Ahora ya no me pega

Siempre había pensado que si alguna amiga mía sufriese violencia de género sabría perfectamente cómo reaccionar. Han sido más de una y más de dos y nunca he sabido qué decir o hacer

Lorena comienza una relación con Antonio. Todo guay. Nos lo presenta. Antonio hace un par de comentarios que me molestan, no le doy importancia. Cuando se marcha del grupo comento que Antonio tiene algo que no me mola. Hacen 5 meses juntos. Lorena me llama llorando. Antonio la ha dejado por WhatsApp, no le gusta que ella salga tanto de fiesta. Le ha dicho que sus amigas (aka yo) somos un poco, cómo decirlo, promiscuas. Dos días después han vuelto. Antonio le pide perdón, no puede vivir sin Lorena. No sabe por qué reaccionó así, él no es celoso. Lorena le va a dar otra oportunidad. Cree que puede cambiar. Yo le digo que bueno, que si las cosas empiezan así, es que tal vez es mejor no seguir. Ella me dice que está enamorada. Yo me callo. Pasa un mes. Y otro. Y otro. Y otro. Antonio le ha mirado el móvil a Lorena. Lorena también se lo ha mirado a él. Antonio sale de fiesta con nosotras, a las tres de la mañana se pira del sitio. Lorena se queda llorando. Me cuenta que él se ha enfadado porque ella estaba bailando con un amigo nuestro. Le ha dicho que es una puta. Quiero reventarle la cabeza a Antonio. Al día siguiente tomamos un café: Lorena, Antonio no te quiere, digo. Me dice que sí. Le digo que ese tipo de conductas no son amor. Me dice que yo qué sabré. Me callo. Me enfado. Lorena ya no queda con todos, ni sale de fiesta. Dice que ya no le gusta. Yo le digo que está diferente, que no la veo feliz. Hacen un año. Discuten semana sí, semana no. Lorena dice que es su culpa. Le digo que no. Que es la de Antonio. Se enfada conmigo. Pasan las Navidades. Quedamos y me cuenta que no está bien. En Nochevieja Antonio se emborrachó, le gritó y le levantó la mano. Cómo que te levantó la mano, ¿hizo algo más? Sí, bueno, me agarró fuerte del brazo y me tiró al suelo. Rompo a llorar. Recuerdo mentalmente aquel día en que una amiga en común me dijo: Lorena seguirá con Antonio hasta que le pegue. Exagerada, dije. No puedo parar de llorar. Lo tienes que dejar digo. Niega con la cabeza. Luego me pidió perdón, me dice. No va a volver a pasar, me asegura. Estoy enamorada. Puede cambiar. Me marco el speech de mi vida: No es amor. No te quiere. No va a cambiar. Es un maltratador. No puedes seguir con él. Date cuenta. Lorena llora, me dice que le quiere, que si vuelve a pasar le deja. Que confíe en ella. Yo me enfado y me callo. Deja de contarme las cosas. Hacen cuatro años juntos. Ahora ya no me pega. Están mejor que nunca. Antonio “ha cambiado”. Apenas vemos ya a Lorena.

Hoy pienso en cómo reaccioné. En cómo en ningún momento le ofrecí a mi amiga ayuda. Pero, ¿qué es realmente lo que debía hacer? ¿Qué podemos hacer? Dudo mucho que existan las claves del éxito, pero podemos facilitar las cosas. Evitar juzgar a tu amiga sería lo primero. Si se siente atacada, solo va a distanciarse más de ti. Es normal que se te pasen frases por la cabeza del tipo “¡pero cómo no te puedes dar cuenta!" o "¿en serio prefieres esto a estar sola?” Ahórratelas. No es el momento de ellas. Tampoco es momento de verbalizar todo tu odio hacia su novio, generará más rechazo.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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No vas a tener ni idea de qué es lo que debes hacer. Tendrás que respetar sus decisiones y silencios. No dejes de llamarla. Un maltratador intenta distanciar lo máximo posible a su pareja de todos sus círculos. No le dejes. Mantente ahí, en la medida que tu salud mental lo permita, y acompáñala. Llora con ella, abrázala mucho. Pueden pasar meses, años, pero es primordial que te siga viendo como punto de apoyo. Recuerda que no eres experta, pero puedes ofrecerte a acompañarla a una asociación o ir con ella a denunciar. Lo que ella necesite en cada momento. Puede que cuando te lo cuente no sea consciente de qué le está sucediendo. Tal vez ayude ver charlas sobre el tema, como las de Pamela Palenciano. Si ella no quiere pedir ayuda, puedes hacerlo tú. Me encantaría deciros que así se dará cuenta y saldrá de esa relación, pero no lo sé. Es mucho más complejo. Solo podemos mantenernos a su lado.

Querida Lorena: lo siento. Tenía tantas ganas de matar a Antonio que proyecté ahí toda mi energía. Me olvidé de ti. Me olvidé de lo que tú necesitabas. Me alegro de que estéis mejor. Siempre respetaré tu decisión de seguir con él. Espero que seáis felices. Espero que vivas, mi amor. Que lo vivas todo y yo pueda verlo. Porque mi miedo, mi enfado y esta distancia nacieron de pensar que hay Lorenas que no lo viven, que no lo cuentan.