Cómo las redes sociales rescataron mi autoestima del fondo del pozo

La clave para relacionarse de manera saludable con las redes sociales es ser consciente del valor real de los likes y demás formas de feedback

Voy a contaros algo que me habría gustado saber cuando mi ex decidió romper conmigo: no pierdes a una persona, sino a dos. ¿El truco? Lo vas descubriendo con los días. Esa otra persona ya no está, pero es que tú tampoco. No eres tú. Eres una versión carente de autoestima, desempoderada, que tiene muchísimo que envidiar a tu yo auténtico. Y es algo normal. Porque cuando pasas mucho tiempo con alguien acabas depositando buena parte de tu autoestima en sus brazos. Su adiós te desfigura. Te sientes feo. Mediocre. Insuficiente. No puedes superarlo porque tú no estás ahí. Es otro. Más débil. Más patético. Más inseguro.

La solución es tan antigua como el propio universo: tiempo. Pero para mantenerte en pie mientras tu propia autopercepción va sanando, necesitas algunas muletas. La familia. Los amigos. Y sí, también las redes sociales. El postureo lleva años siendo demonizado. Sus haters lo comparan con una despiadada criatura que engulle la autoestima para más tarde vomitar humanos desdichados en serie. Diferentes estudios científicos les dan coartada. Pero mi experiencia es diferente. En mi caso, subir vainas vanidosas a Instagram me salvó durante las épocas más oscuras de la inefable soledad que sentía.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

la risa y la punzada te delatan, pero no importa. keep pretending like me until nothing comes

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Dime cómo postureas y te diré quién eres

Una publicación frente al espejo. Un like, dos likes, treinta likes. O una ‘egostories’ de mi cara. Algún que otro mensaje directo. ¿Menuda chorrada no? Incluso me sentía ridículo al experimentar satisfacción emocional por unos logros tan mierdas. Y sin embargo ahí estaba: un espejismo de atención, de cariño, de interés que disparaba movidas químicas en mi cerebro. Un chute. Un abrazo en mitad del hundimiento. Esa pequeña dependencia de las redes sociales para aliviar mi maltrecha autoestima me producía algo de vergüenza. Y me hacía preguntarme si acaso todos esos haters antipostureo no tendrían razón al fin y al cabo.

“Una foto puede significar mucho para ti y nada en absoluto para otra persona. Y es por esa gran diferencia de criterio que no puedes esperar que todos vayan a reaccionar igual ante una publicación. Si no consigues entender que el resultado de likes de tu post no tiene tanto que ver contigo como persona como con otros miles de factores, incluida la hora de publicación, acabas delegando la medición de tu propia valía en una herramienta que ni siquiera tiene la función de medir el valor de nadie”, me dice el psicólogo humanista Gerardo Castaño cuando le cuento mi historia y le pregunto si existe un uso saludable de las redes.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

si parece, no lo es. salvo cuando es, que parece demasiao gris e intenso pa esta dimensión de apariencias megafelices

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Postureo consciente

Reflexiono entonces y le lanzo otra pregunta: ¿entonces la clave para que las redes sociales funcionen como muleta de autoestima está en la consciencia, en conocer sus limitaciones y tener siempre presente que el valor de un like es bastante relativo? “Sí. Las redes sociales no son nocivas en sí mismas sino que dependen del uso que nosotros hagamos de ellas. Mientras subas contenido genuino porque te apetece está bien. Si quieres subir fotos tuyas después de hacer ejercicio, vídeos con tu gato o publicar tus poemas, eres libre hacerlo. Es bueno expresarse. Son herramientas de gran ayuda bajo un uso responsable”.

El problema, continúa explicándome Gerardo, es cuando “tu día se vuelve oscuro porque esa foto que subiste no consiguió todos los likes que esperabas. Eso significa que algo no está yendo bien, que no estás pudiendo sostenerte por ti mismo. Debes entender que no puedes depender de las redes sociales para todo. Tienes que quererte por ti mismo, cuidarte a ti mismo”. Vale, lo pillo. Y creo que de manera instintiva lo hice bien todo este tiempo: usar el postureo como complemento, nunca como eje central de mi amor propio, que iba recuperándose lentamente de manera natural hasta devolverme a mi mejor versión.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

tijerits

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Exhibicionismo empoderador

Una vez el huracán emocional desapareció mi relación con las redes sociales fue cambiando muy poquito a poco. Ahora, en lugar de publicar desde la soledad buscando pequeñas conexiones, mis publicaciones van destinadas a la reafirmación. Porque sí, me siento genial. Y no por cuestiones absurdas de superioridad, sino por cuestiones de autenticidad. Una manera de expresar “este soy yo y me gusto” que relativiza muchisimo más los likes recibidos y esas movidas. Ya no es tan importante. La autoestima es rocosa. Eso sí, con moderación. “Recuerda que las redes son buenas en pequeñas dosis, nunca en atracones grandes”, me dice Gerardo.

Es un pequeño toque de atención, aunque no es el único. “Es verdad que las redes te permiten estar en contacto con la gente y proporcionan un plus de motivación o respaldo que quizás no puedes conseguir tan fácilmente en el día a día de otra forma. Pero hay que darle el peso que tiene. Es como un cuchillo. Si sabes cómo usarlo de forma adecuada es tremendamente útil, si no puede ser muy peligroso. Así que si las redes sociales comienzan a afectarte negativamente en alguno momento, lo mejor es tomarte un tiempo de ellas para desintoxicarnos”. Mensaje recibido. Y tú, ¿las usas para empoderarte, conscientemente, o te comen la autoestima?