6 libros que describen el horror y la crudeza de una violación en primera persona

Las obras que hablan sobre agresiones sexuales, en ocasiones, buscan curar una herida a través de arrojar luz sobre el trauma vivido

“Miré hacia abajo, al escenario de un pequeño teatro en el que estaba arrodillada frente a un hombre que blandía un cuchillo grande y oxidado a la altura de mi cuello, y me obligaba a chupársela”. Así es como la periodista Joanna Connors relata el principio de la situación que vivió cuando, a sus 30 años, fue violada por un desconocido. A partir de esa agresión comenzó a tener miedo por todo. Sin embargo, la autora decidió contar su historia y enfrentarse al mayor de sus miedos. Arrojar luz sobre la cultura de la violación y la violencia, la superación del trauma o un legado para todas las mujeres que aún están en riesgo: quienes escriben tienen algunos de estos objetivos cuando abren las puertas a un dolor tan sumamente personal como el que causa una agresión sexual.

1. Jana Leo – Violación Nueva York

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Este libro describe la experiencia de secuestro y violación que vivió Jana Leo en su propio apartamento en Harlem, Nueva York. Cuenta, asimismo, lo que sucedió durante los seis años posteriores a aquel momento. Violencia Nueva York examina el escenario de la cultura predatoria por excelencia: la ciudad y cómo el apartamento, como muchos otros del barrio de Harlem, no cuentan con la seguridad apropiada por el desinterés —y el negocio— de sus propietarios. La autora memorizó cada detalle de su agresor, fotografió y documentó todos los elementos que el violador había tocado y cómo su cama y también su rostro habían cambiado. La violación ocurrió en enero del año 2001, los procedimientos legales por esta causa finalizaron en el año 2007. El agresor fue declarado culpable de violación y encarcelado, el casero de su piso también fue encarcelado, en su caso, por fraude.

2. Joanna Connors – Te encontraré

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La periodista Joanna Connors tenía 30 años cuando fue retenida a punta de cuchillo y violada por un extraño: “Cuando me violaron aún no tenía hijos y, aunque no viviesen cuando sucedió, está claro que heredaron mi violación y el miedo que acarreaba”. A partir de la agresión el miedo no se despegó de la autora, todos los momentos le generaban terror. Connors acudió a la escritura para sobreponerse a sus temores pero lo hizo de una manera contundente: buscando al hombre que la violó, de dónde venía y cómo era su vida. Este libro no solo cuenta la historia de un hombre violento sino que se alza un texto donde se reflejan las bases de la cultura de la violación y la violencia.

3. Margaret Atwood – El cuento de la criada

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Se trata de un clásico de ciencia ficción de la literatura escrito por Margaret Atwood en el que se relata un Estados Unidos donde unos políticos teócratas y ultraconservadores se hacen con el poder. Debido a que están dominando, y con la excusa de la defensa contra la violencia, aumentan el autoritarismo: disminuyen las libertades y los derechos. Las mujeres elitistas tienen problemas de reproducción, así que las mujeres aptas para procrear son convertidas en criadas: mujeres que su único valor reside en sus ovarios. Así la historia se centra en Defred y en cómo se enfrenta a todas sus prohibiciones que incluyen sus relaciones sexuales, ya que solamente su dueño (comandante) puede violarla una vez al mes con el fin de procrear. El libro ha pasado a ser una serie que ha impactado al mundo entero por la violencia tan explícita que viven los personajes.

4. Philippe Djian – Oh

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30 días en la vida de un personaje, Michèle, tras su violación. Philippe Djian es experto en microcosmos familiares y se pone por primera vez en la piel de una mujer y en cómo son sus relaciones con el género masculino. Está obsesionada con el hombre que acaba de violarla y asaltarla en su propia casa, es amante de su mejor amiga, hija de un asesino y madre un pusilánime. Así el personaje incita al juicio moral y a la vez se resiste a él. Se van creando, entonces, conflictos entre deseo y voluntad, sobre el poder y también sobre la libertad de elección. El texto impacta pues la protagonista es violada antes de que acabe el primer párrafo.

5. Nawal El Saadawi – Mujer en punto cero

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Una breve novela que recoge el testimonio de una mujer que espera en la cárcel su ejecución en la horca. Esta novela fue escrita y publicada hace más de 40 años. La autora y activista egipcia Nawal El Saadawi se reunió con la protagonista del relato tan solo unas horas. La novela, escrita en primera persona, cuenta las humillaciones tan grandes que sufrió Firdaus, la protagonista, en diferentes situaciones de su vida y siempre en manos de los hombres: su padre abusó de ella, le practicaron ablación genital y se casó por obligación con un hombre violento tres veces mayor que ella. Con todos estos traumas a la espalda, la protagonista comienza a ejercer la prostitución y este entorno la lleva a matar a un proxeneta en El Cairo. Razón por la que la condenan a muerte.

6. Ivan Jablonka – Laëtitia o el fin de los hombres

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Un grito contra la violencia de género sobre una historia que conmocionó a Francia: el asesinato de Laëtitia Perrais. La joven francesa de 18 años desapareció el 18 de enero del año 2011. Encontraron su cuerpo en una localidad cercana a Nantes, al noroeste de Francia. La autopsia reveló que fue violentamente golpeada, violada, estrangulada y cuando estaba a punto de morir, el asesino la acuchilló y luego la descuartizó para dificultar el hallazgo. Este libro de no ficción escrito por el historiador francés Ivan Jablonka reconstruye la muerte de la joven pero busca centrar el relato sobre su vida, una vida dominada por la violencia, no solo por su padre biológico sino por el adoptivo que, según la hermana melliza de Laëtitia, abusaba de ellas de forma constante.

El autor intenta dirigir el punto de mira a un Estado incapaz de proteger a las víctimas como Laëtitia, un estado liderado en aquel momento por Nicolas Sarkozy, quien utilizó este terrible asesinato como instrumento para sus propios intereses políticos. Se trata, además, de un relato que muestra de forma descarada la increíble desigualdad social que existe en el país: una Francia pobre —en su periferia, mayoritariamente— llena de jóvenes como Laëtitia.