Lugares de todo el mundo que parecen sacados de una película de Wes Anderson

¿Realmente necesitas viajar al extranjero para encontrar rincones hermosos? Esta cuenta te ayudará a ponerte las gafas de cinematógrafo y empezar a valorar la estética de las calles que enmarcan tu día a día 

Hay dos formas de ir de viaje. Cogerse un vuelo y visitar las típicas atracciones, haciendo fotos a monumentos que sabes que son universalmente reconocidos como hermosos, o ir a rincones que poca gente fotografía e intentar ver una belleza cotidiana y poco explotada. La mayoría de grandes cineastas con una estética muy reconocida hacen esto: observar el mundo buscando algo especial que nadie ve y valorando lo que poca gente se para a mirar.

Wes Anderson es probablemente uno de los más característicos. Sus escenografías (dirigidas por Robert Yeoman, el cinematógrafo y director artístico que ha trabajado en la gran mayoría de películas de Anderson) son fácilmente identificables en apenas unos segundos. Colores pastel, simetría, detalles kitsch, arquitectura de apariencia rococó… siempre utiliza “motivos de libro de cuentos”, como describe el artista. Son unos decorados que dan la sensación a los espectadores de estar sumergidos en un mundo de casa de muñecas, una realidad pasada por el filtro de la fantasía y la magia plástica. Además, el uso de la simetría extrema da un profundo confort visual que, como en la realidad la simetría tan perfecta no existe, contribuye a esta irrealidad de cuento de hadas de sus planos.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Probablemente The Grand Budapest Hotel es el mayor ejemplo de esta estética. Se reproducen todos los patrones: unos exteriores hechos con marionetas, unos colores que van desde los rosa pastel hasta los naranjas típicos del buenrollismo de los sesenta, cámaras que traviesan las paredes (como una casa de muñecas) y escenas siempre perfectamente simétricas. No crea un entorno prototípicamente hermoso, sino que busca embellecer todos los pequeños rincones de sus escenas.

La cuenta de Instagram @accidentallywesanderson (Accidentalmente Wes Anderson) busca, precisamente, trasladar esta óptica de Wes Anderson a tus viajes. Es decir, fotografiar lugares de todo el mundo que poco tienen que ver con las grandes atracciones turísticas pero que no por eso tienen menos interés visual. Quizá es un hotel, un pabellón olímpico, un ayuntamiento, una ventana de un tren o una cafetería, lugares aparentemente random que tienen una belleza cotidiana y que te ayudan a ver el mundo desde una perspectiva diferente

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Bajo esta premisa de “no hay lugares feos sino formas incorrectas de verlos”, la cuenta recopila fotografías que envían sus seguidores y que parecen escenarios de una de sus películas, pero que son muy reales. Ya ha conseguido más de 800 mil seguidores, y su comunidad sigue creciendo a medida que van redescubriendo todo el mundo, desde Murcia hasta Singapur, usando las gafas de Wes Anderson para romantizar el día a día. Demuestran que esta afición tan millennial y capitalista de querer viajar sin parar para descubrir nuevos lugares es prácticamente enfermiza: sí, has viajado por todo el mundo, pero ¿has aprendido a apreciar las calles que te rodean desde que te levantas hasta que te acuestas?