Cuando no quieres estar soltero y te quedas con la primera persona que pasa

Ni tuve un flechazo al verte, ni remueves nada especial en mi interior cuando te veo y ni siquiera tengo especiales ganas de pasar el tiempo contigo. Pero me vales. No quiero estar soltero, pasabas por aquí y me adoras, así que me basta contigo por ahora.

A veces las personas podemos ser muy crueles sin quererlo y, con tal de tener a alguien ahí, a tu lado, empezamos una relación conscientes de que tiene fecha de caducidad y no nos planteamos si estamos haciendo daño a esa persona que sí siente lo más grande por nosotros. ¿Conscientes? En el fondo sí, sabemos que al mirar a los ojos de esa persona no estamos viendo al compañero con el que pasaremos el resto de nuestros días. Aun así, seguimos adelante.

Unos días tratas de convencerte de que 'por qué no', de que tal vez sí que pueda ser alguien con quien compartir tu vida. Te quiere, no te genera demasiados sobresaltos, como tampoco te vuelve loco, no tienes ni siquiera problemas de celos, sabe escucharte y apoyarte y sobre todo, estás tan tranquilo. Al fin y al cabo piensas: "¿Para qué quiero un amor que me trastoque? Al final el enamoramiento siempre pasa y cuenta más la estabilidad". Otros días, no tienes ninguna duda en que estás por estar, que se cruzó esta persona en tu camino y te subiste a este tren para ver pasar algunas estaciones hasta que decidieras bajarte en una de ellas, pero aun con todo, continúas porque no es el momento de dejarle. Todavía no quieres estar solo.

Esa persona lo sabe. Se da cuenta de que no te mueres por sus huesos, que no despierta tus más profundas ilusiones, que no la miras con ojos de amor eterno, precisamente. Pero de todos modos, le compensa aguantar. ¿Quién sabe? No todos las relaciones tienen que comenzar con un vuelco del corazón, a lo mejor esto es algo más lento, que se va fraguando con el tiempo. Así que evita las peleas, procura estar a tu disposición siempre que se lo pidas, sabes que no tocaría a nadie que no fueras tú. Su esperanza es que mostrándote todo eso, llegues a considerarle "la definitiva", pero no sucede. Te llena de regalos y a ti se te olvida comprarle uno por su cumpleaños, te acompaña a donde le pidas, se adapta a tu vida y tus constumbres y no te pide explicaciones.

Llega el día en el que tomas la decisión: esto no tiene ningún sentido, podría seguir así toda mi vida, pero sería absurdo. Te das cuenta de que eres muy joven para seguir con alguien solo porque te aporta estabilidad y comprensión. Echas de menos esa tensión del amor, esos abrazos en los que te fundes con alguien al que no quieres soltar nunca, el pequeño miedo de perder a esa persona... En realidad el centro de la cuestión es que tienes los mismos motivos para dejarle como para seguir: ninguno.

Llega el día, se lo dices, eres sincero contigo mismo y con tu, hasta ahora, pareja por primera vez en mucho tiempo. Se lo espera, pero no por eso es menos doloroso. Tú sabes que al día siguiente estarás bien sin embargo él o ella tardará un tiempo en salir del pozo en el que tú le has metido con tu egoísmo. Todo, por no saber estar solo.