El asco que puede llegar a dar San Valentín cuando estás solo

Una fiesta tan tóxica que hace que, en una relación, pongas en duda tu amor y, siendo soltero, pierdas autoconfianza y te llene de dudas y soledad

Llega el día de los enamorados, de los bombones, de las cartas de amor y los besos y abrazos. El ambiente se pone rosa, con purpurina, nubes de azúcar y dulzura. Es, para muchos, el día más bonito del año. Pero para muchos otros, es un asco de día. Tranquilx, no estás frente al típico artículo de “odio el San Valentín porque es un invento capitalista” y esos otros tópicos que sueltan cada año los activistas de Twitter después de leer la típica cita de Marx pixelada que algún viejo adjuntó en un comentario de Facebook.

Demasiado corazón para una fiesta sin alma

Yo nunca había sentido asco hacia San Valentín, más bien indiferencia. Los últimos cinco San Valentines los pasé en una relación y, aun así, no los celebrábamos. Nos daba la sensación que es una fiesta vacía, sin nada de alma. Compáralo con otras celebraciones como la Navidad, las Fallas valencianas o el Sant Jordi de Cataluña. A diferencia de San Valentín, estas fiestas sí tienen espíritu: desde pequeño aprendes las tradiciones, las leyendas y su historia. Tienen sentido. Además, puedes disfrutarlas con tu familia, amigos y quien quieras. Son inclusivas porque se comparten con todo el mundo. Pero no San Valentín, que es excluyente.

Para mí, San Valentín carece de tradición y arraigo. ¿Quién celebra San Valentín? Solo nos llega a través de series, centros comerciales y actividades de Plástica en el colegio. Es como si no tuviera ningún fondo, historia o tradición más allá de saber que debemos regalar bombones y flores. Al final se convierte en una especie de rutina obligatoria que hacemos cuando llega el día sin ningún tipo de ilusión, porque es una fiesta que no sentimos nuestra.

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Presión social y dudas absurdas

Y este año lo celebro solo. Lo cual convierte este día en cien veces más aborrecible. Si antes me causaba desinterés, ahora me provoca asco. Me explico para no parecer un amargado. Cuando lo tenía que vivir en pareja, me sentía obligado a regalar. Veía en las parejas de mis compañeros de trabajo muestras de amor exageradas y cuando les decía que con mi pareja habíamos pactado no hacernos regalos, ponían en duda nuestro amor, como si fuéramos a romper de forma inminente y se nos hubiera acabado la magia. Había una especie de aura que envuelve todo diciéndote que cualquier gesto que hagas no es suficiente y que no estás queriendo suficiente a tu pareja, que eres un soso y nada romántico. Al final, por culpa de este ambiente, acabas enrareciendo tu relación y aunque ambos sabéis que os queréis, parece que ese amor que os dais diariamente queda invalidado.

Este aura es todavía peor cuando estás soltero. En mi caso, creo que llevo bastante bien la soltería. No estoy buscando desesperadamente una relación de repuesto, me siento cómodo conociendo gente nueva y, mientras tanto, disfruto de la compañía de mis amigos y reflexiono sobre qué espero de mi vida amorosa. Vamos, que no estoy ni me siento solo. Soy, simplemente, soltero. Y soy feliz así. Pero cuando se ha ido acercando San Valentín, he empezado a sentirme mal.

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La odiosa ‘pena’ por los que no tenemos pareja

Desde hace unas semanas, lo que yo siento como una sana soltería, la gente de mi alrededor ha empezado a verlo con pena. Mis amigos con pareja hablan entre ellos de planes con sus novios pero en cuanto llego yo cambian de tema, supongo que para que no me ponga ‘triste’. Me ven con condescendencia, apenándose por mí. Como si yo no pudiera estar feliz siendo soltero, aunque me esté tomando este tiempo 'en soledad' como una depuradora época de reflexión sobre cómo es vivir conmigo mismo sin pareja (que, siendo honestos, después de cinco años emparejado lo necesitaba).

“Pero si San Valentín es una tontería”, “¡no es ningún drama estar soltero!”, me dicen todos cogiéndome de la mano con los ojos más llorosos que cuando vieron los quince primeros minutos de Up. Esta es otra de las cosas que más me molestan. La falsa necesidad de hacerte ver que "está bien ser soltero", aunque los emparejados no lo creen. Y lo peor es que los solteros entran en este mismo juego celebrando estupideces como el día de San Solterín, que apesta a premio de consolación y de autoconvencerse de que, en realidad, no están solos y que qué bien llevan lo de estar soltero. Si de verdad estás bien siendo soltero no necesitas celebrar este día como una especie de rabieta que responde al 'Día del amor'.

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Al final, todo esto ha hecho que acabe odiando esta fecha de mierda. Una fecha dedicada al falso amor romántico —que acaba siendo un concepto de lo más tóxico— que nos dice que si no tenemos pareja no somos nadie. Una fecha que saca lo peor de las relaciones y que, por presión social, acabas sintiendo que el amor que tienes no es suficiente. Yo no estoy solo: tengo amigos, familia, una buena relación con mi ex y, sobre todo, a mí mismo. Pero, poco a poco, los adeptos del San Valentín están haciendo que me olvide de ello. Y eso sí que es imperdonable.