La Super Bowl será un poco menos machista y aceptará a animadores masculinos

El 'cheerleading', al tener más presencia femenina, se ha convertido en un espectáculo sexista. Esta decisión podría ayudar a que vuelva a verse como un deporte profesional

La Super Bowl, la final de la Liga Nacional de Fútbol americano, es el gran espectáculo deportivo de los Estados Unidos. Muchos lo comparan con la final de la Champions por su relevancia mediática y volumen de espectadores. Cada año, este evento deportivo también da cobijo a grandes espectáculos durante sus descansos: ya es famosa la media parte del partido, en la que suelen ir cantantes a hacer shows espectaculares, como Coldplay, Beyoncé o Lady Gaga. Pero también son muy famosos los espectáculos de cheerleading —animadoras/es—.

Precisamente, este año, en la 53ª edición, han decidido ser un poco menos machistas e incluir hombres entre las filas de las habituales cheerleaders. Los afortunados son Quinton Peron y Napoleon Jinnies, animadores de Los Angeles Rams, que están dispuestos a hacer historia. Puede sonar contradictorio combatir el machismo poniendo más hombres y reduciendo el peso a las mujeres, sin embargo, tiene su justificación.

Para entenderlo bien, primero se debe conocer qué es el cheerleading. Aunque la idea que tenemos sobre este deporte es la típica que nos llega a través de las series americanas (chicas guapas adolescentes que bailan para deleite del público y los jugadores hombres), es un deporte que implica mucho más y que no es tan frívolo. Nació a finales del siglo XIX como un complejo deporte de equipo de acrobacias, fuerza y flexibilidad. Aunque al principio la mayoría eran hombres, con el tiempo y la escasez de deportes femeninos, las mujeres que querían ser deportistas profesionales se apuntaron en masa y pasaron a ser el 90% de los animadores.

Al final, como la animación muchísimas veces servía de complemento a otros deportes y estaba muy feminizado, se convirtió en un deporte de segunda. Con el tiempo degeneró en equipos con uniformes sexualizados que servían más como espectáculo machista que como espectáculo deportivo. Las animadoras no se consideraban deportistas sino sex-symbol y poco importaba su profesionalidad, solamente que encajasen en los cánones de belleza patriarcales.

Por eso esta decisión es histórica. Incluir a hombres en este deporte para la Super Bowl es una forma de recuperar el espíritu deportivo de la animación y reducir el peso sexista y sexualizado. Algunas personas en Twitter han demostrado su preocupación, “¿y si incluir hombres supone quitar empleos a mujeres en el deporte, un campo en el que tienen pocas oportunidades?”. Por supuesto, es un riesgo. Lo ideal sería que las mujeres no fueran vistas como un objeto sexual cuando hacen deporte. Pero, aun así, mientras sigamos en un mundo patriarcal, este es un primer paso en la decisión correcta: reducir el erotismo heterocéntrico del cheerleading y devolverle la profesionalidad que merece.