Una noche completamente sobria en el Sónar hablando con peña totalmente colocada

La perspectiva de todo el entorno cambia por completo cuando los demás están colocados y tú no

La cerveza de los vasos de otras personas me salpica y me cae por el pelo. Hay tantísima gente a mi alrededor que, cuando se chocan unos con otros, la bebida deja de mantener el equilibrio y vuela como una lluvia nada agradable. Apesto. Intento dar con mis amigos después de ir a comprarme la décima coca cola de la noche. Me he propuesto experimentar cómo es ir a un festival como el Sónar completamente sobria y preguntar a mi alrededor si hay alguien más como yo. ¿Será posible aguantar tres días y sus noches bailando y dándolo todo sin tener la misma cantidad de drogas y alcohol en vena que la gente que me rodea? Yo les he ido preguntando y también les he pedido que me dejen hacer fotos y me digan sus nombres, cosa que han hecho, pero tengo dudas razonables de si me han dado sus verdaderas identidades. En fin.

“Cuando fumo hierba dejo de escuchar ese ruido que es la vida y todas sus obligaciones”

Guillermina Torresi

Sara Gutiérrez tiene 25 años y es de Gijón. Esta es la primera vez que está en el Sónar. Cuando hablamos ya le ha pegado una chupadita al MDMA y está animada. Nos cuenta que lleva toda la semana trabajando muchísimas horas y que deseaba “con todas sus fuerzas que llegara este día para disfrutar de un fiestón como el Sónar”. No es una chica que tome habitualmente lo que llaman ‘drogas duras’ pero sí es consumidora habitual de cannabis: “Me dejo llevar un poco con las drogas más duras en fiestas que merecen la pena. Este consumo está mucho más normalizado de lo que se cree y, si sabes hacerlo, y consigues experimentarlo de forma correcta, es muy guay”.

Sara me cuenta que cuando consume marihuana deja de escuchar el ruido constante que es la vida y todas sus obligaciones: “Conecto con una parte más libre, más creativa, más de aprovechar el momento, más de dejarme llevar pero sobre todo hace que esté activa”. Sus palabras me llevan al recuerdo de la primera y última vez en la que fumé marihuana. Tenía 16 años y me vino a buscar la ambulancia porque el corazón casi se me sale del pecho. Esta es la razón por la que nunca he probado ninguna otra droga. El susto todavía me dura en el cuerpo.

Guillermina Torresi

Mientras hablamos se acerca un amigo suyo y le da algo pequeñito de color naranja y con forma de nube. Es una pastilla de éxtasis, “toma, un regalo”, le dice sonriendo. Ella le agradece. “En el Primavera Sound probé un cuarto de pastilla”, explica y puntualiza mientras observa la sustancia: “No se si hoy la tomaré o no pero como llevo trabajando muchas horas puede que en el Sónar de noche me la tome porque quiero disfrutar de esta experiencia. Si no es esta pastilla, será una bebida energética que también es una droga, al igual que el café. Necesitamos combustible y la vida no nos lo da”, zanja la joven.

Dicho así no entiendo qué hacemos que no estamos todos tomando ese 'combustible' cada día sin embargo, tanto el MDMA como las pastillas pueden generar, según el instituto norteamericano de abuso de drogas, presión arterial alta (hipertansión), desfallecimiento o mareos, ataques de pánico o pérdida del conocimiento y convulsiones. Esta sustancia interfiere con la capacidad del cuerpo para regular su temperatura, lo que puede tener consecuencias fatales en ambientes calurosos como los que se viven en los festivales abarrotados de gente.

“Estamos en el Sónar y hemos venido a jugar”

Ada Ramos

Mis amigos me ofrecen buches de cerveza y se ríen. Lo hacen a propósito, claro. Nos dirigimos al concierto de Nathy Peluso, son casi las siete y cuarto de la tarde. Entramos en una zona oscura donde están los escenarios techados. Me llama la atención la euforia de las personas, me pregunto ‘¿cómo estarán cuando llegue la noche?’. Allí conozco a Toni García. Este joven tiene 26 años y es de Girona. El Sónar es su festival preferido. Desde hace tres años que se pilla el abono VIP porque “la experiencia es más completa y mucho más cómoda”, relata.

Su género musical favorito es el techno y el Sónar, al menos estos últimos años, ha sido un experto en darle al público una clásica variedad, va desde artistas recurrentes como Laurent Garnier o Richie Hawtin hasta John Talabot. Toni cada año vive una viaje interestelar entre el alcohol y las drogas pero concretamente recuerda una anécdota del año anterior: “Estábamos en el Sónar Club, el escenario más grande de la noche. Estaba terminando un concierto y quedaban 10 minutos para que empezara Moderat, nuestro grupo favorito. El estado de mi amigo y el mío no era el más óptimo, habíamos tomado muchas sustancias raras —dejémoslo ahí— y teníamos una sequedad de boca enorme". Toni se fue a la barra y como estaba petadísima de gente, se le ocurrió la brillante idea de recoger todas las botellas que la gente había tirado al suelo medio vacías e hidratarse —él y su amigo— con eso el resto de la noche.

“Pillamos 100 pastillas de éxtasis a tres euros cada una”

Guillermina Torresi

Eric Torres tiene 24 años y hace ya seis que vive en Barcelona. Es la tercera vez que pisa el Sónar, cree que este año el cartel es mucho mejor. En su opinión es posible disfrutar de los conciertos o de un día entero en el festival sin drogarse pero, como explica, “cuando te drogas en este tipo de conciertos no te cansas, bailas durante de horas, te vienes muy arriba y la música te llega de forma potenciada”. En su caso solamente se mete pastillas: “Las compro fuera del festival, no por el precio sino porque comprar dentro puede ser muy arriesgado, te pueden estafar y no es posible saber qué llevan exactamente. Es una ruleta rusa”.

Desde Energy Control, el proyecto de reducción de riesgos de la ONG ABD - Asociación Bienestar y Desarrollo, explican que los efectos secundarios del consumo de pastillas pueden ser: pérdida de apetito, distorsiones visuales, nistagmo (movimientos oculares involuntarios), incremento de la tasa cardíaca y de la presión arterial (que se incrementan al aumentar la dosis), nerviosismo, cambios en la regulación de la temperatura corporal, vómitos, ansiedad, sudoración, mareos, confusión, boca seca, tensión mandibular, dificultades de concentración o midriasis (dilatación de las pupilas). 

Eric Torres

Úrsula, Anahí y Pigmalión son el resto de personas que conocí en el único día que estuve completamente sobria en el Sónar. Cocaína y MDMA fueron las drogas que consumieron esa noche y la anterior. Sus historias son semejantes a las anteriores. Jóvenes que buscan potenciar la experiencia de un festival con la ayuda de las drogas y el alcohol. Los refrescos que bebí hicieron que aguantara hasta las 4:30 de la madrugada: bailé como nunca con Joe Kay, salté como nadie con 2MANYDJS, canté hasta quedarme sin voz con Nathy Peluso y gocé de unos pogos infinitos en el concierto de Goldlink. Gran parte de la gente de mi alrededor tenía la mirada perdida, bailaban en bucle, muchos estaban como robots dando gritos y golpes, poseídos. Todos habían intentado convencerme de lo fantástica que estaba su experiencia, pero probablemente no se estaban viendo desde fuera.