Deja de hacer turismo de memes porque te acabarán lanzando huevos a la cara

La gentrificación y las estupideces que se hacen en las escaleras de la película 'Joker' son la última prueba de que no entendemos los límites entre el humor y la realidad

El turismo low-cost, con sus vuelos y alojamiento tirado de precio, llena nuestras vacaciones de experiencias en serie, todas iguales. Desde visitas masivas al “paraíso de Bali”, pasando por retiros de yoga en India hasta viajes calcados al milímetro en las capitales europeas. Sí, ya hemos hablado mucho de estos temas y todo lo que conllevan: gentrificación, subida de alquileres, pérdida de aura y autenticidad de los lugares, contaminación y mucho postureo.

Es el mal del turismo contemporáneo, que se alimenta de redes sociales como Instagram y sus preciosas fotos, que nos impulsan a que todos queramos vivir lo mismo. Surgiendo del mismo fenómeno, ahora se empieza a hablar de “turismo de memes”, que funciona igual: a través de redes sociales una imagen de se viraliza, se modifica hasta convertirse en meme y llega a todas nuestras pantallas en mil formas. Al final, si estas imágenes muestran lugares reales, los fans se acercan para hacerse fotos, tonterías y cualquier cosa que les dé likes en redes sociales. Y así, el lugar se acaba convirtiendo en un punto establecido de turismo.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El caso más reciente es el de las escaleras de la película del Joker. Situadas en el Bronx (NY), han pasado de zona marginal a monumento turístico debido a la mítica escena en la que Phoenix baja bailando ya transformado en su propio personaje. En cuanto se estrenó el tráiler, que mostraba esta escena, se convirtió en meme, siendo editada innumerables veces añadiendo otros personajes con bailes extraños (el primero en aparecer fue Peter Parken en el Spiderman de Tobey Maguire, y luego degeneró tanto que en la versión española podemos encontrar a la Patiño o a Mariano Rajoy). Incluso hay una entrada sobre las escaleras en la página Know Your Meme, que te explica el origen y el uso de todos los memes que van haciéndose populares.

Instagram (@raylivez)

En cuanto se hizo pública la localización de las escaleras tras el estreno de la película, los fans acudieron en masa, disfrazándose para recrear el momento del baile. Aunque pueda parecer inofensivo, para las personas locales esta zona se ha masificado y ya casi no pueden transitarla con tranquilidad. Lo peor, según Ruben Diaz Jr., concejal del distrito, es que los turistas llegan en Uber, toman fotos y se van, ni tan siquiera contribuyen de forma económica en el lugar, solamente “lo han arrebatado a los locales”, denuncia el portal Wired.

Como explica la columnista de The Guardian Arwa Mahdawi, que cataloga las escaleras como “el séptimo círculo del infierno de los selfis”, el efecto de que #jokerstairs (el hashtag del nombre con el que han rebautizado esa zona) se haya convertido en una meca friki (incluso marcaron la zona como un lugar religioso durante unas horas para hacer la coña) es profundamente molesto para los vecinos, que ya están intentando concienciar sobre ello: colocaron carteles explicando que “es poco respetuoso tratar la comunidad como una oportunidad fotográfica para tu Instagram”, ocupando espacios sin participar en la economía local. Un vecino se cabreó tanto que, literal, compró una docena de huevos y empezó a lanzárselos a la gente.

El efecto del “turismo de memes” no es nuevo. Tras la serie Chernobyl y los memes que salieron, el turismo a la región aumentó exponencialmente. Lo mismo tras el fenómeno friki del año, el área 51. Pero este acoso a los protagonistas de los memes no solo se da en localizaciones, también sucede en personas. Por ejemplo, Hide The Pain Harold (el entrañable abuelo que sale sonriendo con tristeza) tuvo que contratar seguratas para vivir con normalidad. O, por ejemplo, los protagonistas de Distracted Boyfriend (el meme del chico mirando con deseo a una chica y su novia enfadada), son catalanes y la novia “enfadada”, debido al acoso que recibió por redes tuvo que cerrar todos sus perfiles y ahora vive, según cuenta, alejada de todo lo que sean perfiles digitales. Parece que los usuarios de internet tenemos la asignatura pendiente de saber diferenciar la fina línea que separa el humor de la realidad.