A estas alturas nadie debería extrañarse de que la gente de la Gen Z estemos buscando nuestro futuro profesional cada vez más fuera del ámbito universitario. Y es que lo que antes era una promesa bastante fiable de estabilidad y calidad de vida, de conseguir un buen trabajo con una remuneración decente, se está convirtiendo en un esfuerzo un poco gratuito y sin sentido. Básicamente porque el mercado laboral no tiene suficientes puestos de trabajo para todas las personas que salen de las facultades. Especialmente en España: nuestro país cuenta con los trabajadores más sobrecualificados de toda la Unión Europea. Hasta un 36% del total. Desolador.
Para que te hagas una idea, la media de la Unión Europea es de un 22%. Y sí, esto demuestra que la problemática tiene un alcance global: los estudios universitarios, incluidos los posgrados y los doctorados, ya no garantizan casi nada en cualquier punto del planeta. Menos aún en los últimos años con la irrupción loca de las inteligencias artificiales. Estás cuatro, cinco, seis o siete años de tu vida sacrificándote para obtener una titulación y resulta que en las empresas no hay empleo para ti. Terminas haciendo cualquier otra cosa. Terminas reorientando tu carrera. Obviamente no le ocurre a todo el mundo. Pero es año tras año mucho más habitual.
Está pasando aquí en Occidente. Y está pasando también en los BRICS. En China, por ejemplo, y según cuenta el redactor Rubén Márquez, “se ha vuelto de lo más común toparse con graduados en física que terminan trabajando como manitas, filósofos que ahora se mantienen como repartidores e incluso jóvenes de la Generación Z con doctorados que han terminado trabajando como auxiliar de policía”. Somos la generación más preparada de la historia. Tenemos el conocimiento más actualizado. Un dominio de las tecnologías inigualable. Pero tras la carrera nos vemos obligados a ver alternativas laborales que nada tienen que ver con nuestra preparación.
Lo peor de todo es que la privatización progresiva de la educación superior española, en la que hay más universidades privadas que públicas por primera vez en nuestra historia, hace aún más dramática la situación: mucha gente se está endeudando para poder pagarse másters carísimos que tal vez no lleven a nada. A tenerlo enmarcado en tu cuarto. Esto requiere un cambio de paradigma. O los gobiernos actúan para corregir la economía y que pueda absorber ese talento desperdiciado de una vez o se invierte en un mejor asesoramiento para que la gente joven no regale su tiempo. Pero esta situación actual es insostenible e intolerable.
