Las 4 distopías que muestran el infierno en el que se puede convertir nuestro mundo

La utopía, ese mundo ideal al que políticos y revolucionarios han dedicado su vida y milagros por los siglos de los siglos. Sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos, no hay forma de hacer de este mundo un lugar mejor, y es que cada vez estamos más cerca de las distopías, que surgieron de las mentes de Margaret Atwood o Philip K. Dick, que de ‘vivir en un Edén’ flotando entre purpurina y nubes de algodón.

La novela de ciencia ficción lleva décadas augurando futuros sombríos en clásicos como Un mundo feliz (Aldus Huxley, 1932) 0 1984 (George Orwell, 1949), pero a día de hoy son el cine, y más recientemente las series de televisión, quienes han tomado el relevo. Ya sea mediante la adaptación literaria o a través de guiones originales, sus historias son una advertencia de lo que nos espera si dejamos que ciertos aspectos de nuestra sociedad pesen más en la balanza que nuestra humanidad.


1. The Handmaid's Tale

The Handmaid's Tale -- "Faithful" -- Episode 105 -- Serena Joy makes Offred a surprising proposition. Offred remembers the unconventional beginnings of her relationship with her husband. Janine (Madeline Brewer), left and Offred (Elisabeth Moss), right, shown. (Photo by: George Kraychyk/Hulu) | 2016 Hulu

La contaminación y las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) han dejado estéril a la mayoría da la población y pocas mujeres siguen naciendo con la capacidad de engendrar hijos. A consecuencia de esta situación, la guerra civil estalla en Estados Unidos. Su resultado es Gilead, un estado totalitario y teocrático dividido en estamentos sociales estancos —rollo las castas en la India— cuyo propósito es asegurar la natalidad. Así pinta la cosa en El Cuento de la Criada, una serie basada en la novela homónima de Margaret Atwood publicada en 1985 y producida por MGM Television.

Las mujeres 'bendecidas' con la fertilidad son usadas como 'úteros con patas' y asignadas a un comandante. Si este se llama Fred, su 'criada' es bautizada como Defred. Fácil y simple. Para qué complicarse si ellas no son más que un objeto con una función: quedar embarazadas y dar un hijo a las élites. Violaciones rituales, castigos ejemplares, esclavitud, pérdida de los derechos fundamentales, etc. Un cóctel más amargo que un gin tonic de Larios que hace que nos llevemos las manos a la cabeza. Sin embargo, en un mundo de Trumps, Putins y Kim Jong-Uns este futuro no resulta tan descabellado. Si llega el día en que nuestro sistema colapse —y a este paso llegará—, tened por seguro que habrá unos cuantos locos dispuestos a reconstruirlo y, de paso, llevarse las libertades fundamentales por el camino.


2. The Man in the High Castle

Estamos en 1962 y la salud del Führer empeora a pasos agigantados. Sí, has leído bien: 1962. El "¿cómo sería el mundo si...?" por excelencia emergió de la mente de Philip K. Dick justo ese año, el mismo en el que situó su novela, The Man in the High Castle. Ahora, Amazon la ha convertido en serie. En ella, los nazis y Japón han ganado la Segunda Guerra Mundial y se han repartido el mundo como un pastel. Concretamente Estados Unidos, igual que hicieron los Aliados con Alemania, lo han partido en dos: la mitad este para Adolf y la mitad oeste para el Imperio Nipón. Existe una área neutral en el medio, una zona si ley cual Salvaje Oeste. Ahí es donde se encuentran los protagonistas.

La madre de todas las ucronías nos remite al terror que vivimos hoy en día, un terror que se ha alejado del choque entre nacionalidades y razas para volver hacia la religión, como en las cruzadas. La historia es tan repetitiva, tan cíclica, que asusta. Pero gracias a eso sabemos lo que ocasiona el miedo al otro: la disposición de la población a intercambiar su libertad por una promesa de control, de seguridad. En épocas de miedo y crisis el pueblo entrega el poder aquellos que odian y separan, los que disparan antes de pensar. The Man in the High Castle nos invita a reflexionar sobre los orígenes de la Segunda Guerra Mundial y a valorar aquello que pudimos perder y que ahora debemos conservar.


3.  Black Mirror I (White Christmas, Especial Navidad)

Imagina un mundo donde 'el bloqueo' de un usuario no se limita a las redes sociales, sino que es posible en la realidad física. No lo ves, no te ve, sois poco más que dos siluetas codificadas en un programa de Canal + en los 90. Imagina también un mundo donde tu avatar, creado a partir de un chip que codifica la información de tu cerebro, es una proyección exacta de ti mismo, una fotocopia incorpórea capaz de hablar, sentir y sufrir por ti de forma autónoma, e incluso de confesar un crimen por ti.

La sociedad que plantea el guionista Charlie Brooker en el Especial de Navidad 2014, el último episodio de la serie a cargo de Channel 4, es una realidad aterradora que se vislumbra en el horizonte, a poco más de una revolución tecnológica y media de distancia. Los Ojos-Z, los implantes que se presentan en la serie, parecen la evolución lógica de las actuales Google Glasses, un tipo de tecnología que será posible en menos de lo que canta un gallo gracias a los avances en medicina biónica y nanotecnología. Con las redes sociales, una cámara, el libro de recetas de Master Chef y vete a saber tú qué mas insertados en la cabeza, el precio a pagar por el progreso se atisba como una tarifa demasiado cara.


4. Black Mirror II (Nosedive)

Puede llegar un día en que las redes sociales y la imagen que proyectamos en ellas definan nuestra vida por completo. "Pero si ese día ya ha llegado", pensarán algunos. No del todo, y eso queda claro después de ver este capítulo que da el pistoletazo de salida a la 'era Netflix' de Black Mirror. Tras ver lo que le sucede a Lacie, la protagonista, damos las gracias de que no pidan un mínimo de followers en Instagram para acceder a una hipoteca o subir a un avión. Afortunadamente, la 'valoración' en las redes todavía no condiciona de forma legal/oficial lo que puedes hacer o dejar de hacer con tu vida, a diferencia de lo que sucede en la sociedad creada por Brooker para este magnífico capítulo.

En un mundo regido por los ratings, las 5 estrellas y la imagen virtual, la que se puede editar para que el mundo vea solo lo que quieres mostrar, la hipocresía toma el mando. Las relaciones interpersonales están envueltas en cordialidad prefabricada y pasadas por el filtro Valencia. No puedes arriesgarte a un mal gesto, a un desacuerdo, vaya a ser que el panadero te ponga dos estrellas y tu nota personal baje más allá del límite permitido, haciéndote caer en el ostracismo y el olvido, convirtiéndote en un ser 'no apto'. Aterrador.