Camino A Los Oscar (IV): El Gran Hotel Budapest O La Alternativa Del Cine No Convencional

Director: Wes Anderson

9 Nominaciones a Los Oscar: Mejor película, director, guion original, diseño de producción, fotografía, vestuario, montaje, maquillaje y peluquería y banda sonora.

República de Zubrowka. ¿Qué es eso? Pues nada, un país inventado, y tal. ¿Dónde? En medio de una Europa de entreguerras, por allí donde los Alpes. ¿Quién se lo inventa? Un tal Wes Anderson que ha hecho una peliculilla bastante apañada con 9 nominaciones a los Oscar. ¿Por qué? Pues porque puede y tiene la creatividad para convertir una historia que huele a drama en un precioso cuento encasillado en una estética que parece sacado de una casa de muñecas rusas.

Argumento

El Gran Hotel Budapest es un lugar vacío y frío. Los empleados se contagian de un espíritu aburrido de un lugar que aguarda las raíces que un día le hicieron ser grande. Pero ya no. Los años dorados pasaron para un hotel ya arcaico y poco hecho para tiempos modernos.

En esas, descubrimos un joven autor (Jude Law) que encuentra cierta belleza en ese lugar recóndito. Allí, donde casi nadie habla, conoce a Zero Moustafa, dueño del edificio (y anteriormente, botones de El Gran Hotel Budapest), y le cuenta la historia de por qué no quiere deshacerse del hotel.

A partir de ahí, vivimos en un flashback casi permanente, donde descubrimos a M. Gustav (Ralph Fiennes), un tipo extrovertido, meticuloso y con un gran don de gentes (especialmente con las huéspedes de avanzada edad), y que a su vez es el conserje del hotel. Su relación con un joven botones (Zero), el robo y recuperación de una pintura renacentista de valor incalculable y el enfrentamiento con una familia de mucha pasta conforman el resto de la película.

13 minutos y escasos segundos de metraje y Wes Anderson nos está contando un cuento dentro de un cuento de otro cuento, que a su vez, se ve envuelto en el primer cuento. Suena a lío, pero lo hace genial.


Gran cartel... de cameos

Uno mira el reparto de la película y se emociona. Que si Jude Law por aquí, Adrien Brody por allá, que si te aparece de repente Edward Norton o te tropiezas con Bill Murray... pero no os hagáis ilusiones. Muchos de estos papeles no son ni secundarios.


Universo Anderson

Hay gente que tiene un sello inconfundible y lo sabe plasmar en cada fotograma. El juego de colores en su fotografía (ascensores y comedor del hotel), el vestuario de los personajes, los decorados tan irreales como elaborados que emergen como parte del motor con el que Anderson conduce toda la historia, o los planos hiperestilizados. Cuida minuciosamente la plasticidad de todos los elementos que aparecen en pantalla, cosa que le hace más que reconocible.


Cine no convencional

Las muchas nominaciones de El Gran Hotel Budapest parecen ser una apuesta de la Academia para aquello nuevo, distinto e incluso podríamos decir moderno.

Tanto por la historia como la forma de narrarla (mención especial a los diálogos rápidos entre los personajes con hipérboles de lenguaje poético), esta es una película atípica. No apta para domingos por la tarde familiares ni para primeras citas románticas.

Algunas personas, al ser preguntadas por el largometraje después de su visionado, dicen de ella que “es rara de cojones”  o “no he acabado de entender cuando…”

Sea como fuere, no consideramos que El Gran Hotel Budapest sea una película pretenciosa, sino un relato divertido, elegante y bello de una historia que al fin y al cabo solo es un cuento.