Empezó a lamerme los pies y me corrí como nunca

Se trata de uno de los fetichismos más comunes y puede centrarse en tocar, besar, masajear u oler estas extremidades

Estás en la cama junto a tu pareja empezando lo que será una noche apasionante de sexo. Apasionante pero convencional. Os sabéis el camino, casi siempre disfrutáis de las mismas posturas, tomando el mismo tiempo para cada uno de los preliminares y, de vez en cuando, se os ocurre incluir alguna fantasía que más bien os divierte en lugar de excitaros. De repente, esa noche, que parecía otra más de tantas, tu pareja empieza a lamerte el pie. Mucho, los chupa con toda su lengua y los chorrea con su saliva mientras va metiendo los dedos de su mano entre los de tus pies. Los masajea, te escupe y se los pasa por la cara. Todo con mucho ímpetu. Está, claramente, dando rienda suelta a la podofilia: el deseo sexual que se siente por los pies.

Un deseo se despierta

Esta parte del cuerpo, que aguanta durante todo el día nuestro peso corporal, no está considerada como una de las más agradables. Justamente por ello, cuando alguien siente un deseo profundo por estas extremidades —siempre dependiendo de la intensidad con la que se exprese— algunos se muestran sorprendidos y hasta son capaces de mirarte raro. No obstante Arola Poch, psicóloga y sexóloga experta en fetichismos explica que, un estudio que realizó “entre personas fetichistas dio como resultado que el 75,1% de los encuestados sentían una atracción por los pies”. Se trata de uno de los fetiches más comunes que existen, seguidos por los zapatos, las medias o la lencería, entre otros.

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La podofilia puede producirse por varias causas. Cuenta Héctor Galván, Director clínico del Instituto Madrid de Sexología, psicólogo clínico y sexólogo, que “hay que partir del hecho de que cualquier estímulo sexual, excepto la caricia de los genitales, es aprendido, es decir, no es innato. A partir de ahí, el deseo por ciertas partes del cuerpo se puede aprender por varias vías: modelado, oír a alguien de referencia que tal o cual zona es muy excitante o por experiencia propia, que haya sido una zona del cuerpo que se acarició en los primeros acercamientos sexuales”. Aún así no existe un origen claro de este fetiche, las personas que lo sienten dicen haberlo tenido desde siempre como algo interiorizado y normal.

Cabe destacar que se trata de un fetiche que es más habitual en hombres. El tanto por ciento de mujeres que sienten una atracción particular por los pies es más bien bajo pero hay que dejar claro que existen. Según Galván este deseo existe porque “es una zona de la piel del cuerpo —por lo general, de la mujer— que no se muestra constantemente y se asocia a cierto grado de desnudez sea total o parcial”. Las manos, por su parte, son una zona del cuerpo que habitualmente está al descubierto y su visibilidad constante no las convierte en algo exclusivo o íntimo.

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El fetiche suele ser más frecuente en hombres por dos razones. En primer lugar la vista: aunque es uno de los sentidos más importantes para todos los seres humanos, en los hombres suele tener algo más de peso a la hora de generar atracción. La segunda razón, según el experto, viene desde la cultura: “el cuerpo del hombre se llega a exponer mucho más que el de la mujer, por esta razón el deseo de los hombres se centra en zonas más específicas del cuerpo de la mujer que no suelen estar constantemente expuestas”. Es importante tener en cuenta que la sexualidad se vive diferente socialmente en hombres que en mujeres. “Los hombres han tenido unos condicionantes diferentes y puede que eso influya en la constitución de un fetiche”, según relata la experta Arola Poch.

Olvídate de las manos

Darle rienda suelta a este deseo es cada vez más común. No hay que extrañarse de que dentro del sexo, de repente aparezcan los pies como protagonistas. Jugar con ellos y dejar que nuestra pareja se adentre a descubrir la excitación que pueden promover puede dar pie —nunca mejor dicho— a que se enciendan fantasías inexploradas o sensaciones que no aparecen con otras partes del cuerpo. Este contacto resulta placentero si ambos miembros de la pareja disfrutan de él y esto sucede gracias, en parte, a la complicidad establecida, al consentimiento y al deseo de los dos por llevar a cabo esta experiencia. Un acuerdo al que se llega gracias a la comunicación.

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Justamente gracias a la comunicación las prácticas que se pueden realizar con los pies son tan amplias como la imaginación y la pareja deseen. Existen, con sus respectivos nombres, una larga lista de juegos a realizar con los pies. Estos son algunos que los expertos destacan.

- Masaje: el primer contacto de la persona fetichista con los pies.
- Adoración: el masaje da un paso más y entra en juego la boca (besos o lametones).
- Footjob: masturbación con los pies.
- Comer desde los pies: existe una escena de la película Abierto hasta el amanecer, dirigida por Robert Rodríguez en el que Salma Hayek le da de beber desde su pie a Quentin Tarantino (un gran fetichista de pies, por cierto).

- Footstool: hacer de reposapiés. Una persona se tumba en el suelo o se pone a cuatro patas mientras otra u otras apoyan sus pies encima.
- Trampling: pisar. La persona fetichista se tumba para que le pisen. Esta práctica tiene una vinculación con la sumisión, pero hay que tener en cuenta que no todos los fetichistas son sumisos (aunque muchos sí lo sean).
- Cosquillas o tickling: hay fetichistas que disfrutan, habitualmente, realizando cosquillas a otros y también hay quienes se excitan recibiéndolas.

La podofilia, como sucede con muchos otros fetichismos, no es una práctica que se deba tratar de forma psicológica, no es una patología. Este tipo de práctica sexual solo debe tratarse con un profesional cuando cause interferencias o incomodidad a la persona, o afecte de alguna forma a la relación de pareja. Arola Poch explica que “hay que tener presente que en la mayoría de casos, la erótica fetichista se combina con una práctica más convencional, con lo que el fetichismo suma diversidad a las relaciones sexuales”. Así que sí, hiciste bien en dejar que te comieran los pies. Y es muy normal que quieras repetir la experiencia después de lo mucho que te corriste. Ahora, incluso, hacerte la pedicura tendrá sentido. Ya sabes, que por probar no sea.