Por qué todas hemos perdido con la polémica entre Leticia Dolera y Aina Clotet

La actriz Aina Clotet ha denunciado que había sido despedida de la serie ‘Déjate llevar’, la apuesta feminista de Leticia Dolera para Movistar+, por estar embarazada

Twitter se ha despertado con las declaraciones de Aina Clotet denunciando que había sido despedida de la serie ‘Déjate llevar’, la apuesta feminista de Leticia Dolera para Movistar+, por estar embarazada. Empezaba así un debate encarnizado con varias posturas, todas en torno a por qué una serie feminista despedía a una mujer embarazada —una histórica reclamación feminista— o si era legítimo despedir a una embarazada porque no se asemeja al papel de una mujer que no lo está. La discusión ha tomado los tintes y retórica habituales de Twitter, la discusión del blanco y el negro, tomando bandos y sin asumir que hay muchos aspectos grises entremedio. En un ejercicio de reflexión, en Código Nuevo hemos recopilado varias líneas para matizar el debate más allá sobre quién es la víctima y quién es el agresor.

Para empezar, se ha hablado sobre la hipocresía de Dolera en base a las declaraciones de Clotet. Si es cierto lo que dice la actriz, Dolera actuó de la misma forma que ha criticado en numerosas veces. Aunque pueda tener razón en el aspecto técnico —el embarazo puede suponer un problema para el personaje y además hay un sobrecoste que ambas han mencionado y a Clotet se le dio la posibilidad de coger otro personaje—, quizás Dolera actuó fríamente, con desdén y sin comprensión.

Así, lo que podría haberse convertido en un ejemplo de cómo tratar un embarazo en un entorno laboral de forma sana, clara, feminista y justa, se ha convertido en un episodio más de discriminación por embarazos. Independientemente de que Dolera tenga razón o no sobre la imposibilidad de rodar con el embarazo, no ha sabido gestionar la situación.  Pero de este debate surge otro problema: los opinadores machistas. Ahora, creerán que la actitud de Dolera representa todo el colectivo e ideario feminista y estarán repitiendo como mantra este caso para deslegitimar el feminismo. Será un arma arrojadiza cuando se use la desinformación machista. 

La polémica también demuestra que, en una sociedad que lleva funcionando millares de años de forma machista, es difícil ser siempre consecuentes con nuestro propio discurso. Pero no por ello se debe destruir a quien no sea 100% fiel a sus principios. Dolera ha hecho mucho bien, popularizando discursos muy necesarios. Eso no la priva de que pueda entrar en contradicciones propias, como pasó con Asia Argento, que su imputación en la violación de un menor no deslegitima su lucha contra la agresión y a favor del #MeToo.

Al final, lo peor es que todos perdemos con esta polémica. Ahora, una serie sobre feminismos que enseña mujeres en roles muy diversos que pocas veces tenían un perfil protagonista queda deslegitimizada por la polémica. Habrá algo de inapropiado en alabarla, por muy acertado que sea el guión. Pasará como con la Casa de las Flores, que aunque el personaje de la mujer trans sea muy necesario e innovador, quedó manchado de la polémica de Paco León —hombre cis— interpretando a una mujer trans.

Ahora bien, ojalá todos los que se preocupan, opinan y defienden en este momento —debido a una polémica servida con titulares cizañeros— los derechos laborales de la mujer, mañana sigan en la lucha. Aprovechar esta controversia para juzgar y apalear a todo un movimiento significa, en cierta manera, no tener una visión muy amplia de qué es el feminismo, cuál es su lucha y qué objetivos forman su base. Es sencillo lapidar una ola de fuerza a través de un rostro concreto. Llegar y tocar todos los rincones de las conciencias dormidas es un trabajo de día a día y de millones de mujeres. Y es una pena, porque parece que solo bastan algunos tuits para echarlo por los suelos.