El ébola, una enfermedad infecciosa grave causada por un filovirus de la familia Floriviridae, lleva azotando diferentes regiones de África desde 1976, cuando fue identificado el primer brote simultáneo en Sudán y en República Democrática del Congo. Tras cinco décadas y múltiples brotes en el camino, siendo el de 2014 especialmente contagioso y preocupante, el Congo vuelve a padecer un nuevo episodio de infecciones que ya se ha cobrado la vida de al menos 220 personas. De hecho, el alcance de la epidemia es tan serio ya que el propio director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanos, ha declarado recientemente que la entidad está tratando de “ponerse al día”, pero que “por el momento la epidemia nos supera”.
De ahí que haya decidido declarar el nuevo brote, identificado el pasado 15 de mayo, como una emergencia de salud pública de importancia internacional (ESPII). ¿Pero qué circunstancias lo hacen tan peligroso? Para empezar, y como explica en The Conversation el catedrático de microbiología Raúl Rivas, de la Universidad de Salamanca, este nuevo brote está protagonizado por la subespecie Orthoebolavirus bundibugyoense, caracterizado por una menor letalidad que algunos de sus primos como son el Orthoebolavirus zairense o el Orthoebolavirus sudanense, pero para el que no disponemos en estos momentos de ningún tipo de vacuna. Es una variante muy poco frecuente contra la cual no tenemos ni tratamientos.
Pero hay otros factores involucrados. “Entre ellos, la rápida expansión transfronteriza entre la República Democrática del Congo y Uganda, la alta movilidad en una zona afectada por conflictos armados que dificultan la contención y la falta de claridad para identificar el origen de los contagios, que apunta a una transmisión comunitaria activa y subestimada”. De momento, explican los expertos, el brote no reúne las características necesarias para ser declarado pandémico, lo que implica que no habrá ningún cierre de fronteras internacionales. Pero su potencial está ahí. En ese sentido, la declaración de la OMS como ESPII le permite “movilizar recursos financieros, científicos y logísticos internacionales de manera urgente”.
En cualquier caso, y más allá de este nuevo brote, está claro que el Ébola continúa siendo una de las enfermedas infeccionas más peligrosas para la salud pública internacional. Especialmente porque, señala el propio Rivas, “la emergencia de nuevos brotes en África parece ser cada vez más habitual” debido principalmente a la deforestación masiva. Sí, la destrucción de los hábitas de los animales portadores (murciélagos frugívoros, chimpancés, gorilas, monos, antílopes del bosque o puercoespines) los empuja hacia las zonas cercanas a los seres humanos, lo que facilita la transmisión vía secreciones. De ahí la trascendencia de que se produzca un esfuerzo internacional conjunta contra la enfermedad. Es el futuro de todos.
