Mi experimento de estar una semana sin mirar el móvil antes de ir a dormir para aliviar mi ansiedad

Ni Whatsapp, ni Facebook, ni Instagram. El uso de las tecnologías antes de ir a dormir está haciendo que estés siempre más cansadx por el efecto que causa en tu cerebro. He estado 7 días sin nada. 

Tres semanas igual. Mis días, casi siempre, llevan un orden. Por la mañana voy a trabajar, después de mis ocho horas de trabajo voy al gimnasio. Luego llego a casa, me hago la cena y me voy a dormir a las diez, súper puntual. Al día siguiente me levanto a las seis y media, así que he dormido más de ocho horas. Mi rutina completamente sana y mis horarios regulados no han conseguido que sienta que he descansado lo suficiente. De hecho, durante tres semanas estuve levantándome agotada, muerta, hundida. Cada vez que abría los ojos pensaba "¿en serio ya tengo que levantarme otra vez?". Lo único que quería era seguir durmiendo. Tenía que hacer algo para resolver aquel cansancio eterno y la solución llegó de forma casual a mis ojos: cada noche caía en el vamping, el fenómeno con el que, sin saberlo, me estaba matando poco a poco.

El vampiro tecnológico

El término vamping nace de dos claras palabras: vampire y texting y se refiere concretamente al uso que hacemos de las tecnologías antes de irnos a dormir. Aunque se trata de un fenómeno bastante común en jóvenes (por la gran presencia de la tecnología dentro de las generaciones más recientes), nadie está libre de caer en este fenómeno. Es más, seguramente, si preguntas en tu entorno qué es lo último que hacen antes de ir a dormir, probablemente digan que es usar el móvil. Esta práctica, que parece tan inofensiva y que forma parte de nuestra rutina, es una de las principales causas de insomnio y cansancio excesivo (baja energía y poco rendimiento sobre todo al día siguiente). 

La luz azul de onda corta que irradian las pantallas de nuestros dispositivos tiene muchos efectos sobre nuestra salud. Ángela Milán es neuróloga dentro de la Unidad del Sueño en la Clínica Universidad de Navarra. Ella explica, para distintos medios, que “la luz azul de onda corta hace que se inhiba la hormona llamada melatonina, encargada de regular el ciclo del sueño” y agrega: “El problema es que, si nuestro cuerpo no secreta esta hormona a la hora que le toca, caemos en un insomnio o una fase retrasada del sueño. Y no es lo único, porque puede afectar también a la regulación de la insulina, lo que aumentaría el riesgo de obesidad o diabetes”. A partir de dar con esta información que, como es obvio, me alarmó, decidí tomar unas medidas para probar su veracidad: evitar el uso de cualquier tipo de dispositivo antes de irme a dormir.

Una semana de sanación

El primer día de prueba empezó como cualquier otro. Seguí mi rutina de trabajo, gimnasio, cena y cama como siempre. Los expertos recomiendan dejar el móvil, tablet, ordenador o televisión de lado como mínimo media hora antes de irse a la cama. Es decir, si vas a dormir a las diez y media de la noche al menos a las diez  ya deberías haber dejado los dispositivos de lado y dedicarte a otra cosa. Ese primer día —debo ser sincera— no sabía exactamente qué hacer, era raro. Tuve que escribir a mis padres y a mi novio para avisarles que ya no estaría disponible. Como al dejar el móvil no podía irme directamente a dormir, aproveché el tiempo para leer, ordenar ropa, prepararme el café para el día siguiente, fregar los platos, ponerme una mascarilla, dibujar, jugar con mi gato y encender la minicadena, en definitiva, muchas costumbres antiguas que había ido dejando de lado.

Guillermina Torresi

Al día siguiente no sentí un gran cambio. Es verdad que tenía una sensación más liviana pero lo primero que pensé fue que se trataba del efecto placebo, ya que daba por hecho que la consecuencia de tantos días utilizando mi móvil justo antes de quedarme dormida no iba a desaparecer de un día para otro. Es más, el día después del primer test, todavía tenía conmigo ese nervio constante que me hacía preguntarme quién me había escrito o que había sucedido en lo que para mí había sido una eternidad, así que lo primero que hice al levantarme fue coger el móvil y ver una por una todas las notificaciones. Mi sensación de alarma era tan grande que mi propia desesperación me hizo sentir incómoda.

Durante toda la mañana estuve dándole vueltas a la experiencia y planeé mejor cómo sería la próxima noche. Ya iba más preparada y estaba dispuesta a sentirme realmente descansada para que la prueba diera buenos resultados.  Así que, como iba tan confiada, a las nueve de la noche ya había dejado el móvil de lado y me había puesto a hacer otras cosas. Me duché tranquilamente, me preparé la cena y la comida para el día siguiente, hice la cama, elegí la ropa que me iba a poner por la mañana, preparé el bolso y a las diez y cuarto ya estaba durmiendo. Cuando me desperté, me asusté porque tenía la sensación de que llegaba tarde al trabajo, pero no. Eran las seis y media de la mañana y ya tenía todo dispuesto para que la mañana fuera sobre ruedas. Me estiré entre las sábanas y me sorprendí: estaba realmente descansada. Fue un gustazo.

Buenas costumbres

Estuve con esta costumbre durante una semana y conseguí buenos resultados. Fueron buenos porque me sentía con más energía y porque, cuando me olvidaba del móvil (cuando lo dejaba de lado), conseguía realmente desconectar. Después de una semana de sanación, fui intentando mantener la costumbre. No lo he hecho de manera puntual y concreta pero sí que he aprovechado la semana de prueba para seguir por el mismo camino. Los días han resultado más llevaderos, consigo concentrarme más rápido y mejor y tengo constantemente ganas de hacer planes. La tecnología nos ha aportado mucho, pero tenemos que ser conscientes de cómo usamos de los dispositivos y para diferenciar cuándo es necesario estar conectado y cuándo no. Respetar nuestro tiempo de intimidad es fundamental.

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Lo principal es gozar de buena salud y para ello es indispensable que el cuerpo —y la mente también por supuesto— descansen no solo durante un tiempo necesario sino con la calidad adecuada. Si eres de esas personas que a pesar de llevar una vida sana y dormir lo que piensas que es suficiente, te sigues levantando abatida, deberías probar a eliminar de tu rutina nocturna el uso de dispositivos.