3 jóvenes te cuentan cómo el coronavirus los ha dejado sin trabajo

El coronavirus está teniendo consecuencias catastróficas sobre la economía de todo el mundo, pero sobre todo de muchísima gente que no sabe cómo pagará las facturas del mes que viene

Estamos empezando a ver los números. Burger King, 14.000 despidos; SEAT, 15,000; Ikea, Iberia, Pikolín, Iberostar, Starbucks... cada vez son más las empresas que se suman a la figura de moda en el código laboral: el ERTE. Los famosos EREs (expedientes de regulación de empleo), pero temporales. Plantillas enteras que se van al paro hasta dentro de un mes, dos, tres e incluso más.

Este lunes ya eran más de 100.000 trabajadores, y subiendo. Mientras algunos han podido aferrarse al teletrabajo y seguir cumpliendo con sus obligaciones desde casa (recibiendo el 100% de su salario), otros sectores no pueden permitirse abandonar su puesto de trabajo: construcción, comercio, transporte... al menos hasta que lo decrete el gobierno, ¿y entonces?

El sábado, cuando el presidente Pedro Sánchez compareció para explicar las medidas concretas sobre el estado de alarma, se dejó un tema muy, muy importante: el laboral. Los periodistas que cubren política ya advirtieron de que este era uno de los aspectos peliagudos de la crisis del coronavirus y que el gobierno de coalición (PSOE-Podemos) no había llegado a acordar las medidas para proteger tanto a los trabajadores como a las empresas. Este tipo de decisiones suelen llevar años, pero esta vez ha pillado a todo el mundo en medio de una emergencia sanitaria. Hoy, martes, ha garantizado que todos los trabajadores que entren en un ERTE tendrán derecho a paro (aunque no hayan cotizado el tiempo suficiente) y que no les descontará.

"Sálvese quien pueda"

Carlos, de 25 años, está viviendo de lleno en esa incertidumbre: el viernes llegó a trabajar a su hora y desde el primer minuto había rumores de que el centro comercial iba a cerrar en cualquier momento. No pasó, así que el sábado, cuando fue a abrir la tienda, de una importante firma de moda española, se encontró con la noticia. A la 1 de la madrugada, un comunicado oficial había circulado entre la gerencia del centro comercial y el coordinador de zona de su empresa, pero a él y a sus compañeras, la información de que había que quedarse en casa no le había llegado.

"Entiendo que es un momento excepcional que además nos pilló en fin de semana, pero yo ahora mismo no sé ni si voy a cobrar el paro", explica por teléfono. Todo lo que ha recibido ha sido un mail oficial que pone a los trabajadores de su empresa en un ERTE hasta el 31 de mayo y que no cobrará su nómina. Ahora, espera a saber si les gestionarán el alta del paro de forma colectiva o si tiene que hacerlo él por teléfono (porque claro, tampoco puede ir a hacer los trámites).

Tampoco tiene ni idea de si mantendrá la antigüedad —lleva tres años— ni ningún otro detalle del acuerdo. En principio, el comité de empresa está negociando (es obligatorio por ley pactar las condiciones con la plantilla), pero a los trabajadores, cada uno en su casa, no les llega la información. "Es un poco un sálvese quien pueda", resume.

Las pequeñas empresas al límite

Otro de los primeros sectores afectado por los cierres ha sido el de la restauración. El ocio, en general, ha sido totalmente cancelado hasta nuevo aviso. Salvo algunas imágenes absurdas que vimos en Madrid (las terrazas llenas hasta que llegó la policía amenazando de multa y gritando por el interfono el ya clásico "esto no son unas vacaciones" o Barcelona, la mayoría de establecimientos del país bajaron la persiana antes incluso de que fuera obligatorio.

"La gente está asustada y ni entraban, ¿quién se va a tomar algo en estas circunstancias?", dice Marc, un chico de 32 años, que tiene una cafetería en Gran Canaria y no sabe cómo enfrentarse a todas las facturas de este mes.

Por ahora, el gobierno ha anunciado que pospone hasta octubre los pagos de los impuestos de los autónomos y pequeñas empresas, pero para ellos no es suficiente. Ya hace días que piden ayudas para pagar el alquiler de los locales y los recibos de luz o agua, algo que el presidente francés Manuel Macron ya ha prometido, mientras que Italia ha prohibido los despidos durante 60 días independiente del número de empleados que tenga la empresa.

Marc está muy triste porque ha tenido que pactar un ERTE con sus cinco trabajadores, que solo cobrarán del paro el equivalente al 70% de su salario. "Lo importante es que todo pase cuanto antes y que el gobierno nos dé ayudas para recuperarnos pronto porque somos muchos los que estamos en esta situación", explica, "si se alarga mucho, tendremos que cerrar". 

La emancipación se aleja

Igual de perdida está Beatriz, una autónoma del sector audiovisual de Barcelona que lleva un año licenciada y estaba empezando a montarse una cartera de clientes que con la pandemia se le derrumbó en tres segundos. "Esta semana tenía un videoclip que se me ha caído, una sesión de fotos de actores que también se me ha caído y un spot (un anuncio) que tampoco vamos a hacer. Además, soy productora de un evento mensual que no se va a celebrar ni en marzo ni en abril, así que me he quedado sin nada", cuenta desde la casa de sus padres. A los 26 años, pensaba que este 2020 iba a ser el de su emancipación, pero con este panorama, lo más seguro es que tenga que posponer. Lo que ha pensado es empezar a dar clases de foto y vídeo por internet.

También su novia, bailarina con contrato por obra y servicio está esperando saber qué pasará con su vida. O Cristina, otra creativa que trabaja desde casa, pero tiene una compañera de piso en una situación tan delicada que no sabe si está de vacaciones forzadas, despedida o ni una ni la otra. "Si no le pagan, se tendrá que ir a Italia a casa de sus padres y me deja aquí con el alquiler y sin poder buscar a nadie", cuenta por Whatsapp.

Ahora mismo, cada unx desde su casa sabe bien poca cosa y puede actuar aún menos. Pero cuando todo pase, veremos cuál ha sido la consecuencia real del virus, que seguramente dejará a la mayoría de jóvenes más pobres de lo que ya eran.