Esta empresa te paga (mucho) dinero solo por dormir

Una serie de libros sobre el capitalismo tardío augura el final de la generación millennial

Si has clicado en este artículo es porque todo está mal, muy mal. Tú, millennial precarizado, que has vendido tu tiempo y tu identidad hasta el agotamiento, crees que sacarle dinero a las ocho horas (a lo sumo) que ‘malgastas’ cada día durmiendo, puede darte el empujón que necesitas a partir de la segunda semana de cada mes. Lo que no sabes es que esa empresa de la que habla el titular clickbait de esta pieza (sí, diseñado exclusivamente para que des tu click) es TikTok y que miles de adolescentes ya están capitalizando sus horas de sueño. Antes de ir a dormir, encienden la cámara de su móvil conectada a una sesión en streaming.

De la noche a la mañana, han sumado montañas de seguidores. Brian Hector, que ya tenía casi 350K, consiguió incluso donaciones en la moneda interna de la app, que luego se cambia por cash.

El 9 de febrero, 18,5 millones de personas se unieron al streaming de un hombre que dormía en Douyin, una versión china de TikTok, según cuenta un artículo de The New York Times donde explica que esta tendencia que ahora se afianza en TikTok, ya tuvo su fanaticada alrededor de 2015 en YouNow, bajo el hashtag #sleepingsquad. Twitch, la red social más usada en el mundo gamer, no permite los vídeos de gente dormida porque considera que su protagonista ha dejado a la comunidad desatendida, pero aun así, mucha gente lo hace. Uno de los que se coló, el año pasado, se ha convertido en el vídeo más visto de Twitch de la historia, con 3,6 millones de views.

La idea de ganar dinero mientras duermes es una esperanza para los perdedores del capitalismo. Andy Warhol en su película Sleep, de 1964, ya grabó a su amigo John Giorno durmiendo durante cinco horas y 20 minutos, un ejercicio irónico como sus cuadros de las latas de sopa de tomate Campbell para mandar el mensaje de que todo acabaría a la venta. En 2020, el sueño era lo último que nos quedaba por optimizar. "Optimizar" es la palabra que usa Jia Tolentino, en uno de los ensayos de su primer libro, Falso Espejo (Temas de Hoy).

“Cuanto más empeoran las cosas, más nos esforzamos por optimizarlas. Pienso en ello cada vez que hago algo que parece en especial eficiente y egoísta, como acudir a una clase de barra o almorzar en una de esas cadenas de comida rápida que sirve ensaladas preparadas, como Sweetgreen, que no parece un restaurante sino una estación de servicio en la que volver a llenar el depósito”, explica en su libro donde analiza desde su paso por un reality antes de ir a la universidad, hasta la relación entre ir a la iglesia y tomar MDMA.

Para Jia, la historia de nuestra generación puede contarse en siete estafas, empezando por la crisis de 2009, de la que todo el mundo salió más pobre, a excepción de los más ricos. También habla de las deudas con las que los estudiantes salen de la universidad (un drama sobre todo para los graduados de Estados Unidos, aunque en España también ha habido una privatización de la universidad con la excusa de la crisis), de la explotación de nuestros datos en las redes sociales, el feminismo liberal o de esas empresas (Amazon) que nos han demostrado que todo siempre puede costar un poco menos, incluso la vida de quienes trabajan allí.

El fin del mundo

Rebobinemos hasta el principio. Crack del 2008. Mark Fisher, crítico musical, está hundido en la miseria porque la crisis lo ha dejado K.O. Divaga por la decadencia como Wall E, el robot de Disney que continúa trabajando de basurero en la Tierra mientras los humanos se han mudado a otro planeta totalmente automatizado donde se pueden dedicar exclusivamente a comer (volveremos a él en un momento).

Para tratar de entender algo, escribe Capitalismo realista (Caja Negra) reinterpreta la idea de que "es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo" (no está seguro de si se la atribuye a Fredric Jameson o a Slavoj Zizek). Él dice: "el capitalismo no solo es el único sistema económico viable, sino que es imposible incluso imaginarle una alternativa". Eso significa vivir en el realismo capitalista.

Volvamos a 2020. Peter Frase publica Cuatro futuros (Blackie Books), un ejercicio que intenta plantear esas alternativas según las hipótesis de lo que podría pasar si todo sigue como está. El libro es algo similar a los libros que leías en la infancia donde tú podías elegir cómo terminaba, con la diferencia de que en esta ocasión, (lamentablemente) el final no lo elegiremos nosotros. Lo llama "ciencia ficción social" pero tampoco pretende alejarse de la realidad: que la crisis de 2009 dejó un mercado laboral tan desolador que ni siquiera permite que avance uno de los peores fantasmas del final del capitalismo: la automatización del trabajo.

La realidad es que hoy por hoy, en muchos sectores todavía es más rentable para las empresas emplear a un trabajador empobrecido (hay a patadas) que invertir en un robot que puede suponer una inversión millonaria. Casi la mitad de los puestos de trabajo de la actualidad se pueden automatizar y la cifra pronto alcanzará el 80%. Y el siguiente paso ya sería de 'externalizar' labores como la gestación (en Japón ya han conseguido que nazcan cabras de úteros articifiales), una idea de los años setenta para contribuir a "liberar" a las mujeres de esta "carga". De momento estamos en los vientres de alquiler, que no es poca cosa (véase El cuento de la criada).

Cuatro futuros

A partir de ahora, la economía se definirá por cómo los humanos luchamos por sobrevivir al avance de los robots y cómo nos disputamos el acceso a los recursos naturales. O sea, los ricos concentran la riqueza o si logramos un sistema equitativo. Los términos son del autor.

Futuro 1: Comunismo (igualdad y abundancia)

En un futuro comunista, las máquinas harían todo el trabajo sucio, por lo que los humanos podríamos dedicarnos a lo que nos haga sentir bien. El trabajo, en este mundo, ya no define tu identidad, sino que este mundo en el que sobran los recursos funciona según el principio de "la libertad empieza donde termina el trabajo". Inspiración: Star Trek.

Futuro 2: Rentismo (jerarquía y abundancia)

Cuando no tienes que gestionar las escasez, ¿cómo justificas el poder? "Tener poder sobre los demás es, para muchas personas poderosas, su propia recompensa", dice Peter. Esto es Internet, nadie te pone frenos, pero, ¿quién gana cada vez que le das al play? Inspiración: Transmetropolitan.

Futuro 3: Socialismo (igualdad y escasez)

El socialismo es "una sociedad igualitaria que tiene que ponerse a trabajar para reconstruir su relación con la naturaleza". Los recursos son escasos y cada comunidad tiene que aprender a vivir según sus capacidades mientras trata de dar a todos sus habitantes el mejor estilo de vida. O sea, reparte los recursos y el trabajo borrando las desigualdades del capitalismo actual. Inspiración: Pacific Edge.

Futuro 4: Exterminismo (jerarquía y escasez)

Lo define comunismo y es exactamente esto: una sociedad donde muy pocos (pongamos que el 0,1%) vive en un mundo de ensueño sin pensar en lo que gasta mientras el resto trabajan para mantener esa riqueza bajo riesgo que la automatización los expulse del sistema, es decir, convertirse en masas sin trabajo: ¿habrá que exterminarlas? Inspiración: Robocop.

Este último es, para Peter, el futuro que más se acerca a nuestra economía actual, pero todas las opciones tienen algún elemento con el que nos podríamos sentir identificados. Cómo evolucione todo, no lo sabemos, pero al menos en la ciencia ficción sabemos que alternativas sí que hay.