Una ex neonazi explica qué tienen en común las personas que caen en el extremismo

Creció en una familia de clase media americana, con profundas raíces conservadoras y en la que los insultos racistas y homófobos formaban parte del vocabulario habitual. Ella entendía el odio como algo normal, cotidiano. Y fue ese odio la llevó a entrar en contacto con grupos extremistas. Con solo 15 años, se 'alistó' en un grupo neonazi, en el que militó durante ocho años. Sus delitos terminaron por llevarla a la cárcel, y fue entonces cuando comenzó a cambiar. Allí descubrió realmente lo que era la vida; entendió que su odio solo camuflaba un profundo miedo a lo desconocido y que, en realidad, se alimentaba por su peligrosa crisis de identidad. Entonces, cambió para siempre.

"Creo que muchos de los que se unen a grupos extremistas violentos están tratando de llenar algún tipo de vacío en sus vidas", cuenta King a The Independent. "Todos los seres humanos quieren ser aceptados y amados y, a veces, estamos dispuestos a renunciar a las cosas que nos hacen humanos para recibir esa aceptación", añade. Pero estar en contacto con los dramas reales de otras mujeres, con las que compartía patio, celda y encierro, hizo que su máscara cayera al suelo. Se hizo amiga de un grupo de jamaicanas y pudo descubrir el origen de su crisis: King encontró el amor en otra mujer de raza negra. 

Angela King tiene hoy 42 años y preside el grupo antiradicalización Life After Hate. En él ayudan a otros 'antiguos' racistas a superar todo aquello por lo que se sienten culpables y a promocionar unos hábitos que peleen con fuerza contra aquellos que aún no han descubierto su error. "Tratamos de tener compasión por todos ellos porque nosotros, ex extremistas, sabemos que alguna vez fuimos esas personas". Su trabajo planta cara a una realidad que a ella no le es desconocida: "No estoy convencida de que podamos evitar el extremismo violento, pero creo que con la educación y la concienciación podemos construir la resistencia de la comunidad". Y termina con una reflexión, fruto de su experiencia más íntima: "Nunca he conocido a nadie auténticamente feliz que odie a otro ser humano".