Participé en un taller de sexo tántrico para descubrir de qué se trata

A mí, como a la mayoría de vosotros, eso del sexo tántrico me olía a cuento chino: incienso por aquí, velitas por allá, música narcótica, combates de miradas que no terminan nunca. Todo un despliegue de parafernalias materiales y conceptuales, pensaba yo, para intentar sustituir esa pasión desbordante perdida que convierte un polvo en un delicioso maremágnum. Una filosofía sexual dirigida a gente en su madurez que ha perdido la chispa y que, en ningún caso, podía interesarnos a personas como tú o como yo, milenials que nos levantamos día sí y día también con el apetito sexual de un conejo bañado en perfume afrodisíaco. Aún así, decidí acercarme al sexo tántrico, solo por si la imagen popular que nos ha llegado resultaba ser una patraña.

Así que ahí estaba yo, decidido a convencer a algún match de Tinder para tomar unas cervezas y practicar un poco de tantrismo sexual, cuando la sexóloga Itziar Gómez me paró los pies: "Juanan, es un poco peligroso meterse a practicar tantra sin entender de qué trata realmente, mirando cuatro artículos por internet y pillando cuatro conceptos básicos. Porque si lo haces desde la concepción occidental del sexo, las posibilidades de que salga mal son muy altas". Con cierta pena en el corazón, por eso de las malas prisas, decido esperar hasta haber completado el ‘Taller de Sexo y Tantra’ organizado por la Sex Academy Madrid en los bajos del sex shop para mujeres Los Placeres de Lola, en el siempre libertino barrio de Lavapiés.

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Acudo allí recién duchado, inquieto y entusiasmado al mismo tiempo por la posibilidad de terminar en una orgía mística. Las primeras palabras de Luis Duro, sexólogo experto en tantra y conductor del taller, refuerzan mi idea de una potencial bacanal: "Lo que ocurre aquí queda aquí. No hay que llegar tan lejos, pero sentíos libres de fluir y que ocurra lo que ocurra". Seguidamente una chica, que ya había participado en otro taller similar, confiesa haberse corrido la vez anterior. Lo cual, me explicará la maestra de tao tantra Emmanuelle Temis días después, puede ocurrir, pero es preferible "alargar el sexo tántrico y mantener la energía sexual para que las hormonas circulen en mayor cantidad por nuestro organismo y nos sanen física y emocionalmente".

Pero volvamos al sótano de Los Placeres de Lola. Porque, tras una breve presentación comienzan los juegos, en apariencia inocentes, pero mucho más eróticos de lo que podrían parecer debido a la atmósfera: mirarnos a los ojos durante un minuto, abrazarnos con honestidad, dejarnos masajear por tres o cuatro personas mientras permanecemos con los ojos vendados, acariciar el cuerpo de los demás. La primera lección la aprendo pronto: un cuerpo humano es un cuerpo humano, y si te relajas, te centras en el ahora y vences cualquier prejuicio que cargues a la espalda, puedes sentir brotar la energía sexual mirándote y tocándote con desconocidos por los que no sientes atracción física en un primer momento, incluido, en mi caso, otros hombres.

La cuestión, nos recordaba Luis una y otra vez mientras nos palpamos los unos a los otros con sorprendente naturalidad, es "estar presente en cada ínfimo instante para experimentarlo todo al máximo y evitar que la mente se pierda en las inseguridades propias del ego". Ya sabes: que si me veo delgado, que si mis manos sudan, que si no soy bueno masajeando. Que seamos, dice el sexólogo con una sonrisa de oreja a oreja, "la mismísima caricia y no quien acaricia o es acariciado". Que seamos el roce. Que seamos el beso. Que seamos el sexo. Y aprendo entonces la segunda lección de la tarde: el sexo tántrico podría definirse como mindfulness aplicado al sexo. Atención plena. Egos fuera. Problemas fuera. Prisas fuera. Nada de polvos supersónicos.

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Esta ausencia de prisas es responsable, junto con la desgenitalización, de que el sexo tántrico solucione tantos problemas sexuales, tal y como me contará Temis durante nuestra entrevista telefónica. "En el sexo tántrico todo el cuerpo proporciona placer. Y poder trabajar sexualmente todo el cuerpo, no teniendo que focalizar necesariamente los genitales, libera presión sobre la erección, la duración del encuentro sexual o el orgasmo. Más aún cuando descubres que puedes llegar a él sin tener que tocar los genitales. Además, el control de la respiración propio del sexo tántrico es el secreto más profundo, porque cuando un hombre está a punto de eyacular respira más deprisa y acelera todo el organismo: presión arterial, ritmo cardíaco", explica la maestra de tantra.

El tiempo se agota en el pequeño pero cálido sótano de los Placeres de Lola. La tensión sexual flota por toda la habitación, y también la sensación de que podríamos llegar más lejos si la cosa fuese más privada. La experiencia tántrica es como una escalera larguísima, solo que en lugar de cansarte, cada escalón acumulas más y más energía por todo tu organismo. Luis, que también presenta el programa de televisión Sexualiza2 en Miami TV, nos invita a sentarnos por parejas frente a frente, tomarnos de las manos, mirarnos a los ojos y respirar coordinados: cuando uno expira, el otro inspira, y viceversa. El sexólogo también recalca la importancia de la respiración "para conectar nuestras energías y armonizar".

A mí me toca realizarlo con una chica que inspira y expira con notable sensualidad. No la conozco, no sé si me habría fijado en ella en otro contexto, pero debo confesar que estoy cachondo y siento incluso ternura y afecto por ella. Tamis me dará la razón días después con una confesión muy sorprendente: "Tengo un amigo budista que de vez en cuando visita a una prostituta porque tiene sus necesidades. Y la trata como a una diosa: la masajea, la acaricia, la abraza. Del mismo modo, si acabas de conocer a alguien pero tienes química puede ocurrir lo mismo. Te vacías del ego y conectas con esa persona". Tercera lección aprendida: no necesitas practicar sexo tántrico con tu pareja de cinco años para experimentar ese vínculo tan humano y excitante.

Muy a mi pesar la tienda erótica tiene que cerrar y el tiempo se nos escapa de las manos cuando la cosa estaba más calentita. Y, aunque salgo de ahí con la sensación de estar preparado para tener una experiencia tántrica sublime con la primera persona que se cruce de camino a casa, Diego Jiménez, director de la Escuela Tántrica, me pondrá en mi sitio la mañana siguiente al hablarme de una de las claves del tantrismo sexual: la comunicación. "Hay que escucharse. Hay que expresar lo que sentimos, sea verbalmente o con gemidos o con el cuerpo. Porque, además de guiar a la otra persona, sirve de afrodisíaco ya que expresar placer retroalimenta el placer". Y la comunicación sexual, sobra decirlo, suele ser mejor en pareja que con el ligue del fin de semana.

Una vez en casa decido explorar el sexo tántrico conmigo mismo. Me relajo, me acomodo y comienzo a masturbarme de una manera diferente, tratando de no llegar a ningún sitio, escuchando mi cuerpo. Y, aunque al principio resulta más anodino, poco a poco va tornándose más placentero de lo habitual. La divina paja dura y dura, y fruto de esta tranquilidad, de este estar presente, el orgasmo se expande como pocas veces. No consigo el objetivo de no eyacular, pero atisbo brevemente esa imagen a la que ha quedado reducido el sexo tántrico en el imaginario colectivo: hombres follando durante horas. El modus operandi de la sexualidad tántrica te entrena para aguantar más tiempo, pero no debería inflarnos tanto el ego masculino porque como explica Itziar Gómez, "es una cuestión de calidad".

"Un chico puede estar ahí penetrando a su pareja una hora y pensar que ella está supercontenta, cuando lo que ella puede estar experimentando es dolor y ganas de que termine de una vez. Lo que ocurre es que muchas veces nos comunicamos hacia fuera, quejándonos con nuestros amigos o amigas, en lugar de hablarlo con nuestra pareja, que es donde se genera el cambio", cuenta esta sexóloga clásica. Volvemos pues, de nuevo, a la comunicación en el sexo tántrico, cuya importancia debería extrapolarse a cualquier tipo de sexualidad. Después de todo, follar como locos inconscientes y coincidir en lo que nos gusta con otra persona sin hablarnos es tan improbable como viajar a otros universos con orgasmos tántricos, otro de los famosos mitos.

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Diego Jiménez, que trata de llevar el tantra sexual a un nivel más experimental y más pragmático, liberándolo de todo el misticismo y toda esa pseudomagia que tanto atrae y repele a quienes se acercan a él, toma un elemento tan rodeado de divinidad como los chakras y los convierte en algo científicamente sensato. "Las emociones se sienten en diferentes partes del cuerpo y eso es para mí un chakra. Según el misticismo tántrico, los chakras uno y dos están relacionados con la sexualidad mientras que el nueve, por ejemplo, está conectado con el universo para posibilitar un orgasmo cósmico. Si me preguntas a mí, todo eso es autohipnosis. Nadie ha visto nunca ni medido nunca un chakra", señala con escepticismo.

La conclusión que saco de toda esta aventura que ha durado días es que, si bien no es necesario practicar sexo tántrico para tener una sexualidad sana, quizá sí hay muchos elementos del sexo tántrico (atención plena, autoaceptación, ultracomunicación, control de la energía y la tensión sexual, ausencia de prisas...) que deberíamos incorporar a cualquier otro tipo de sexualidad. También nosotros, los jóvenes, a menudo estamos controlados por la euforia de las hormonas y el egocentrismo, que nos impide vivir el sexo de una forma más tranquila, espiritual y generosa. De todas formas, y como no se cansó de repetir una y otra vez el bueno de Luis durante el taller, el sexo tántrico no es algo que podamos entender intelectualmente. Hay que vivirlo, dice. Así que, con vuestro permiso, dejo ya de escribir y me voy a experimentar.