Enamorarme de mí mismo fue el primer paso para dejar de odiar mi vida

De verdad que no es ego, solo amor propio del más sano

No siempre fue así, y quiero pedirme perdón. Por todas esas veces que miraba al espejo que descansa en una esquina de mi habitación y tan solo veía un mindundi intrascendente: pequeño, narigudo, fracasado, anímicamente débil. Por mis pataletas mentales cuando salía perdiendo de todas esas comparaciones con gente más guapa, más exitosa, menos mediocre que yo. Por hacerle caso a esa manada de voces crueles que deambula por mi cabeza tratando de llenarse el estómago con mi autoestima. Por andar persiguiendo en camas extrañas, aún sabiendo que era inútil, una aceptación que solo yo mismo podía regalarme.

Falsa autoestima

Así que perdona. Eso de confundir amor propio con competitividad vanidosa no me hizo ningún favor. Del "compito contra todos" al "compito contra mí mismo", todo eran patrañas del ego para tenerme jodido. Ya saliera ganando o perdiendo de la comparativa, aquello nada tenía que ver con la autoestima verdadera, ni me hacía sentir mejor. Lo notaba. Que más allá del chute ególatra, seguía sin quererme. Cecília Ruiz, la coach a la que contaba todas estas vainas, me lo confirmaba: "Esa necesidad de sentirte superior, incluso a una versión anterior de ti mismo, solo es ego. Y precisamente suele indicar todo lo contrario: falta de autoestima".

Ahora me siento en paz conmigo. Y de verdad que no ha cambiado nada: sigo siendo el mismo mindundi que andaba lloriqueando internamente por sentirse loser, el mismo que posteaba selfies en Instagram para sentirse un poquito menos trivial. La misma cara. El mismo ‘cuerpoescombro’. La misma inestabilidad anímica. Pero sin sentirme insuficiente. Y por muchas vueltas que le demos, quizá esa sea la definición más acertada de autoestima: "Aceptarte. Que aunque sientas que tienes cosas que mejorar, te aceptas", explica psicóloga María Saavedra, de El Prado Psicólogos. Y no. No es una frase de Paulo Coelho, es una verdad como un templo.

Plenitud

Tanto gurú del autoconocimiento ha terminado por hacernos desconfiar de las verdades más simples. Las han manoseado tanto que suenan ridículas. Pero a veces es tan fácil como parece. Si me siento entero, si me noto autónomo, es que estoy de vuelta. "Autoestima también es sentir que tienes todo para ser feliz, para sentirte pleno, para conseguir tus objetivos", me reafirma la psicóloga. Y ese feeling es fácilmente distinguible de cualquier egolatría perecedera, que viene con resaca tristona. Pero eso sí: quererte es creer profundamente qué puedes hacer cuanto quieras, pero también asumir las cagadas.

Después de todo, una autoestima decadente tiene mucho que ver con no aceptar responsabilidades. Que la mecánica cuántica, el dios de turno, el azar caprichoso, la sociedad, algún Lannister u otras personas son los culpables de que estemos donde estemos. Eso resta resolución, poder. Y hasta que no aceptas que solo tú eres responsable de seguir sufriendo, que tú lo estás permitiendo, esa autoestima no tiene espacio mental para volver. Te sientes muy pequeñito. Una marioneta resignada. Una chufla orgánica. Por eso, dice María, "tener autoestima requiere ser una persona tomadora de decisiones. Empoderada".

Mindfulesteem

Todo ese proceso que va del autodesprecio al autoramor incondicional tiene lugar por caminos muy diversos según cada persona. Y quizá estéis cansados de oír hablar de las maravillas del mindfulness y toda esa nueva ola de pensamiento oriental, pero en mi caso fue esencial. Al fin y al cabo, aprender a observar mis juicios autocríticos, en lugar de creérmelos de manera ciega como un idiota, rompió buena parte del influjo depresor que tenían sobre mí. Como señala la coach Cecília Ruiz, "los juicios externos no tienen poder hasta que nuestro juez interno los valida. La única figura imparcial es el 'observador'".

Y no, el observador no es ningún simbionte a lo Venom. "Eres tú no juzgando, observando esos juicios externos e internos que se multiplican. Es una actitud neutra, sin carga positiva o negativa. Y del silencio de esta autobservación que no opina nace el autonocimiento. Y de ahí la autoestima. Porque el amor propio es ir más allá del juicio. Es verte en cada situación sin identificarte o criticarte. Como hacer fotos de lo que sientes o piensas. El problema es que queremos entender sin habernos escuchado, sentido y observado. Y eso compromete nuestra autoestima", cuenta Cecília con convencimiento.

Entrenamiento

Pero nadie regala nada. El no creerte tus pensamientos tóxicos, el no competir, el sentirte autosuficiente para tomar decisiones... Todo eso que fortalece la autoestima no cae del cielo ni podemos encontrarlo en los demás. Como dice María, "la falta de amor hacia uno mismo hace que se busque en otros lo que uno siente no tener para no enfrentarnos a la sombra de nuestras limitaciones". Pero nadie podrá hacerte quererte. Eso, aunque todo esto te parezca palabrería, tienes que entrenarlo. Pequeño, envidioso, rabioso, feo... Si no te aceptas de una vez, jamás tendrás paz interna. Jamás te amarás de verdad como por fin hago yo.