. Me sorprende cómo condicionan nuestra visión del mundo los filtros que nos ponemos a nosotros mismos. Nunca les había prestado atención sexual ninguna y, sin embargo, ahora me parecen tan íntimos, tan eróticos. La programación que tenemos para adorar solo determinadas partes del cuerpo humano se revela de manera lúcida ante mí. Y no ocurre solo con los pies. "Otro fetiche muy guay, extendido entre los coreanos, es el fetiche capilar: lavar, masajear, cortar, cepillar y oler el pelo. Muy placentero y bonito", señala Viko con K.

Pero lo más importante que aprendo escuchando a la sexóloga es que estas prácticas no son meros encendedores del deseo sexual cuyo objetivo sea llevarnos al clásico ‘metesaca’. Adorar los pies, lavar el cabello, acariciar las orejas o besar el cuello son prácticas sexuales completas en sí mismas. Estamos obsesionados con los genitales. Como yo, otras asistentes están muy motivadas con la idea de practicar estos fetiches. "Me los apunto", suena. Aunque, eso sí, y como recalca Viko, "no tienen por qué gustarte estos en concreto, sino que debéis investigar qué os pone a vosotros".

Role playing

Otra de las modalidades más excitantes de parafilias son los juegos de roles. "El grado de sumisión y de dominación depende de cada uno. Además, debéis tener en cuenta que vuestros gustos pueden cambiar por vuestro estado anímico o por la persona con la que estéis. No siempre tenéis que asumir el rol de sumiso o el rol de dominante", explica esta sexóloga y coach personal. La humillación controlada, la obediencia o la dominancia pueden ser tremendamente eróticas, pero los vainillas solemos tener demasiado pudor para atrevernos siquiera a probarlas.

Juanan Navarro

Las caras nos delatan: todos tenemos fantasías con esto del role playing. Viko nos anima a experimentar sin miedo, pero teniendo claras tres normas: "sano, seguro y consentido". Y nos desarrolla algo esencial en estas prácticas: "La persona dominante tiene toda la responsabilidad. No puede dejarse llevar como el sumiso. Por eso no me gusta la "palabra de seguridad", porque el dominante deja de estar pendiente de la comunicación no verbal. Y tiene que saber distinguir entre dolor placentero y dolor real, o entre una interpretación de rebeldía y un 'no quiero hacer esto de verdad'".

De lo contrario, esas prácticas físicas pueden acabar haciendo mucho daño. Aunque no todo es físico en eso del role playing. También es psicólogico. "Por ejemplo, disfrazar a la otra persona de chacha para que te sirva, realizar con esa otra persona un dogtraining o utilizarla como reposapies", apunta Viko. Y todas esas prácticas relacionadas con el cuckold: personas teniendo sexo con terceras personas delante de sus parejas. Por eso aquí también resulta clave la confianza y la comunicación, como subraya Viko. Después de todo, hay muchísimas emociones involucradas.

Aprovecho para preguntarle a Viko si hay fantasías no convencionales que, por sus consecuencias, resulta mejor dejar en la mente. "Hay dos tipos de fantasías: las que queremos cumplir y las que jamás querríamos cumplir. Las mujeres cis suelen fantasear con ser violadas, pero ninguna mujer querría que pasara. Es sano. Así tomamos el control de nuestros miedos", contesta la experta. ¿Pero cómo diferencio un miedo propio de uno provocado porque esa fantasía esté socialmente estigmatizada? "Solo tú puedes explorarte, descubrir qué te mola de verdad y hasta donde quieres llegar".