La triste conclusión de la musulmana que pasó varios meses entrevistando a neonazis

La documentalista Dheeya Khan plasma en dos documentales en primera persona el odio innato que hay detrás del racismo

"Soy hija de inmigrantes. Soy musulmana. Soy feminista. Soy liberal y de izquierdas. Y lo que quiero preguntarte es: ¿soy tu enemiga?". Con esta presentación arranca el documental White Right (Derecha Blanca), el documental de Dheeyah Khan sobre supremacistas blancos en Estados Unidos enfocado desde el primer minuto en términos de confrontación. Khan, educada en Noruega, hija de refugiados de Pakistán y Afganistán, pasó meses entrevistando a neonazis para esta película. Es su segundo documental sobre extremismo depués de estrenar en 2015 Jihad. A story of the others (Yihad, una historia de los demás) para entender de qué está compuesto el enemigo.

Los resultados son alucinantes y se pueden ver en Netflix en Estados Unidos —esperemos que pronto liberen sus derechos en España—. "No eres mi enemiga a título individual, pero lo que promueves llevará a la desaparición de mi gente y de mi cultura. Y tengo que decirte que me fastidia tremendamente cuando un inmigrante o un hijo de inmigrantes me dice que lo único que hace valioso a mi país es permitir a gente como ellos venir aquí, como diciendo que mis ancestros lo único que hicieron fue una montaña de basura", le contesta Jared Taylor, un supremacista blanco. La polémica está sobre la mesa.

Después de vivir amenazada, insultada y humillada desde la infancia, Khan asegura que su objetivo es desmontar al enemigo sin deshumanizarlo. Para ella, es un asunto personal. "Quieren sembrar el miedo entre la gente y para mí era importante no sucumbir, no reaccionar como ellos quieren que reaccionemos", ha dicho recientemente en una entrevista al medio estadounidense Vox.com. "Quería hacer algo que nunca había hecho, que fue intentar sentarme con gente con este tipo de ideas y ver si es posible avanzar hacia algún lado estando cara a cara. Es muy, muy fácil para todo el mundo odiar a alguien desde la distancia, juzgarnos desde la distancia. Es mucho más difícil odiarnos a nivel cercano y personal".

El ejercicio es especialmente interesante en una época tan polarizada como la actual. Khan no sólo entrevistó neonazis y yihadistas, sino que también fue a fiestas o manifestaciones y se ha hecho "amiga" de algunos de ellos para verlos de cerca en los momentos más íntimos y sinceros. Aunque a ella le ha funcionado, dice que sentarse cara a cara con los extremistas es la forma que ella ha elegido para entender el fenómeno. "No me atrevería nunca a decirle a nadie cómo deberían sentirse o cómo deben actuar contra el racismo... ni mucho menos creo que sea tarea de los perseguidos acabar con el extremismo", apunta. 

Muchas veces, tanto neonazis como extremistas no se alimentan solo del odio, asegura: "muchas veces (el extremismo) viene de otras necesidades básicas humanas que no se satisfacen. Desde luego, hay factores políticos, sociales y económicos involucrados en ambos lados, pero si escarbas hondo, descubres que hay mucho más". Elementos psicológicos y la sensación de querer pertenecer a un grupo juegan también un papel importante en la radicalización de los individuos. En la mayoría de los casos, explica, la ideología solo es una ventana por la que canalizar esa frustración.

Hablar es un gesto que se da por hecho, pero puede ayudar mover conciencias. Khan ha seguido en contacto con varios de sus entrevistados y ponerse delante de ellos ha servido para que algunos, incluso, abandonen esos movimientos que promueven el odio y la violencia. Nunca se lo habría esperado y tampoco le parece que sea una solución universal, pero en tiempos de masacres, tiroteos y atentados constantes, cualquier acercamiento valiente y sin prejuicios es un acto de lo más necesario.