Mindfulness, La Solución Milenial Al Estrés

Pipipipi, pipipipi, pipipipi. El despertador. Las 7:30h. Arriba, una ducha y a desayunar. De pie, apoyado en la encimera, un café solo porque ayer se te olvidó comprar leche. Buf, qué amargo. Al curro, que ya vas tarde. Como siempre. Miradita del jefe. Tío, que sí, que ya lo sé, que llego tarde. Montaña de papeles. Cinco post-it en el marco de la pantalla. Y otros diez en la mesa. Para comer, un sándwich de la máquina. Termina el día. Tira para casa. Lavadora, a tender. ¿Qué echan hoy? Bah, una peli mala. Ostras, otra vez sin leche para mañana. Jooooooder, qué día.

Y así. Vale, es un poco extremo todo. Pero ojo, que tampoco dista de la rutina de cientos de personas. Es el presente de muchos, el aquí y el ahora, que consume. Y, ¿en qué termina? En un cuadro de estrés brutal. Pero existen técnicas para prevenirlo o, en otros casos, combatirlo. Como el Mindfulness, traducido al español como Atención Plena. A veces se presenta como novedosa, pero en realidad tiene sus raíces en los inicios del Budismo, hace 2.500 años.

Pero, ¿en qué consiste el Mindfulness? El autor Jon Kabat-Zinn, que ha rebautizado para occidente la meditación tradicional,  lo define como “prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar”. Es decir, reconocer lo que está sucediendo sin hacer juicios, desapasionadamente, y así no añadir a los sentimientos negativos el sufrimiento añadido de pensar en cómo hacer para que desaparezca. Porque gran parte del estrés lo generamos nosotros pensando en que no podemos evitarlo. Con el Mindfulness, liberamos nuestra mente de cualquier preocupación por unos instantes, nos relajamos y ayudamos a nuestro cerebro a que, una vez limpio, pelee contra lo que nos preocupa sin otros condicionantes que lo bloquean. Recuperamos nuestro equilibrio.

Claro, fácil no es, porque los nervios y las preocupaciones se nos comen por los pies. Pero todo el mundo puede aprender a meditar, a practicar la atención plena. Por ejemplo, deteniéndose un minuto a concentrarse en la respiración, sin dejar que ningún otro pensamiento ocupe la mente, evitando que deambule. U observando un objeto cotidiano: una taza, un boli, el ratón del ordenador. Como si fuera lo único que existe en el mundo. O lo mismo, pero con un sonido: el ruido de los coches, los pájaros, una canción. Cualquier cosa vale para abstraer la atención y liberarse, siempre y cuando no dejemos que se intoxique con otros pensamientos.

(c) Mint Images/ Jamie Kripke

Así se consigue pensar lo que somos, y no ser lo que pensamos. Se logra estar plenamente en el presente, aumentar la conciencia de uno mismo, tener más equilibrio y menor montaña rusa emocional. Y la ciencia habla: el Mindfulness reduce la ansiedad, la depresión y las cefaleas. La medicina ya aplica programas de Reducción del Estrés basado en la Atención Plena para aliviar el dolor y mejorar el bienestar físico y emocional de los pacientes. Para tener más paz, en definitiva.