Si tu pareja se comporta de alguna de estas maneras estás en medio de una relación tóxica

Saber detectar las dinámicas peligrosas a tiempo es una de las claves para evitar ser víctima del maltrato psicológico

Te acuerdas de la primera vez, el día que os conocisteis. Fue todo casualidad pero el amor surgió. Por fin alguien con quien podías conectar, alguien que entendía y apoyaba tus manías, tus deseos y tus objetivos. Esa compañía ideal con la que caminar y seguir creciendo. Al menos eso era lo que creías, parecía que no habría nada que detuviera ese amor frondoso, fuerte y, en vuestras mentes y corazones, infinito. Hasta que comenzaron a aparecer las primeras situaciones raras, instantes incómodos en los que tu manera de pensar no concordaba del todo con la suya.

Así, de la noche a la mañana, empezaron las discusiones pero no te preocupaba, al fin y al cabo, todas las parejas se pelean, ¿no? "Es normal", pensabas. Sí, es verdad que todas las parejas se pelean pero la realidad es que existen ciertos comportamientos que no podemos aceptar ni consentir y que demuestran que la relación ha adquirido dinámicas tóxicas. Hay límites que no deben cruzarse y que tomamos como una conducta normal. Para saber si este es el caso de tu relación, aquí te explicamos ocho indicios que te ayudarán a detectarlo.

1. Comienzas a aislarte de tu entorno

El problema empieza con dejar de lado a tu familia y a tus amigos sin ni siquiera saber por qué. Si es tu pareja la que recalca que no le gusta que quedes con otras personas o que “mejor si pasáis más tiempo juntos” o que “no quiere separarse de ti” o que si te vas un rato “ya te echa de menos”, es posible que dichos comportamientos sean tóxicos y que, aunque ahora parezcan inofensivos, terminen derivando en un comportamiento más obsesivo

 “En muchas ocasiones, las personas que están inmersas en relaciones amorosas tóxicas no son capaces de darse cuenta de que están viviendo situaciones de abusoEl amor que sentimos hacia esa persona puede obnubilar nuestro juicio”, explicaba el psicólogo social, Xavier Molina, en un artículo de Psicología y Mente. Por tanto, es necesario prestar atención a estos puntos para que la situación no se torne dañina. Y hay algo muy importante: la posesividad no es amor.

Una actitud controladora

Quiere saber todo lo que haces, con quién, a qué hora, dónde y los motivos. Puede que ahora parezca lejano o que su comportamiento no es ‘tan’ exagerado y solo te pregunta qué vas a hacer y con quién, lo demás no. Poco a poco, puede ir ampliando su control porque —por si no lo sabes— ese tipo de preguntas, apoyadas en una plena desconfianza, son para controlar lo que haces. Se trata de una persona con tantísima inseguridad que su primer impulso es tener claro que no ‘sufrirá’ un abandono repentino y por eso te controla de esa manera tan tóxica. Esa desconfianza a veces está apoyada en la propia desconfianza que esa persona tenga sobre sí misma. Hay que tener claro que los celos reiterativos tampoco son amor.

Faltas de respeto enmascaradas

Esto pasa con mucha frecuencia, es uno de los comportamientos más habituales sobre todo porque no parece ningún tipo de actitud tóxica. Ese refrán tan sonado que dice ‘entre broma y broma, la verdad se asoma’ puede llegar a ser cierto en esta ocasión. Las faltas de respeto enmascaradas pueden ser frases como: “ay, qué tont@ eres”, “eso que llevas no te favorece nada” y, en definitiva, echar por los suelos tu forma de ser con lo que parecen ‘bromas’.

En este punto hay un aspecto bastante complicado y es que, por terrible que parezca, la persona que ejerce esa ‘violencia’ sobre ti puede no saber que lo está haciendo. Esto puede ser porque siempre ha recibido ese trato, porque su comunicación es escasa y porque sus habilidades sociales son básicas o no existen. Y no es tu responsabilidad enseñarle. Si te trata de esa manera (sea hombre o mujer) lo mejor es que te alejes.

No puedes ser tu mism@

La felicidad y el hecho de crecer como persona son responsabilidades propias y lo van a ser por el resto de nuestra vida. Ese no es el papel de tu pareja. Ser la persona que quieras ser es tu propio objetivo. Ahora bien, es cierto que quien te acompaña tendría que tener un comportamiento que fomentara tu camino, que aconsejara en tus decisiones y que esté a tu lado simplemente en ese recorrido. Así como no tiene que ser quien se encargue de tus responsabilidades tampoco puede ser la persona que las frene o ponga obstáculos en tu vida. No permitas que eso ocurra porque, cuando no haya nadie más, solo te tendrás a ti mismo.

Utiliza la culpa como chantaje

Esta actitud se basa en constantes reproches sobre situaciones pasadas que ya se suponía que habían desaparecido. En cualquier tipo de pelea aparecerá otra vez ese reproche y volverá a echarte en cara esa situación. Además, el uso de la culpa no solo está en este aspecto sino que su malestar también habrá sido responsabilidad tuya. Es un comportamiento habitual —casi el principal— de las relaciones tóxicas. Y, además, uno de los más fáciles de identificar.

Dependencia emocional

La frase “no puedo vivir sin ti” no es real. Sí puede vivir sin ti. De hecho, ya lo hacía antes de conocerte. La psicóloga, Carmen Sánchez, detallaba en una entrada en el blog de Haztúa que “la dependencia emocional nace de un patrón de necesidades afectivas frustradas". "La persona que sufre esta dependencia necesita un afecto constante que llega a ser patológico y destructivo. Quienes lo padecen buscan desesperadamente satisfacer estas necesidades mediante relaciones interpersonales estrechas”, añadía Sánchez. Las personas que te hacen sentir que dependen de ti para conseguir su propia felicidad están equivocadas. Es una forma errónea de ver el amor, que suele tener su base en la idea de amor romántico que nos han vendido en las comedias.

Actitud sexual dominante

En el sexo, muchas veces, se reflejan tendencias tóxicas porque es un entorno en el que, según el nivel de confianza, pueden adoptarse actitudes que se justifican —justamente— por el propio contexto. La actitud dominante en el sexo no es siempre mala. De hecho, no es mala de por sí. La toma de roles que van variando es divertida y aumentará vuestra dinámica sexual. Ahora bien, si dicha actitud dominante se pasa de violenta (los límites son obvios: si no te gusta significa que ya se han sobrepasado) o sucede a la vez que el resto de puntos anteriores, no va bien. Tienes que frenar esa situación y no volver a vivirla, es una situación de violencia sexual.

Justificas su comportamiento

Tu familia o tus amigos se preocupan por cómo es tu relación. Te preguntan qué tal va, cómo es y están deseando conocer a esa persona. Quizás suceda la situación ideal para conocerse y entonces descubren que no te está tratando como mereces. Cuando te lo dicen o lo dejan caer, te encuentras justificando su comportamiento: “tenía un día malo”, “no siempre es así”, “es que estaba cansad@”... Y un sinfín más de excusas. Llegará un punto donde esas justificaciones no vas a creerlas ni tú. No tienes que justificar la actitud de nadie y mucho menos de alguien que no eres tú.

Cualquiera de estas actitudes no debería tener cabida en una relación de pareja sana. Es muy importante no autoengañarse, no hay que hacer oídos sordos y hay que tener los ojos abiertos para poder detectar estos comportamientos lo antes posible. Otro de los aspectos necesarios es detectar si eres tú el que en algún momento ha tenido este tipo de actitudes, la autocrítica y la evolución como persona pasa por saber cuáles han sido nuestros errores para no volver a caer en ellos, mucho menos si perjudican a una segunda persona que es, supuestamente, a quien destinamos nuestro amor.