Ojalá no tengan que matarnos para que creáis que nos han violado

La periodista Isabel Valdés destripa las coartadas del patriarcado en su ensayo 'Violadas o muertas' sobre el caso de 'La Manada'

“Ella se quedó en el suelo, con los leggings y el tanga enrollados en los tobillos, la camiseta subida y sin sujetador. Solo cuando estuvo segura de que se habían ido, se levantó, se vistió y buscó su móvil. Pero el móvil no estaba”. Estas son algunas líneas del ensayo Violadas o muertas (Península), de la periodista Isabel Valdés, que condensa y procesa en pocas páginas la vorágine de información, percepciones y acontecimientos desde que los cinco hombres de ‘La Manada’ violaron a una joven en los San Fermines de 2016. ¿Por qué ha sido tan mediático este caso? ¿Cómo hacer entender a los escépticos la gravedad del tema? Muchas dudas se deshacen al leer a Isabel, y todavía más al hablar con ella.

Eran cinco contra una, era en San Fermín, tenían ya un nombre de grupo, y es la primera vez que se tiene una prueba audiovisual así. Son algunas de las razones que, según la autora, esta agresión ha llegado a todos los medios, los bares y las sobremesas de las casas de todo el país. De no ser así, quizás habría pasado tan desapercibida como algunas de las tres violaciones que ocurren al día en España. “Nos hemos centrado en esta porque es un reflejo de una sociedad en la que todos vivimos cada día”, dice la periodista. Lo que ha llevado a cinco jóvenes a tener relaciones sexuales no consentidas con una chica paralizada por el miedo no es que sean unos 'animales' o unos dementes, es la cultura de la violación.

“No son enfermos, son los hijos sanos del patriarcado. Cuando decimos que están mal de la cabeza, reducimos su responsabilidad”, dice Isabel, que se lamenta de que vivamos en un mundo en el que dos funcionarios del estado (un militar y un guardia civil) ignoren lo que es una violación o un abuso. Que los cinco miembros de 'La Manada' se declaren inocentes ante la justicia es todavía más grave, porque nos demuestra que el problema es cultural y estructural. 

La Manada

Combinando declaraciones, fechas y momentos señalados, además de diferentes casos de abusos y agresiones y las reacciones que han causado, este ensayo es un despertador para cualquiera que todavía no lo había abierto los ojos, y un recordatorio de que no hay que volver a dormirse. Cuando el pasado abril la Audiencia Provincial de Navarra condenó a 'La Manada' a nueve años de cárcel por abusos sexuales y no por agresión (violación), miles de personas indignadas se echaron a la calle, y lo hicieron de nuevo en junio cuando se les concedió la libertad provisional bajo fianza. Así es como José Ángel Prenda, Alfonso Cabezuelo, Antonio Manuel Guerrero, Jesús Escudero y Ángel Boza, de entre 26 y 29 años, han dejado de ser "solo" agresores: se han convertido en la representación de un sistema patriarcal injusto y obsoleto. 

Es ese mismo sistema el que convierte a las mujeres víctimas de agresiones en culpables, preguntándoles si cerraron bien las piernas, si llevaban minifalda o si son muy 'ligonas'. Por eso Isabel habla del "Manual de la violada ideal", ese estereotipo de mujer agredida sexualmente que parece que tenga que cortar el contacto con sus amigos, quedarse en casa y hacer una especie de luto para que el mundo la crea. Esto quedó claro cuando la defensa de ‘La Manada’ pidió una investigación de la vida cotidiana de la víctima tras la denuncia, o cuando las redes se dedicaron a cuestionar sus publicaciones de Instagram. “Si de repente sigues con tu vida, tus estudios o sonríes por la calle, parece ser que eso mida cuánto te ha afectado una violación”, nos dice Isabel. Esta concepción le da una patada a cualquier manual de psicología.

El País

Se nos pone el vello de punta cuando la autora se cuestiona si para la justicia española es Nagore Laffagge, otra joven violada en San Fermines en 2008, quien sí cuadra como “violada ideal”, porque opuso resistencia. A Nagore la mató su agresor. Es absurdo que tengamos que vernos en la disyuntiva entre resistirnos y que nos maten, o someternos por miedo y que no se haga justicia. De ahí que el título del ensayo, Violadas o muertas, esté años luz del sensacionalismo y mucho más cerca de una realidad palpable. Todos y todas hemos sido en algún momento cómplices de esta lógica misógina, “lo he sido yo en algún momento y probablemente tú también, cuando permites algo que no deberías permitir”, alerta Isabel.

Una malla bajo nuestros pies

Pero aunque este caso ha levantado mucha mierda, la indignación que ha causado también ha alzado a muchas mujeres (y hombres) antes calladas, e Isabel cree que además impulsa a otras a denunciar abusos. En el contexto del #MeToo y el #TimesUp, desde Hollywood a Pamplona y con el precedente del #NiUnaMenos iniciado en Argentina, culminando con una multitudinaria asistencia a la huelga feminista del 8-M, la periodista considera que en estos últimos años las mujeres hemos creado una extensa malla de sororidad bajo nuestros pies, para apoyarnos y para creernos. 

El plural

Eso sí, cuando un movimiento empuja con fuerza, es normal que surjan los reaccionarios. Los haters en redes, los frívolos en las tertulias y los comentarios como “yo no soy feminista por culpa de las feministas radicales”. Para la autora, esto último indica ignorancia. “Para empezar, el feminismo radical es aquél que quiere ir al centro del problema, no tiene que ver con el ímpetu o la insistencia del discurso”, matiza, y añade que si uno está cansado de vivir en un mundo en el que la mitad de la población está sometida a opresiones y discriminaciones, todos deberíamos abrir los ojos y los brazos a un movimiento que lo único que quiere es ver un mundo más igualitario.

Sin embargo, no hay que ser pesimistas con las mentes cerradas, porque si ha surgido también cierto revuelo antifeminista, que la gente se rebele contra la propia rebeldía, es buena señal. “Significa que estamos tocando los botones adecuados", dice Isabel, "de hecho más bien estamos tocando los huevos, porque cuando a los que ostentan el poder se les tambalea la estructura, es natural que haya reacción al cambio”.

MASSIMILIANO MINOCRI

Educar a niños y a jueces

Ahora que la señal de alarma ha calado hondo, es hora de cambios a largo plazo. Isabel nos recuerda que la intención de movimientos como #MeToo no es que nadie tenga que firmar un papel para dar su consentimiento sexual, porque a ella también le preocupa que se promueva el puritanismo. "La libertad debe ser para todo, y esto no debería conllevar a tratar el tema del sexo como algo burocrático", nos dice. Precisamente a través de la educación, la empatía y la lógica, el objetivo es que tales extremos no sean necesarios. Por eso la autora está a favor de que se imparta una asignatura de feminismo en la escuela, siguiendo el ejemplo de Galicia, donde la consejería ha promovido una materia de igualdad género que se podrá enseñar desde septiembre.

Y no solo hay que educar a los niños, sino también a los adultos. Incluyendo a quienes interpretan y ejecutan las leyes. “Se está proponiendo una revisión del código penal, porque es vital que tengamos herramientas jurídicas que se adecuen a la realidad del sXXI", nos dice la periodista. Además, para que los jueces entiendan lo que ocurre realmente durante una violación y por qué muchas veces resistirse no es una opción, los juristas y todas las personas que traten con la víctima tendrían que haber recibido una formación con perspectiva de género. “Como sociedad machista, la justicia está impregnada de estereotipos e ideas viejunas y obsoletas”, considera.

Es imprescindible grabar a fuego en la mente de todos que nuestro cuerpo, nuestro deseo y nuestra voluntad son nuestros y solo nuestros. Ese es el mensaje que quiere dejar Isabel, que no solo “consentimos”, sino que también deseamos; que parece que el mundo siga viéndonos como sujetos pasivos en el sexo. Tenemos derecho a no querer y a decir no, a querer y decirlo, y también a querer y después dejar de querer. Esta crónica es un rechazo a todas las “Manadas” y a sus cómplices, y un pedazo de historia que seguiremos escribiendo día a día, entre todas y todos.