Aprendí a controlar mi eyaculación cambiando mis ideas tóxicas sobre el sexo

Eliminar el coitocentrismo y el orgasmocentrismo de nuestra dieta sexual es fundamental para experimentar mejores polvos

Aquí va, sin lubricante, una revelación supuestamente antivaronil: durante mis primeros años practicando sexo carecía de control alguno sobre mi eyaculación. A veces, afortunadamente, lograba disfrutar bastante antes del temido frenesí, pero otras me sorprendía en tres o cuatro minutos sin que pudiese hacer nada para evitarlo. Aquello cambió. Y probablemente fuese consecuencia de innumerables variables (más experiencia, más autoestima, más relajación...), aunque una parece haber tenido bastante más culpa que el resto: haber ido sustituyendo las nociones tradicionales de sexo por otras menos insanas.

El mismo polvo de siempre

Así lo corrobora vía telefónica la sexóloga, Ana Lombardía. La paupérrima educación sexual que recibimos desde jóvenes, procedente del cine o de la mitología popular, nunca de la enseñanza pública, nos atiborra la cabeza de conceptos envenenados como "el coitocentrismo, que genera una enorme presión por que las relaciones sexuales giren alrededor de la penetración", apunta la especialista. Bajo este enfoque obsoleto, todo cuanto no implique meter y sacar el pene de la vagina pasa automáticamente a convertirse en mero trámite, en experiencia sexual incompleta, en migajas de placer.

Pero además, y como apunta Ana, en este guión sexual predeterminado los roles están repartidos: "Está establecido que los hombres tienen que complacer a las mujeres durante las relaciones sexuales". Los machos, los traedores de multiorgasmos, las bestias sexuales. Y no olvidemos que tenemos que hacerlo con nuestros penes, pues así lo dicta este guión masculinizado. "Esto supone una presión tremenda para los hombres. Termináis experimentando inquietud, muchos nervios y miedo al fracaso, lo cual desemboca muchas veces en que se os dispare el orgasmo mucho antes de lo que os gustaría", dice la sexóloga.

Eliminar la penetración del epicentro del polvo es fundamental, pero algunas corrientes filosóficosexuales como el tantra van incluso un pasito más allá. "Si todo depende de cuanto ocurre con nuestros genitales, los nervios por no eyacular para poder seguir practicando sexo provocan que el sistema nervioso, encargado de regularlo, no funcione correctamente. Por eso debemos educarnos en que la totalidad de nuestro cuerpo y la totalidad del cuerpo de nuestra pareja sexual pueden intervenir durante el sexo", cuenta Ana. Vamos, que deberíamos dejar de endiosar nuestros genitales y ampliar nuestras herramientas sexuales.

Pajéate como nunca

Hace unos meses estaba pasando un bache anímico y, por mera experimentación, comencé a realizar una práctica sexual con el objetivo de recuperar algún tipo de motivación vital: excitarme de manera obligada constantemente y masturbarme hasta merodear el orgasmo sin permitirme nunca alcanzarlo. Quería estar cachondo 24/7. Y si bien la propia Ana me explicó entonces que aquello no tenía sentido para el propósito que andaba buscando, algo bueno salió de todo aquello: desde entonces experimento muchísima menos frustración física y mental cuando no consigo correrme durante un polvo.

La clave radicaba no en la privación de la eyaculación —que Ana considera innecesaria— sino en el cambio de propósito de mis masturbaciones."Aprendiste a disfrutar de tus masturbaciones, y del sexo por extensión, sin necesidad de alcanzar el orgasmo. Ahora lo practicas porque sientes placer durante el proceso, no por desfogarte, aliviarte, dormirte o cualquier otra instrumentación. Y eso es lo ideal. Cambiar el sentido con el que abordamos nuestra sexualidad es esencial", me explica Ana. Porque, aunque nos sorprensa, el sexo no tiene como objetivo final que los hombres nos corramos. Desechar esa idea es imprescindible.

Y hacerlo empieza con la masturbación. Así lo cuenta esta terapeuta sexual: "En consulta lo primero que entrenamos para combatir la eyaculación precoz es la masturbación. El objetivo es ganar control sobre tu cuerpo, sobre tu excitación, sobre tu respiración, y aprender a anticipar las señales preorgásmicas. Cuando aprendes que puedes masturbarte sin necesidad de llegar al orgasmo, que puedes pasártelo genial igualmente, empiezas a quitarle hierro al asunto del orgasmo. Y el día que, después de un polvo, no lo alcanzas, sabes que no pasa nada". Cuanto menos pienses en la corrida, más controlada estará.

Control eyaculatorio nivel DIOS

No obstante, cuando ganas mucho control sobre tu eyaculación sueles encontrar otro problema heredado de nuestra triste educación sexual: tus parejas sexuales pueden interpretar que tu no corrida responde a una falta de deseo sexual. "Las mujeres tenemos metida en la cabeza la idea de que los hombres funcionan como máquinas que siempre quieren follar y siempre se corren. Y cuando no ocurre nos culpamos a nosotras mismas. Por eso las mujeres debemos aprender que no sois máquinas y los hombres debéis empezar a comunicaros más", señala Ana. Algo que tampoco ha promovido mucho la musculinidad clásica.

De todas formas, y aunque consigas manejar los tiempos muchísimo más, la sexóloga nos recuerda que el control eyaculatorio ‘modo dios’ no existe: "No hay un botón para correrse o evitar correrse, aunque sí puede llegar a controlarse mucho conociéndose a sí mismo y cambiando todas esas ideas sexuales prefijadas". Más allá de ellas hay un sabroso mundo por descubrir. Como dice Ana, "incluso podéis tener multiorgasmos sin necesidad de eyacular". La sexualidad masculina es bastante compleja, aunque la educación sexual tradicional nos haya limitado a unos cuantos centímetros de músculo y carne.