Aprende a reconocer a las personas 'susceptibles' y a dejar de discutir con ellas

Las personas susceptibles crean conflictos casi de forma unilateral. No siempre podrás evitarlo, pero sí que hay cosas que puedes hacer para que la bola no se haga más grande

Las personas susceptibles tienen tendencia a tomárselo todo mal. A crear dramas de algo que tú has hecho sin mala intención y, muchísimas veces, llevándoselo al terreno del ataque personal. Se enfadan, y no saben explicar por qué. Pero saben que están enfadadas. Los susceptibles tienen unas características fácilmente reconocibles: en situaciones ambiguas, en lugar de pensar bien, piensan mal, y se toman como un ataque todo aquello que pueda serlo. Una vez enfadadas, no paran a reflexionar sobre por qué están enfadadas, solo saben que lo están y quieren dejártelo claro. Así, la discusión siempre irá en torno a lo ofendidos que están y no permitirán pasar página.

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Aun así, hay algunas formas de relacionarse con ellos para evitar que el conflicto pase a mayores y permitir que el enfado se vaya diluyendo poco a poco. El psicólogo Arturo Torres explicaba en un interesante artículo en Psicología y Mente cinco de ellas:

No ridiculices su enfado

Quizá se te caído su pinza favorita por el balcón y cree que lo has hecho a propósito. Pero seguramente, se ha caído sin querer. Sí, parece un enfado absurdo y puede parecer una broma, pero para el susceptible es muy real. “El primer paso es aceptar que se han ofendido de verdad, aunque eso no significa que le demos mucha importancia a la situación”. Simplemente, reconoce que está dolido, y no le digas que es una tontería o le sueltes ninguna barbaridad para ridiculizarlo.

Discúlpate si es necesario

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Si crees que la persona que se ha enfadado tiene motivos, o como mínimo te expone motivos lógicos cuando discutís, pídele perdón. Si no, aunque comprendas que está enfadada, no tienes por qué reconocer que su enfado sea legítimo y disculparte. Muchas veces, disculparse ante un enfado absurdo hace que la persona crea que tiene razón y se enroque en su posición y continúe ofendida. Si le pides perdón ante una absurdidad, pensará que estás reconociéndole que la has atacado.

Que todas tus críticas sean constructivas

La mejor forma de ser constructivo es siendo impersonal. Es decir, no le digas lo que debe hacer o mejorar, sino pon un ejemplo de terceras personas para que pueda verlo de forma más objetiva y distante.

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“Cuando quieras hacer críticas a algo que ha hecho una persona especialmente susceptible, hazlo refiriéndote a la perspectiva de una persona ficticia, que no conozca a ninguno de los involucrados, y siempre poniendo énfasis en lo que se puede mejorar, y no en lo que está mal”, asegura Torres.

El lenguaje verbal, que no sea hostil

Ten siempre en cuenta el lenguaje no verbal. Ponerte de brazos cruzados, encorvado o con muecas de desprecio es muy, muy nocivo. Muéstrate abierto y comprensivo y la persona susceptible quizá verá que realmente estás interesado en su punto de vista, pero que no lo compartes. Que no te vea como un enemigo, aunque esté enfadado contigo.

Sé educado, y déjalo estar si es necesario

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Habla con educación, de forma comprensiva, escúchale. Y, si no funciona nada y sigue enfadada, no te obsesiones. No siempre se puede controlar la situación y a veces, simplemente, lo mejor es dejar las cosas pasar. Si, después de hablar con educación y respeto, el enfado sigue, simplemente escabúllete educadamente y que no parezca que estás escurriendo el bulto. La persona susceptible ha abocado en ti un conflicto y no siempre pueden resolverse estos problemas si son muy unilaterales. Antes de que se enquiste, distánciate.