Algunos países europeos ya pagan a otros para alquilar sus cárceles

“Una treintena de presos sentenciados en Suecia por delitos graves se preparan para purgar sus condenas en Estonia, a cientos de kilómetros de donde fueron juzgados”

La forma en la que un Estado trata a sus prisioneros es muy revelador de su calidad democrática. Algo en lo que España, según el último informe del Comité para la Prevención de la Tortura en la Unión Europea, no saca tan buena nota como cabría esperar. Pero es que Europa en general parece estar retrocediendo en este sentido. Por ejemplo, y como explica el periodista Elías Camhaji, algunos países europeos han comenzado a pagar a otros del continente para que alojen a algunos de sus presos, alejándolos así de sus familias y, en consecuencia, provocando un mayor dolor para estas. Y lo hacen, alegan, porque sus cárceles parecen estar a rebosar. Pero podrían haber otros intereses.

“Una treintena de presos sentenciados en Suecia por delitos graves se preparan para purgar sus condenas en Estonia, a cientos de kilómetros de donde fueron juzgados”, apunta Camhaji. La cosa no se quedará ahí. Al parecer, este traslado es solo una pequeña parte de un gran acuerdo comercial firmado entre ambos países y que hará que 600 reclusos suecos terminen en cárceles estonias. Los políticos responsables defienden que es la única solución disponible ahora que “la ocupación de las cárceles de Suecia está en máximos históricos” debido a “la expansión del crimen organizado y la adopción de medidas de mano dura”. Un acuerdo que parece haber inspirado a otros gobiernos.

Aunque Suecia no es el primer país europeo en “vender” sus prisioneros. “Bélgica fue la primera en la Unión Europea al intentar algo similar al pactar en 2010 el envío de 500 presos a Países Bajos” por 40 millones de euros anuales. Cinco años más tarde, según la investigación de Camhaji, Noruega copió a Bélgica y pagó 95 millones de euros a Países Bajos para que alojara a 650 de sus condenados. Ah, y Dinamarca ya ha cerrado un acuerdo con Kosovo para alquilarle 300 plazas carcelarias durante la próxima década. Es decir, que no se trata de una iniciativa aislada ni puntual: se trata de una dinámica que podría ir a más durante los próximos años. ¿Pero es todo esto realmente ético?

Para empezar, y aunque queramos verlo con buenos ojos, se trata de una mercantilización de los presos. Y, hicieran lo que hicieran para ser condenados, son seres humanos. Y luego está el tema de las condiciones. ¿Puede Suecia estar segura de que los presos que envía a Estonia disfrutan de la misma calidad penitenciaria que los presos que mantiene en sus fronteras? Además, y para algunos expertos, mandarlos tan lejos de sus familias supone un castigo extra que no es contemplado en la sentencia. Para los presos y también para sus familias. Por último, resulta cuanto menos curioso que todos los presos que envía a Estonia sean hombres condenados por delitos graves. ¿Se los está quitando de encima?