Ser el cubo de la basura emocional de tus amigos puede acabar hundiéndote a ti

Comerte con la negatividad y problemas de los demás puede derivar en muchos problemas psicológicos y físicos que toca evitar cuanto antes mejor

Los amigos están para muchas cosas, pero sobre todo para escucharte y apoyarte. Piénsalo, todos tenemos ese mejor amigx que es nuestra llamada de emergencia. Ese paño de lágrimas a quien contamos todos nuestros bajones, que está a un “te necesito” de distancia, que queremos tanto a nuestro lado en el hospital si algún día sucede algo grave como cuando necesitamos alguien a quien confiar hasta nuestras contraseñas para que nos saque de un apuro.

No siempre es fácil ser el paño de lágrimas de alguien. Hay personas con muchos problemas, psicológicos o físicos, que requieren mucha atención y cuidado. Volcarlos todos en otra persona para que ayude y te acompañe a superarlos, implicándola tanto haciendo que tus problemas no sean solo tuyos sino también suyos puede generar algo que se conoce como “fatiga de la compasión”. Es lo que sucede a aquellas personas que ofrecen un cuidado intenso, íntimo y emocional hasta que los problemas de los demás los hacen suyos y acaban quemándose: acaban cargando con toda la negatividad de quienes los rodean, además de con sus propios problemas.

Es un síndrome que afecta principalmente a terapeutas, psicólogos, enfermeros y otros profesionales de la salud, pero que también pueden sufrir esos amigos hardcore que cargan tus problemas en sus espaldas, advierte a The Washington Post Patricia Smith, fundadora de Compassion Fatigue Awareness Project (proyecto para alertar de la fatiga de la compasión, en inglés).

Esta iniciativa nace porque pocas personas conocen el síndrome —también llamado trauma del estrés secundario— y sus efectos, entre los que se incluyen asolación, abuso de sustancias, represión emocional, pesadillas, flashbacks y fallos físicos. Es un problema que a la larga puede tener consecuencias muy graves difíciles de identificar, porque los que lo sufren lo hacen en silencio, creyendo que su malestar no es tan importante como todos esos problemas que le son echados encima.

Para evitar estos síntomas en ti y en tus amigos puedes actuar de distintas maneras. La primera es no abocar toda la mierda en los demás. Está bien tener un paño de lágrimas y hablar de tus sentimientos. Pero, sobre todo, que los momentos de drama y tragedia no superen los buenos. Una relación requiere momentos felices. Búscalos antes de estar siempre llorando.  

We Heart It

La segunda es que, si realmente es inevitable aguantar todos los problemas de alguien —por ejemplo, si un familiar tiene cáncer u otra enfermedad y necesita apoyarse al máximo en ti— y notas que estás empezando a quemarte, hay formas de prevenir la fatiga. “Para cuidar a los demás, toca cuidarte a ti. Me di cuenta de que no sería de ayuda si no me cuidaba”, explica Vicki, una víctima de la fatiga de la compasión, al Washington Post.

Vicki recomienda crear un plan de self-care, algo así como una rutina de gimnasio, pero enfocada a hacer actividades que reduzcan el estrés, como caminar, ir en bici, pasar tiempo con tu mascota —que te llena de amor incondicional—, leer, ir al cine… sobre todo, salir de casa, ese sitio donde te llevas toda la mierda diaria, y desconectar pasando tiempo de paz contigo mismx.

En resumen, no hagas que tus problemas sean los de los demás. Pero si estás en el otro lado y es inevitable que alguien se apoye 100% en ti, tienes que aprender a cuidarte o te sentirás frustrado, mientras que el otro estará desesperanzado y nunca se resolverán los problemas. Y si crees que te sobrepasa la situación, busca ayuda profesional. No es tu responsabilidad tragar toda la negatividad de la vida de los demás.