Estas mujeres cuentan cómo las secuestraron y violaron para quedarse con sus bebés

Un informe de Humans Right Watch denuncia que algunas familias chinas se aprovechan del genocidio rohingya para conseguir una mujer que violar hasta que les dé descendencia

“Danos un bebé y te dejamos marchar”. Es lo que están escuchando decenas de mujeres de la etnia rohingya, una comunidad musulmana de Myanmar que está siendo sometida a persecución y exilio forzado. En medio de la huida, muchas mujeres que cruzan la frontera son secuestradas y sometidas a trata, para ser enviadas a China donde serán violadas hasta que tengan un hijo, como denuncia un informe de Human Rights Watch.

“La familia me metió en una habitación. Allí me maniataron de nuevo... Cerraron la puerta durante uno o dos meses. Cuando era la hora de almorzar, me enviaban comida. Lloraba mucho... Cada vez que el hombre chino me traía alimentos me violaba”, explica una joven que fue secuestrada cuando tenía 16 años para darle hijos a una familia. Es la historia de una de las 37 supervivientes que ha entrevistado el informe y que cuenta cómo las mujeres huyen hasta China, con una promesa de trabajo de familiares y conocidos que simplemente quieren venderlas a familias chinas, las cuales las encerrarán y violarán hasta que les den un hijo.

El informe denuncia que esto es posible porque las autoridades fronterizas hacen la vista gorda con el tráfico sexual de mujeres. “La escasez de medios de subsistencia y la falta de protección de los derechos más básicos han hecho que estas mujeres sean presa fácil de los traficantes, que tienen pocas razones para temer la aplicación de la ley a ambos lados de la frontera”, explica la autora del informe en unas declaraciones que recoge El País.

El éxodo forzoso rohingya fue provocado por una ofensiva de las fuerzas militares de Myanmar hacia la población musulmana del país. Como explica la organización por los derechos de los niños Save the Children, “en agosto de 2017 el estallido de una nueva oleada de violencia en la zona causada por repetidos ataques militares obligaba a una huida masiva de la población que trataba de refugiarse en la vecina Bangladesh. En los últimos meses la crisis de los rohingya ha ido creciendo y hemos visto cómo miles de personas cruzan la frontera entre Myanmar y Bangladesh a una velocidad que no se producía desde el genocidio de Ruanda [uno de los mayores genocidios de las últimas décadas]”.

Hanna Adcock | Save the children

“Desde entonces 622.000 personas han escapado y se han refugiado en el país vecino, de las cuales 373.000 son niños y niñas. El relato de las personas que masivamente llegan al campo de refugiados de Cox Bazar en Bangladesh es aterrador. Episodios de extrema violencia donde los asesinatos, incendios de casa y abusos sexuales se repiten sin cesar” continúa Save the children. La situación, por lo tanto, es dramática. Millares de personas huyendo sin control, dejándolo todo atrás. Por esa razón, las mujeres jóvenes quedan tan vulnerables a ser víctimas de trata.

Según Humans Right Watch, el desequilibrio demográfico en China, sumado a la falta de escrúpulos y la impunidad judicial, es el causante de la trata de mujeres. Este desequilibrio entre hombres y mujeres es fruto de la política del hijo único (las familias urbanas solo podían tener un hijo para evitar la superpoblación), eliminada oficialmente en 2015, pero que normalizó durante años los abortos selectivos para deshacerse de las mujeres. Era más beneficioso tener un hijo hombre en una sociedad patriarcal. Los efectos del hijo único se seguirán viviendo durante décadas: en China todavía hay 30 millones más de hombres solteros que de mujeres, y por eso, algunas familias han optado por comprar mujeres a través del tráfico y asegurarse así la descendencia familiar.

Las mujeres supervivientes explican que después de dar a luz a sus bebés algunas logran huir. Estas son las que pueden contarlo. Eso sí, tienen que dejar atrás a su bebé. Cuando vuelven a su país, además, se enfrentan al desprecio. “Las dificultades para su reintegración se agravan por la deshonra que supone su situación", explica el artículo.

Las condiciones económicas agravan el trauma, ya que las pocas organizaciones para ayudar a las víctimas de la trata no reciben atención por parte de ninguno de los dos países implicados. “De vuelta en Myanmar, las que sobreviven tienen que lidiar con el trauma y el estigma con la escasa ayuda de las pocas organizaciones que carecen de recursos y capacidades para asistir a las víctimas de un tráfico sexual”, denuncia El País.  

Aunque este abuso que recuerda a Handmaid’s Tale nos parezca lejano y lo denunciemos con la tranquilidad que da la distancia geográfica y la brutalidad de la trata, el debate sobre los vientres de alquiler está sobre la mesa, en especial ante las elecciones generales del próximo abril en España.