Los estudiantes están en guerra por acabar el curso dignamente y en igualdad

Tras los memes de las clases online se esconden graves problemas: desde todos aquellos alumnos que perderán prácticas e intercambios hasta aquellos que ven su acceso a la educación imposible por la falta de herramientas

"Predicado tus muertos", respondía un estudiante a su profe de lengua en una clase online. "Perdón, me había olvidado que tenía el micro activado", respondía en este vídeo que seguro que ya has visto por Twitter o Instagram, porque hasta se han hecho memes boomer con la frase. Es el mejor ejemplo de lo que están suponiendo las clases virtuales: memes, coñas y cachondeo. Pero después de los chistes, hay muchos alumnos a los que la situación no les hace nada de gracia y ven este curso como una pérdida de tiempo y oportunidades. Desde aquellos que no podrán hacer prácticas o intercambios hasta los que tienen que renunciar a la educación por la falta de oportunidades, son muchos los problemas que ha despertado el coronavirus para los que, tras cuarenta días de encierro, parece que no se encuentra solución.

"No puedo hacer prácticas online"

“Quería hacer prácticas ahora y cuando estaba hablando con varias empresas llegó la cuarentena. Me quedé sin la oportunidad de trabajar para otros”, cuenta Aleix, un ingeniero informático de tercer curso en la universidad Pompeu Fabra de Barcelona (UPF). Le han ofrecido prácticas online, pero no será lo mismo: “quiero estar en una empresa, ahí presente, para aprender. No quiero que mi primera experiencia de ingeniero sea teletrabajando, porque aprenderé menos y la mayoría de empresas no tienen tiempo ni recursos para hacer formación a distancia”, añade.

Sin embargo, reconoce que estuvo planteándose la opción de aceptar esas prácticas. “Contaba ya con que este trimestre ganaría trabajando de esta forma, pero no va a poder ser”. Al final ha optado por seguir dependiendo de sus padres. Es uno de los muchos jóvenes de familias obreras que tienen que trabajar mientras estudian. “Yo, al final, he podido seguir con mis prácticas, pero mi puesto pendía de un hilo”, asegura Carlos, que está con unas prácticas trabajando en una revista y que le trajo mucha ansiedad pensar que tendría que haberlas dejado: “me han hecho un ERTE en mi otro empleo y si me quedaba sin prácticas tendría que dejar mi piso y volver a casa de mis padres”, asegura.

Archivo personal de Aleix

Para los Erasmus, la situación también ha sido crítica: Susanna, que estudia cuarto curso de comunicación audiovisual en la misma universidad y quería irse de Erasmus este año, ha tenido que volver. “Estaba en Milán y cuando empezó todo no podía quedarme ahí, así que me volví a Barcelona”, cuenta.

Lo mismo le ha pasado a Alejandro, que estaba en California y volvió porque su seguro no cubría una hospitalización por coronavirus. “No podía arriesgarme, a pesar de que he perdido el dinero de la residencia y de los vuelos. Es una putada muy grande”, añade. Y aunque no se hayan visto forzados a volver, tampoco hay muchas esperanzas para los que vienen después. “Había pensado en dejarme asignaturas e irme en septiembre, pero siendo realistas, sé que ni para el segundo semestre activarán la movilidad internacional”, se lamenta Susanna. También estudiantes de postgrado con becas como la Fullbright están en el aire, sin saber si podrán aprovechar su plaza en una universidad estadounidense.

Si no tienes ordenador, apáñatelas 

“Estoy haciendo las clases del Erasmus online. Ya que voy a perder la experiencia al menos no quiero quedarme sin los créditos que tengo pagados”, añade Susanna, que está a punto de graduarse. Pero, como denuncian el sindicatos de estudiantes de su universidad, no todos tienen esa opción: hay muchas personas en situación de vulnerabilidad que no tienen ordenadores o Wi-Fi en casa y tienen que dar por perdido el curso, en concreto, 36.000 universitarios de 84 universidades españolas (un 3% de los estudiantes), según una estimación del Gobierno

“Los estudiantes de la Universitat Pompeu Fabra nos hemos enfrentado a los exámenes más excepcionales de la historia de la universidad: en cuarentena y de forma no presencial, dando por hecho que todos sus alumnos disponen en casa de un ordenador e internet, lo que agrava más la brecha tecnológica y económica entre compañeros, una irresponsabilidad que no puede salir impune y no puede seguir teniendo recorrido”, denuncia Sebastián, estudiante, en una carta abierta.

Añade que los estudiantes se encuentran en “una situación emocionalmente y psicológicamente agotadora” y que la carga de trabajo y de exámenes se mantiene igual. “Hubo unos días que mi madre estuvo enferma y pensábamos que podría tener coronavirus, yo estaba muy ansioso y tuve que hacer exámenes como si nada. Estamos en medio de una epidemia y la universidad da más importancia al examen y a que no copiemos que no a que podamos afrontar un curso con todas las facilidades educativas para que lo online sea igual de satisfactorio de lo presencial”, recuerda Aleix.

Detalla cómo fue su examen: enseñando su espacio de trabajo por cámara, conforme no estaba copiando ni había nadie a su alrededor. “¿Cómo se supone que van a hacer eso las personas que comparten habitación o pisos muy pequeños? Y si hay varias personas teletrabajando en el mismo piso, ¿cómo pueden garantizar que hay un espacio solo para dedicarlo al examen?”, denuncia el futuro ingeniero, un argumento que también han usado los delegados de su facultad en una carta al rector, que pedía facilidades para aquellos alumnos en situaciones más precarias que estaban viviendo la brecha social y tecnológica en algo tan esencial como hacer un examen.

"Igualdad entre todo el alumnado", o quizá no

Mientras la incertidumbre sobre cuándo volveremos a las universidades y los colegios continúa, más o menos se prevé que el próximo curso empiece de forma presencial en septiembre. Por ejemplo, en algunas comunidades la selectividad, para llegar a esa fecha, será en julio, según informa el diario ABC. Y aunque prometen que se adaptarán a la situación de vulnerabilidad de todos los estudiantes “llevamos mucho tiempo trabajando para asegurar la igualdad entre todo el alumnado”, asegura la directora general de Universidades, Pilar Ezpeleta, hay muchos alumnos que lo ven imposible.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Como detalla un reportaje de El País, hay alumnos de instituto totalmente desaparecidos porque no tienen internet en casa. “Uno de los que más me preocupa es un chico que tengo en clase, que iba trabajando bien y al que por mucho que hemos estado llamando, nada. Y pienso: pero ¿dónde estará, qué estará haciendo? Quiero creer que está bien, pero la angustia no me la quito”, explica Antonio Solano, director del instituto Bovalar de Castellón a ese diario.

Una solución que han encontrado es enviar por WhatsApp los ejercicios y las respuestas. “Así se los hacemos llegar a los padres y los alumnos", añaden. Esta fórmula no se soluciona en la universidad, que requiere de acceso al campus virtual o al catálogo de textos. “Uno de los temas que nos preocupa es el Trabajo de Final de Grado. No tenemos acceso a los libros de la biblioteca y muchos alumnos no tienen ordenador para acceder a textos académicos online, aun así la única solución de las universidades es simplemente aplazar la entrega unas semanas”, denuncia el sindicato de estudiantes de la UPF.

En definitiva, como lo define un artículo de La Sexta, los estudiantes están “en pie de guerra” contra un sistema que creen que no está velando por la calidad universitaria y por la igualdad del sistema público. Los sindicatos siguen reivindicando la débil implicación del rectorado ante una situación excepcional que creen que se escapa a todos de las manos. Y, mientras se buscan soluciones express, cientos de personas continúan a duras penas sus estudios, sin posibilidad de prácticas, intercambios o acceso a los recursos más básicos. “Un año de oportunidades perdidas”, como lo califica Susanna.