Los problemas emocionales de mi mejor amigo están acabando con nuestra relación

Todos tenemos problemas y necesitamos compartirlos. Pero tenemos que poner límites si no queremos que la salud mental de ambos se vaya al traste

En el pasado tuve ataques de ansiedad, y por eso me convertí en el referente de este tema en mi grupito. Cada vez que un amigo pasa por algo similar, me lo cuenta, me hace partícipe de ello y me pide que esté a su lado, guiándolo. Un amigo está pasando por eso ahora mismo. Tenemos una amistad desde hace años, y siento que tengo la obligación de estar a su lado. Pero también me está exprimiendo.

Era uno de los amigos más animados que tenía, con quien iba de fiesta, quedábamos y nos reíamos y sabía que si quería emborracharme, si no estábamos impedidos por los horarios laborales, lo tendría ahí aguantando hasta la última copa. Ahora no es así. Desde hace un par de meses, cada vez que quedamos es para hablar de su ansiedad, sus problemas y lo mal que lo está pasando. Y esto succiona energía.

Todo empezó con unas notas de voz contándome algunos problemas. Luego fue a más: cada tres días, notas de tres minutos dando vueltas a los mismos temas. Un monólogo deprimente en el que analizaba cada uno de los posts de su pareja intentando leer mensajes ocultos que le den motivos para rayarse. Al final, un mensaje diario diciéndome: “me he vuelto a rayar por una tontería...”. A veces, estos mensajes llegan justo a la hora de irme a dormir. Y claro, me siento con la obligación de darle apoyo, de que sepa que estoy ahí, escucharlo, leerlo, aconsejarlo, porque yo también me he visto en esa situación de ansiedad en la que cualquier problema es un mundo y una mínima tontería te hunde en la miseria. Y claro, estoy dándole mis horas de sueño mientras él riza el rizo de problemas absurdos y banales, como que ha llegado a la conclusión de que su pareja se está cansando de sus problemas porque no le ha puesto un emoticono cuando le dijo buenas noches. Al día siguiente estoy hecho caldo, afectando a mi rendimiento laboral porque me he quedado hablándole hasta que ha dicho “estoy bien, ya me puedo dormir”.

Muchas veces sentimos que tenemos la obligación de estar ahí para todos. Que, como amigos, es nuestra responsabilidad estar siempre escuchándolos, intentando que se sientan bien, dando buenos consejos y apoyo. Pero no somos psicólogos, nuestra responsabilidad tiene límites. Como explica la escritora Emma Scoble en el portal Medium, “todos hemos sentido que somos responsable del bienestar de otro. Todos hemos querido ser el buen amigo. Pero no puedes vivir ayudando a los demás”.

Tiene razón. Todos tenemos problemas que afectan a nuestra salud mental. Los llevamos más o menos como podemos. Los compartimos con los demás: siempre necesitamos a alguien con quien hablar. Pero una vez los has escuchado, recomendado, aconsejado, y siguen igual, necesitan un psicólogo. Tú ya no puedes hacer nada más, porque lo único que te queda después es la extenuación, lo que se conoce como fatiga de la compasión”, cuando acabas cargando con toda la negatividad de quienes te rodean y tu salud mental queda mermada por culpa de los problemas de los otros.

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Ahora, al fin, le he dicho que basta. He puesto barreras. Hemos quedado en que tocaremos el tema, sí, pero solo si se compromete a ir a un psicólogo y si hacemos planes divertidos y animados que no tengan solo que ver con sus problemas. Por supuesto lo acompañaré en todo lo que necesite, pero no dejaré que una amistad de años se rompa por el monotema sobre la ansiedad. Su negatividad me estaba afectando y yo estaba cansándome de él, convertirme en su vertedero emocional no estaba funcionando para ninguno de los dos.

Desde que va al psicólogo le noto más animado. Hemos hablado de vacaciones, música, viajes e, incluso, cotilleos divertidos, lo que más echaba de menos. Scoble ya lo advertía: “debes tener la charla”. Coincido. Tener la charla, hacerle un tirón de orejas, decirle que estarás ahí pero con límites es indispensable.