La primera vez que fumé marihuana me dio un blancazo que casi me muero

La marihuana y el hachís son las drogas ilegales más consumidas en España

El corazón está por salirse de mi pecho. Siento como si unas manos gigantes me apretaran los pulmones. Aspiro aire con prisa pero no me entra. Lo intento nuevamente y no sucede nada. Los latidos se multiplican más y más, casi puedo ver cómo mi corazón se mueve en mi pecho, lo siento en la garganta, en los oídos, escucho el pum, pum, pum dentro de mi cabeza. Abro la boca para exhalar mucho aire y no lo consigo, me estoy ahogando. Un cosquilleo empieza a recorrerme los brazos y me sudan mucho las manos. Miro a mi amigo Alberto. Está tumbado en el suelo riéndose. "Tranquila, no pasa nada, relájate y disfruta", me dice. Acabo de fumarme el primer porro de marihuana de mi vida. Y siento que voy a morir de forma inmediata.

Alberto y yo

Es verano. Alberto y yo tenemos 17 años. En aquellas vacaciones pasamos unos días en el sur de Tenerife, donde vivíamos en aquel entonces. Playa, cine y paseos. Le digo que consiga marihuana porque quiero probarla. Decidimos fumar antes de ir al cine, íbamos a ver Dí que sí, protagonizada por Jim Carrey. Era el contexto ideal para entrar fumados y pasárnoslo genial. Buscábamos potenciar las risas, al menos así era en nuestra imaginación. El centro comercial donde estaba el cine está rodeado por unas pequeñas montañitas y un parque. En mitad de la noche es el sitio ideal porque podemos ocultarnos de la gente. Él se lía un porro mezclándolo con tabaco, lo que me parece absurdo, con lo cual decido liarme uno solo con marihuana. A lo grande. Tardo menos de tres minutos en fumarlo, porque no siento nada y estoy convencida que han timado a Alberto vendiéndole algo que es cualquier cosa excepto marihuana. Pasados unos minutos, mi cuerpo da un vuelco y entro en lo que se llama, coloquialmente, un blancazo.

Caos mental y corporal

La marihuana (unida al hachís en los datos oficiales de consumo) es la droga ilegal más consumida en España, así lo indica la última Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (Edades) del Ministerio de Sanidad, realizada el pasado 2017. Esta misma encuesta explica que un 11% de la población admite haberla probado en el último año y un 35% la ha probado alguna vez en su vida, más de un tercio de la población. Esta ilegalización que se vive en España fue la que nos llevó a Alberto y a mí, en aquel entonces, a escondernos. En España, según el barómetro realizado en noviembre de 2018 en el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el 84% de los ciudadanos es favorable a la legalización de la marihuana con fines sanitarios o terapéuticos y un 47% defiende su legalización en todos los casos, incluyendo el lúdico.

Cuando Alberto se da cuenta de que realmente no estoy bien, se levanta del suelo. Empiezo a llorar. Estoy mareada, no se si quiero vomitar, beber agua, dormir, ducharme o todas las cosas a la vez. Decido que quizás la opción correcta es vomitar. Salimos de las montañitas y entramos en el centro comercial. Solamente hay un restaurante abierto. Pido si puedo pasar al baño, me lo permiten pero se preocupan por mi estado. Alberto contesta por mí, "sí, está bien, solo se siente un poco mal", les responde, como quitándole importancia a lo que yo creo que es mi muerte inminente. Entro en el baño y me meto los dedos en la garganta. No pasa nada. Los hundo aún más, quiero tocarme la campanilla. Tengo el estómago vacío y no puedo vomitar nada. Me agobio aún más.

En mi cerebro suena sin parar la frase "voy a morir". Me mojo la cara. Abro el grifo y hundo la cara en el agua, bebo agua, me mojo las manos, me mojo los brazos, la nuca. No pasa nada. Alberto, al otro lado de la puerta, me pregunta si estoy bien, le digo que no, que voy a morirme. Abro para que entre. Me dice que voy a empeorar si no dejo de pensar en paranoias. La palabra paranoia me asusta, ¿y si me quedo así para toda la vida?

Las autoridades

Los efectos que la marihuana genera a corto plazo pueden ser de dos tipos. De hecho, lo que le generó a Alberto fue muy diferente a lo que me generó a mí: él reaccionaba lentamente, estaba relajado y todo le divertía mucho más. Esos pueden ser algunos de los efectos. Los otros pueden ser: ansiedad, miedo, desconfianza o pánico, además de un aumento de la frecuencia cardíaca. Estos últimos efectos ocurren cuando se consumen grandes cantidades. Esto fue lo que me ocurrió. Y era normal, lo que yo me fumé era marihuana pura y lo hice como quien se fuma un cigarro, en pocos minutos.

Me veo doble en el espejo del baño. No se qué hacer. La película va a empezar y no puedo caminar. El mundo me da vueltas, los ojos me lloran, se me nublan, me pican, me escuecen. Le digo a Alberto que me abrace muy fuerte. Creo que eso hará que se me pase. Nada cambia. Salimos del baño, mi corazón sigue a mil por hora. No puedo comer. Hablamos sobre qué podemos hacer. Los del bar se acercan porque ven que estoy realmente mal. Alberto explica, con pocas palabras —y tímidamente— lo que hemos hecho. Pero está asustado. Si viene la policía encontrarán que tiene marihuana en la riñonera. A los del bar les da igual y avisan al hombre de seguridad del centro comercial. "Mierda", pienso. "Mierda, mierda, mierda", piensa Alberto.

Cuando el hombre de seguridad se entera, lo tiene claro: llama a la policía. "Para una noche en la que pasa algo en este maldito centro comercial, cómo no", pienso yo, que paso del miedo a la rabia y de la rabia al miedo en pocos segundos. Efectivamente viene la policía. Antes de que lleguen Alberto hace algo para esconder la marihuana. Ahora mismo no recuerdo qué fue. Hay partes de esa noche que recuerdo borrosas. La policía se presenta y nos interroga. Yo estoy tumbada en un muro que rodea el centro comercial porque está frío y me sienta bien. No recuerdo qué me preguntaron pero sí recuerdo que estaban rodeando a Alberto y pensé que le pegarían. No le pegaron. Me piden el número de teléfono de mi padre.

Una bolsa de marihuana de las que venden en asociaciones

15 minutos más tarde llega con mi hermano que, en aquel entonces, tenía 8 años. Mi hermano se ríe sin parar y no deja de repetir: "fumaste marihuana, fumaste marihuana". Mi padre me mira fijamente con cara de "¿en serio, Guillermina?". Lo hace porque siempre me había repetido que podía probar la marihuana por primera vez con él y que él haría algo para conseguirla, sobre todo por si me pasaba algo, como acabó ocurriendo. Probar marihuana con los padres no tiene gracia, al menos eso pensaba entonces. Mi padre, mi hermano y Alberto van en coche hasta el hospital, a mí me llevaba la ambulancia.

Intravenosa 

Escucho cómo me late el corazón, me han puesto unas pegatinas en el pecho que miden mis pulsaciones. Me dicen que me han dado Valium, también conocido como diazepam. Este fármaco tiene propiedades ansiolíticas, miorrelajantes, anticonvulsivantes y sedantes. Se supone que tiene que calmar mi taquicardia. Pero no lo hace. Deciden, además, darme un Trankimazin, también conocido como alprazolam. Se utiliza para el tratamiento de los estados de ansiedad, especialmente en crisis de angustia, agorafobia, ataques de pánico o estrés intenso. Me calma un poco, pero no del todo. Así que me dan otra dosis. Llevo tres dosis de relajantes encima. Mi corazón se calma. Me recupero, pero parezco una zombie

Salimos del hospital y tengo los ojos rojísimos, muy muy rojos. Alberto se ríe. Mi padre conduce en silencio, se hace el duro porque tiene que hacerlo pero, en realidad, todo le hace mucha gracia. Nos lleva a cenar para coger algo de fuerzas y luego nos vamos a la casa, donde nos dormimos en pocos minutos. El día siguiente fue de completa recuperación, estuvimos casi 12 horas en la playa del Médano de Tenerife. Hoy es un recuerdo que nos divierte.

Aquella fue la primera y última vez en la que probé una droga. A partir de aquel día tuve miedo de probar cualquier cosa. Hoy, diez años después, sigo sin hacerlo y sé que es por culpa del susto que me llevé por haber sido imprudente la primera vez que probé la marihuana. Es posible explorar este ámbito de forma segura, midiendo las cantidades y el contexto. De hecho tengo muchísima curiosidad por ver qué se siente con otras drogas diferentes y tal vez en algún momento me permitiré la libertad de volver a intentarlo. Seguramente sería diferente.