Leticia Dolera: "Hay que ir contra el sistema machista, no contra las personas"

Leticia Dolera es enorme, incansable y lo ha vuelto a hacer. La directora de Requisitos para ser una persona normal y actriz de Verónica El otro lado de la cama lleva tiempo abanderando sin tapujos la causa feminista, denunciando el acoso y la desigualdad tanto dentro como fuera de su industria. Este mes ha presentado su nuevo libro Morder la manzanaun alegato emancipador que ya está volando de las librerías. Y, aunque ir a contracorriente puede ser agotador, la cineasta acude con una energía magnética a nuestro encuentro en Sants, el barrio barcelonés que la vio nacer hace 36 años.

CN: Tu libro habla de Pandora, Lilith y Eva, ¿qué tienen ellas en común?

He recogido estas metáforas de la mitología griega y de la tradición judeocristiana porque cada una de ellas son en teoría ‘la primera mujer’. Pandora nació por venganza de un dios, a Lilith se la asoció con Satanás por querer salir del Edén, y Eva surge de la costilla de Adán. Este simbolismo carga encima nuestro la culpa de todos los males de la sociedad. Tanto Eva como Lilith pecaron de curiosas y mordieron la manzana del conocimiento, cada una a su manera. Así que, si acercarse al conocimiento es pecar, propongo que seamos buenas hijas suyas y pequemos. Démosle la vuelta a estas metáforas patriarcales y construyamos nuestro propio paraíso igualitario.

CN: El subtítulo “La revolución será feminista o no será” es una adaptación de una cita socialista del Che. Tengo que preguntártelo, ¿se puede ser feminista y de derechas?

Ahora mismo es tan urgente el feminismo, porque nos están asesinando y violando, que aunque entiendo que existen varias ramas de pensamiento creo que debemos estar unidas y priorizar los derechos de las mujeres. No hay que poner el foco en las divisiones teóricas e ideológicas.

CN: Parece que el Día de la Mujer es una buena ocasión para esta sororidad, ¿por qué es importante la huelga del 8-M?

Porque pretende visibilizar que si las mujeres paramos, el mundo se para. Por eso es transversal: laboral, estudiantil, de consumo y de cuidados. Por un lado, es una forma de decir que estamos hartas de discriminación laboral y de brecha salarial. Por el otro, sirve para sacar a la luz ese trabajo invisible, esa carga extra que es el cuidado del hogar, de los hijos y de otros familiares, tareas que culturalmente han sido feminizadas cuando un hombre puede hacerlas perfectamente. Ese trabajo, además, no cotiza en la Seguridad Social, así que afecta a las pensiones de las mujeres.

Yo pasaré el día en la calle, manifestándome con amigas y amigos, y bailando. Porque oye, no es por ser superficial, pero tanta lucha hay que combinarla también con alegría. Aunque quede mucho por hacer, podemos celebrar que el feminismo ya está en las agendas de varios partidos políticos, que se habla del tema en los medios, y que la revolución ha empezado. Ha llegado la cuarta ola del feminismo, y ahora se trata de bajar a la tierra toda esta fuerza, toda esta energía, y convertirla en medidas reales.

CN: ¿Y qué les dices a sus detractores que opinan que “ya hay igualdad”?

Les diría que aquí solo hay igualdad en teoría, en teoría somos iguales ante la ley, tenemos derecho a votar, y ya podemos tener una cuenta bancaria, y hasta viajar sin permiso del marido, (rie irónica) ¡esto es maravilloso! Pero todavía no existe igualdad de facto, seguimos siendo discriminadas en el trabajo, sigue habiendo trabajos feminizados precarios o directamente sin remunerar, que hasta donde yo sé es esclavitud. Seguimos sufriendo agresiones sexuales, en España se denuncia una violación cada 8 horas, y son solo el 20% las que llegan a denunciarse. Esto es una sociedad no igualitaria que hay que cambiar, y que se puede cambiar. Ahora ya somos conscientes de las cadenas que arrastramos, y a medida que nos las vamos quitando nos van quedando cicatrices, pero hay que seguir trabajando para que las que vienen detrás tengan menos cadenas, y las de atrás, quién sabe.

CN: A nivel artístico, ¿crees que se puede retratar la realidad sin por ello legitimarla, o tendremos que empezar a hacer todas las películas con el test de Bechdel en la mano?

Una cosa es el cine documental y otra el cine de ficción. La ficción tiene una función de espejo que actúa en dos direcciones: refleja la realidad, pero también la proyecta. En una película contamos quienes somos, pero también quienes podemos llegar a ser. Cuando decides quién será el protagonista, estás haciendo política, eligiendo quién merece que su historia sea contada, quién merece la épica cinematográfica. La cultura sexista se ha encargado de contarnos historias de dominación de género en las que la mujer es un objeto de deseo o víctima a ser rescatada. 

Hemos naturalizado tanto esto que hemos querido parecernos a estos personajes, pero es hora de construir otros relatos que demuestren todo lo que realmente somos y podemos llegar a ser. Y, para empezar a construir historias más diversas y enriquecer nuestras miradas, también tiene que haber más diversidad detrás de las cámaras, personas de etnias, orígenes, orientaciones y géneros distintos. Las historias son puentes de empatía, hacen que te metes en la piel de otra persona, y eso puede marcarte muchísimo más que una explicación intelectual.

CN: En la era de la deconstrucción de los roles, ¿qué significa para ti ser mujer?

Es una pregunta complicada. Simone de Beauvoir decía que no se nace mujer, se llega a serlo. Somos lo que hacemos. En una sociedad patriarcal ser mujer es cargar con muchas discriminaciones, con el mito de la belleza, con el miedo a volver sola a casa por la noche, con micromachismos y acoso. Pero a mí me gustaría que ser mujer fuese ser libre. Ser lo que tú quieras ser, construirte a ti misma en base a una mirada libre de estereotipos, libre de construcciones culturales previas. Que significase vivir con libertad tu sexualidad, tus amistades y tu forma de ver el mundo, no establecer relaciones de dominación con nadie, serte fiel a ti misma, reinventarte y descubrirte cada día. 

CN: Si todas hemos crecido en el machismo, ¿cómo diferencias tú una decisión tomada por presión social de algo que te sale de dentro?

En mi caso ha sido a base de leer sobre teoría feminista que he empezado a reinterpretar la realidad con unas nuevas gafas. Nadie (o casi nadie) es machista por decisión propia, lo somos porque hemos sido socializadas y socializados en esta cultura. Por eso, hay que ir en contra del sistema, y no de las personas. Cuando ves que en las reuniones te cortan más veces de lo normal, primero te planteas si es culpa tuya, pero luego otras compañeras te cuentan que les pasa lo mismo, y te das cuenta de que igual no es casualidad, igual es sistémico. Y si es sistémico, es político.