Descubre por qué los Rohingya son la minoría más perseguida del mundo

Resulta muy jodido pensar que el mundo únicamente se entere de que existen minorías cuando se las oprime o, directamente, se las borra del mapa. Los Rohingya son un grupo étnico mayoritariamente musulmán que vive en Birmania, un país predominantemente budista que los está echando a base de campañas de odio y violencia militar. La ONU ha denunciado violaciones, asesinatos y quema de aldeas de la que denomina la minoría más perseguida del mundo, un pueblo sin Estado "y casi sin amigos". Ahora, más de medio millón de desplazados sobreviven como pueden en la costa de Bangladesh, donde ni siquiera se los reconoce como refugiados. 

¿Quiénes son?

En Birmania hay 135 grupos étnicos oficialmente reconocidos, pero los Rohingya no aspiran ni a ese reconocimiento. Se concentran en el estado de Rakhine, cuya parte norte es una de las más pobres, aisladas y con más densidad de población del país. Se calcula que hasta el año pasado había alrededor de 1,3 millones de Rohingya en Birmania, casi todos ellos musulmanes aunque algunos de ellos son hindúes. Afirman que son indígenas de Rakhine descendientes de comerciantes árabes y que están allí desde el siglo XII, pero el gobierno birmano considera que son migrantes musulmanes de Bangladesh que vinieron durante la ocupación británica.

¿Cuándo empieza todo?

Las tensiones vienen de largo. El ejército de Birmania ha perseguido a los Rohingya desde que el país se independizó en el 1948. Hasta entonces, el Reino Unido gestionaba la actual Birmania como una provincia de la India por lo que la migración de los Rohingya se consideraba doméstica y legal. Pero el nuevo gobierno los consideró a partir de ese momento inmigrantes ilegales a todos y 70 años más tarde todavía ni se contempla concederles la ciudadanía.

Al no estar reconocidos como ciudadanos birmanos no se les permite viajar, casarse ni tener asistencia médica sin un permiso oficial. Varios grupos de derechos humanos denuncian que desde hace décadas a los Rohingya se les suele perseguir, someter a trabajos forzados, confiscar las tierras o limitar el acceso a la educación. Como te imaginarás, a nadie le hace mucha gracia vivir así, con lo cual llevan décadas abandonando el país. Se calcula que hay un millón de Rohingyas entre Malasia, Pakistán, Arabia Saudí y otros países de mayoría musulmana. Pero esta cifra ha aumentado de golpe en las últimas semanas.

¿Qué ha pasado ahora?

La última crisis, que nos lleva al éxodo masivo actual, estalló el 25 de agosto cuando el Ejército de Salvación de los Rohingya de Arakan (ESRA), una organización insurgente que dice luchar contra la represión del Estado y que el gobierno tacha de grupo terrorista entrenado en el extranjero, lanzó una ofensiva sobre 30 puestos de control policial y una base militar. Las represalias del Ejército birmano se las llevó menos de 24 horas después, la comunidad entera. Empezaron a arder aldeas y murieron al menos 400 personas.

Muchos más quedaron heridos, y se cometieron incontables violaciones y torturas. La ONU ha considerado estas acciones un "castigo comunitario" con el fin de una "limpieza étnica". No es la primera vez que se denuncian "atrocidades en masa" contra esta minoría, pero esta vez el número de desplazados que han abandonado sus casas con lo puesto se ha elevado a casi la mitad de la población: medio millón de personas.

¿En qué situación se encuentran?

La mayoría de los que lograron escapar han llegado como han podido a la costa de Cox's Bazar, Bangladesh, donde se han construido campos provisionales. El coordinador de Asuntos Humanitarios de la ONU, Mark Lowcock, ha dicho que "los desplazados sufren unas condiciones que son horribles para cualquier ser humano".

Lo que está pasando supera a cualquiera que lo presencia. Fred Dufour es un fotógrafo que vio llegar cuerpos sin vida a la costa de Bangladesh después de un naufragio: "Traté de contener las lágrimas, pero no pude. Solo pude esconderlas detrás de mi cámara", le contó a BBC Mundo. La ayuda humanitaria de ACNUR y muchas otras ONGs está en acción, pero no dan abasto. Mientras tanto, siguen llegando barcos llenos de familias que huyen del horror en sus aldeas de Birmania pero no encuentran un destino que pueda acogerlos.

La Consejera de Estado de Birmania (y su líder en la práctica) Aung Sang Suu Kyi ha negado las acusaciones de "limpieza étnica", ha relativizado la violencia ejercida por el ejército y ha dicho que "quiere descubrir por qué se están yendo los Rohingya". Esta forma de mirar hacia otro lado ha indignado a la comunidad internacional y sería mucho menos chocante si no fuese porque esta mujer fue Premio Nobel de la Paz en los 90, cuando era una víctima política del antiguo gobierno militar.

Parece que las presiones del poder han borrado los valores que defendía la que fue un icono de la paz y la impulsora de la (frágil y joven) democracia en el país. En cualquier caso, la crisis del pueblo Rohingya es una de las más largas del mundo, pero también una de las más olvidadas.