Los veganos ‘extremos’ que creen que cortar una planta es un asesinato

La religión jaina se basa en la no violencia y cree que todo tipo de vida es igual: sea humana, animal o vegetal

“Comemos sin violencia. Eso quiere decir que no ingerimos nada que haga daño a los seres vivos”, explica Ruchit Sakhariya, un hombre indio de 30 años, sobre su dieta. Hasta aquí, no suena a nada nuevo, parece un veganismo normal, del que ya hemos oído todos hablar muchísimas veces. Sin embargo, Sakhariya añade un pequeño matiz: “yo hablo de todos los seres vivos, no solo animales. También pensamos en los microorganismos y las plantas. Y sí, arrancar una planta es violencia, pero es una violencia que debemos aceptar solo por pura supervivencia humana”.

La exigente dieta vegana de Ruchit Sakhariya está justificada por su fe, el Jainismo. Esta religión  tiene origen en India, uno de los países donde el veganismo está más extendido, y nace con el objetivo de rechazar las figuras de autoridad del hinduismo. Por lo tanto, no cree en dios o dioses (es no-teísta) y no tiene textos sagrados ni jerarquía religiosa. Algunos de sus pilares fundamentales son la educación, la alfabetización y la no-violencia hacia ninguna forma de vida. De esta base teológica surge su dieta: como no pueden dañar a nada ni perpetuar la violencia, tienen una de las más exigentes de cualquier religión.

Ruchit Sakhariya y su pareja

Prohibido tomar miel, cebolla o cerveza

Las normas de este veganismo son muy extremas. Obviamente no pueden comer lácteos o huevos (son de origen animal y las auténticas dietas veganas lo rechazan). Pero es que tampoco pueden tomar alimentos que, aunque no sean de origen animal, los animales sufren durante su producción. La miel es un ejemplo, porque recolectarla requiere granjas de abejas, en las que suele haber maltrato animal y estrés.

Aun así, el debate sobre si la miel es vegana o no ya está presente en los veganos occidentales, así que no es tan extraño que ellos la tengan prohibida. Pero su veganismo tiene muchos más matices que a personas de fuera de su religión les parecerían una locura. Probablemente, dos de los más llamativos son que no pueden beber cerveza ni comer plantas de raíz o tubérculos.

“Si queremos sobrevivir debemos consumir plantas. Eso, claro está, comporta violencia: arrancarlas, cultivarlas en masa, cortarlas... Pero consumir algunas plantas implica más sufrimiento que otras, y por eso no comemos verdura y hortalizas que crezcan dentro de la tierra”, explica Sakhariya. Es decir, ni patatas, ni zanahorias, ni cebollas, ni otras verduras y hortalizas similares. Si lo que te comes de la planta está en el suelo y tienes que arrancarlo, está prohibido consumirlo. En parte, porque en las raíces de los tubérculos viven microorganismos que serán ‘asesinados’ si la arrancas. Por otra parte, porque estás eliminando una raíz que podría volver a crecer y que arrancándola no lo hará. Según su razonamiento, no es lo mismo desarraigar una patata del suelo que coger un tomate de la huerta que si no te comes algún día caerá y se pudrirá.

Comida jainista | M. van Mourik - Simplyweb.nl

Además de las hortalizas que crecen en el suelo, no pueden tomar alcohol. Ni cerveza, ni vino, ni nada: durante el proceso de fermentación hay unos microorganismos juegan un papel crucial y que ayudan a crear el alcohol. Por lo tanto, evitan estas bebidas para no matar a todos estos pequeños organismos en los que la gran mayoría de dietas veganas no piensan.

Sí al arroz y las lentejas, no al agua sin filtro o a las sobras del día anterior

Aunque parezca una dieta limitada, “los jaina podemos comer muchas cosas. Lentejas, arroz, verduras, salsas, curry, frutos secos… son muchas las opciones”, asegura Sakhariya. Sí que reconoce que, en el pasado, esta dieta era mucho más estricta y que todavía hoy aquellos que mantienen la dieta jaina al nivel más extremo tienen muchísimas limitaciones.

Para la dieta más purista del Jainismo, cualquier tipo de partícula viva no puede consumirse o se estará cometiendo un sacrilegio. Esto se traduce en que, en la antigüedad, se solía utilizar una tela para beber el agua y así filtrarla y evitar engullir los microorganismos que viven en el agua. Hoy en día, gracias al agua embotellada, pocas personas jainistas filtran el agua ‘por si acaso’. Sin embargo, aquellos que se toman los preceptos religiosos más a rajatabla siguen haciéndolo.

Templo Jainista | Robert GLOD

Otra de las limitaciones que tienen los jainistas más estrictos es que no pueden cocinar de noche para no atraer insectos hacia el fuego, por lo que muchísimos jainistas hacen ayuno nocturno. Tampoco deben comer nada que haya pasado toda la noche cocinado, porque atrae microorganismos, ni rechazar la comida que les den. “Si la tiras a la basura acumulará microorganismos que acabarán muriendo cuando se pudra la comida”, explica a la BBC Samani Pratibha Pragya, una monja jainista. “Estoy causando daño sin querer. Por lo tanto, no puedo rechazar comida, tengo que minimizar el daño que causo a los seres vivos”.

Hay más reglas: ni móviles ni otro tipo de posesión material

“Las reglas parecen muy ortodoxas, pero no las seguimos siempre al pie de la letra”, matiza Sakhariya. “El filtro del agua o el ayuno nocturno son las que más personas incumplen. El resto de reglas podemos cumplirlas más fácilmente. Si estás acostumbrado desde pequeño es fácil, además de gratificante: porque sabes que tu existencia no está dañando ningún ser vivo”.

Pero las reglas sobre el estilo de vida jainista no se limitan a la dieta. También hay códigos que determinan que no puedes tener posesiones materiales. Es decir, ni móviles, ni ordenadores, ni otros objetos que no tengan la función básica de la supervivencia. Samani, la monja jainista, asegura que vive una vida simple y que sus únicas posesiones son unas ropas de tela y tres cuencos en los que mendiga comida a la comunidad jainista. Ella vive en Londres, donde hay 10.000 familias de esta religión, y de cuya bondad depende para sobrevivir al día a día. “Confío en ellos para obtener comida y alojamiento y, a cambio, es mi trabajo como monje jainista darles una elevación espiritual”, añade.

Sin embargo, estas familias no siguen a rajatabla las normas del no apego a bienes materiales. Tienen casa, tienen empleo y tienen dinero. Sakhariya igual, él tampoco sigue estas reglas de conducta y asegura que ya solo las practican los monjes. “Tengo cámara, soy fotógrafo. No me podría dedicar a esto si fuera rígido y estricto con los códigos religiosos”. Al final, es la misma historia que han vivido otras religiones, el dilema de olvidar los preceptos más puristas para adaptarse a los tiempos o mantenerlos y resignarse a morir. Pero, aunque se abandonen estas leyes antiguas, la base del jainismo actual sigue siendo la misma que hace milenios: la no-violencia y no acabar con ninguna vida para alimentar la tuya. Porque, para ellos, toda la vida tiene el mismo valor, ya sea la de un microorganismo o la un ser humano.