Baleares es una de las comunidades autónomas con mayor presión turística: en el año 2025 superó los 19 millones de visitantes, lo que supuso un crecimiento del 1,73% respecto al año anterior. Y ya van muchos. Esto, que obviamente tiene un lado positivo, el económico, también tiene sus inconvenientes: desnaturalización progresiva de la cultura balear, alza de los precios de la vivienda o vulnerabilidad del patrimonio natural. De ahí que el gobierno autonómico haya decidido no promocionar las islas como destino turístico para el esperadísimo eclipse que tendrá lugar el próximo 12 de agosto y para el que, según muchos expertos, Baleares ofrece unos cuantos balcones privilegiados.
Así lo explica la periodista Paola Mendoza. Al parecer, y según ella, “a diferencia de otras comunidades autónomas, que comenzaron a informar de los operativos y los puntos oficiales de observación del eclipse hace meses, Baleares lo ha hecho esta semana, a menos de cuatro semanas del fenómeno astronómico”. Y no ha sido un problema operativo: había ya confeccionado un listado desde principios del año pasado. La decisión de no hacerlo público hasta ahora es del todo estratégica: el gobierno regional ha retrasado la publicación de las zonas de avistamiento para que no se genere efecto llamada. Y es que las Islas Baleares sufren ya suficiente presión turística en esta época del año.
De ahí que se tema por la sostenibilidad de las visitas durante los días cercanos al eclipse. Primero por una cuestión de conservación: algunos de los puntos de avistamiento se encuentran en zonas naturales o históricas vulnerables. Como ha reclamado la plataforma Menys Turisme, Més Vida, escribe Mendoza, “la saturación de caminos que traería el eclipse sobre un territorio que las propias autoridades reconocen como zona vulnerable ante una potencial afluencia masiva”, refiriéndose a las terrazas de piedra de la Serra Tramuntana, uno de los mejores puntos para contemplar el eclipse, “podría conducir a una tragedia de no estar bien gestionada”. Es la segunda preocupación.
Porque la seguridad no está garantizada ante una oleada de decenas de miles de turistas queriendo ver el eclipse desde unos pocos rincones de las islas. Lo ha reconocido el propio director general de Emergencias e Interior de Baleares, Pablo Gárriz, quien ha afirmado que “no somos capaces de dimensionar un operativo conjunto teniendo en cuenta el elemento de la población, porque no sabemos dónde se va a mover”. Esto podría llevar, en el peor de los casos, a una desorganización de los servicios de emergencias en caso de tragedia. Las Islas Baleares llevan décadas siendo puestas a prueba y el eclipse será una más. Solo esperemos que la gente escuche a sus ciudadanos.
