¿Amigos, follamigos, novios? Cuando no sabes qué sois y no te atreves a preguntar

Cada persona tiene su ritmo y no por querer ir despacio o no poner etiquetas a la relación, significa que no se quiera a la otra persona

Has conocido a una persona que ha devuelto a tu vida la ilusión y las ganas de hacer constantes planes nuevos. Después de un par de 'citas' en las que habéis compartido vuestros gustos personales, buenas conversaciones y unos cuantos apasionantes besos, llega la hora del sexo. Es la guinda del pastel: disfrutas en la cama como no lo habías hecho antes. Todo es perfecto. Y entonces, pasado casi un mes, llega ese momento crucial: ¿qué somos?, ¿solamente amigos, novios, tenemos un ‘rollo’? Las ansias por ponerle un título a lo vuestro pueden contigo y las rayadas que te entran en el momento en que se marcha de tu casa después de echar un polvo te están haciendo enloquecer.

We Heart It

No eres la primera persona a la que le pasa esto. Es algo que es normal en gran parte de las relaciones, al menos en sus inicios. El Director Clínico de Instituto Madrid de Sexología, Psicólogo Clínico y Sexólogo, Héctor Galván, explica que "no implica lo mismo ser amigos que novios o tener una relación abierta ya que cada tipo de etiqueta determina de manera rápida y concisa, un tipo de relación distinta e implícitamente, un conjunto de particularidades y una determinada forma de actuar". Esta es una de las razones principales por las que se busca saber qué tipo de vínculo tenéis pues "la etiqueta evita malentendidos porque nos indica qué está permitido y qué no, hasta dónde podemos llegar y qué se espera de nosotros".

El rótulo del amor, ¿sí o no?

La sociedad postmoderna y el mundo globalizado han hecho que las puertas se abran de par en par a la experimentación en todos los ámbitos de la vida. Esto, por supuesto, no excluye a las relaciones amorosas: las estructuras tradicionales van perdiendo sus bases y se dan otro tipo de vínculos entre aquellos que no desean cargar con un título exclusivo, es decir, les incomoda la idea de tener una etiqueta y entran en distintos tipos de acuerdos sentimentales ‘sin compromisos’. Así se ha hecho frecuente establecer un nexo en el que no se tiene una idea clara de qué tipo de relación se está viviendo.

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Neus García Guerra, psicóloga experta en psicoterapia psicoanalítica y cofundadora del Centre Sarrià de Barcelona, explica que “en la actualidad se tiende a aspirar a vivir con tanta libertad que se provoca cierto desconcierto en la otra persona. En una pareja suele haber alguno que no sabe qué es lo que puede esperar y por ello tiende a ponerle un título a la relación —o buscarlo—, para protegerse del sufrimiento”. Se impone la necesidad de protegerse de la frustración, de no tener esperanza de algo que no corresponda, así como de intentar no sentirse perdido/a.

Existen múltiples formas de entender los diferentes tipos de vínculos que pueden crearse entre las personas. Los amigos con derechos o privilegios, lo cual incluye, además de la amistad, una relación sexual consensuada. Los amigos casuales o amigos sin más. La relación abierta en la que existe el ‘permiso’ de acostarse con otras personas. La relación monógama, es decir, entre dos personas únicamente sin permisos ni otros acuerdos sobre terceros.Y el matrimonio, que se supone que es lo mismo que lo anterior pero habiendo firmado una serie de papeles. En el fondo, existe la necesidad de querer y ser querido pero también el miedo a sufrir, a ser rechazado/a.

Emily Knecht

No se trata solo de que estemos en una época en la que no se lleva ponerle un título a la relación, existen otros motivos por los cuales algunas personas prefieren los vínculos sin descripciones. Uno de ellos es el miedo al compromiso que conlleva una relación formal. Lo que sucede con las personas más jóvenes es que quieren estas relaciones abiertas para poder experimentar sin ataduras pero dentro de los que son más adultos existe la opción de que —en el pasado quizás— han entregado todo a la persona equivocada y tienen miedo a la formalidad y el compromiso porque no quieren llevarse otro batacazo.

Descifrando los mensajes del afecto

Vuelves a tener esa sensación en tu cuerpo después de que se quedara a dormir la otra noche en tu casa, ¿será que le gustas para algo serio? ¿Qué quiere de ti? Y así el resto de los días. Las preguntas se te amontonan en la cabeza, no sabes cómo hacer para entender sus intenciones y, sobre todo, te aterra que no sienta lo mismo que tú por eso no muestras ningún tipo de interés más allá del básico, el establecido por ambos. No te preocupes, el secreto para descifrar, averiguar, desenterrar y descubrir qué siente es único. Y es sencillo: pregúntaselo.

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Ojo, no todas las respuestas las tiene solamente una de las personas de la pareja. Antes de acceder a sus sentimientos, debes encargarte de responder a tus propias preguntas y saber qué es lo que quieres. Neus García lo explica perfectamente: “Es frecuente que los conflictos en las relaciones de pareja que aún no están formalizadas estén relacionados con no haber hablado de lo que pasa en la relación desde el inicio. Poder comunicar a la otra persona lo que espero, lo que necesito y lo que deseo ayuda a clarificar. Pero antes de comunicarlo debo saberlo”.

Algunas personas luchan para tolerar el deseo de ser único para el otro. Es más, existen quienes buscan lo mismo y es todo lo contrario a algo serio: aprobado o no por la sociedad, las relaciones sin título tienen sus ventajas y son buenas siempre y cuando los involucrados sean conscientes de lo que hay y tengan un acuerdo claro en conjunto. Cuando una de las personas ya no está feliz con ese vínculo es el momento de conversar y tomar una decisión que vaya bien para los dos.

500 days of Summer

Lo esencial para saber qué tipo de relación existe entre vosotros es la comunicación. Tanto con el otro como con uno mismo: saber lo que quieres, de qué manera lo quieres y transmitirlo a la otra persona para dejar claro cuáles son tus reglas del juego y saber a qué te expones y que estás dispuesto. Lo más peligroso es hacer ver que todo va bien y que no hay ningún problema, ya sea por temor a ser rechazado o porque no se pueda ser capaz de hablar con claridad. En el fondo, nadie quiere sufrir ni tampoco vivir con una situación que no le haga feliz. Así que habla, o mejor dicho, hablad y seréis más felices.