Los cadáveres de estos ancianos momificaron porque nadie los fue a visitar

Ancianos que mueren en soledad y que nadie echa de menos acaban convirtiéndose en momias que reposan durante años hasta que alguien las encuentra

Tutankamón, Ramsés II, Akenatón, Nefertiti. Si te preguntan por momias son los primeros nombres que te vienen a la cabeza. Pero no son los únicos, algunas momias tienen nombres tan más inesperados, como Santiago, Amanda, Agustín o Miguel. Son los cadáveres momificados del siglo XXI, personas que mueren en la más absoluta soledad y que, por las condiciones herméticas de sus pisos, su cadáver se preserva como el de un faraón egipcio, sin apestar a podredumbre, por lo que nadie se da cuenta que están viviendo con un muerto como vecino.

Las momias españolas suelen ser personas ancianas y solas. Mueren por causas naturales y no se descubre su cadáver hasta al cabo de un tiempo. Por ejemplo, el madrileño Santiago Luengo no tenía hijos ni familiares cercanos. Cuando murió, nadie le echó de menos. Tampoco suelen tener mucha relación con sus vecinos. En su caso, tenía esquizofrenia y se había distanciado de su entorno, después de haber llevado una vida muy solitaria. Un caso similar es el de Amanda Jospe, también de Madrid, una mujer soltera sin apenas familia que murió de un ictus en 2014, pero no fue hasta 2019 que la policía, a raíz de la denuncia de desaparición de una sobrina suya, entró en su domicilio y se encontró con su momia.

Muertos en soledad

Para que ambos cadáveres momificasen se necesitó un ambiente muy seco y que el muerto no tuviera mucha masa de grasa, explica Francisco Martínez, catedrático de Anatomía Humana de la Universidad de Valencia, al diario digital El Español. Por lo tanto, el cuerpo debe estar mucho tiempo en un espacio en el que no cambien las condiciones ambientales. Es decir, en un piso cerrado en el que no entre nadie. Por eso, los cadáveres momificados suelen darse en casos de personas solitarias, en cuyos pisos no entra nadie hasta que okupas irrumpen, llegan órdenes de desahucio o la policía acude al cabo de mucho tiempo.

Pero, aunque la mayoría de cadáveres momificados son personas sin familia no siempre es así. Agustín, otra momia de 2017, tenía una hija que no lo visitaba. El gallego Miguel Valdueza también tenía un hijo, pero habían roto el contacto. Manuel, también gallego, tenía cinco hijos con los que no se relacionaba. Se dejó la calefacción abierta, y así su cuerpo momificó, manteniéndose en un estado de perfecta conservación. Nadejda murió en Vitoria y pasó casi una década hasta que su hermano se interesó por ella.

Lo que se esconde detrás de todos estos casos es lo mismo: la soledad que viven muchísimos ancianos en nuestro país. Según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), los casos de personas que viven solas aumentan año tras año. La diferencia entre 2017 y 2018 fue incremento del 4%. Se prevé que este año vuelva a subir. En total, son casi cinco millones de personas.

Muchos ancianos mueren solos

La soledad, además, mata. Ya lo advertía El País: “cada vez son más los ancianos que fallecen solos en su domicilio y que tal vez podrían haberse salvado con una atención adecuada”. “Hace una década lo veías de manera muy esporádica: personas que morían solas, en avanzado estado de descomposición. Ahora nos encontramos con más casos. Igual son cuatro o cinco cada mes. No me atrevo a cuantificarlo, pero ya no es un hecho puntual”, añade el juez valenciano Joaquim Bosch.

Se ha convertido en endémico. Parece que cada vez menos personas tienen tiempo para visitar sus padres o abuelos. Y eso en España, el país con una de las esperanzas de vida más altas de la Unión Europea y del mundo, es un problema.

Jamás pensé que lo peor de hacerse mayor fuese la soledad”, denuncia la campaña catalana Amics de la Gent Gran. Esta plataforma quiere juntar jóvenes con mayores, que los acompañen en sus últimos días y que no vivan solos. No es la única: en todo el estado hay diversas plataformas para que ningún anciano esté solo. Si quieres revertir la situación puedes apuntarte como voluntario. Pero, antes de nada, asegúrate que los ancianos de tu familia y entorno más cercano están bien acompañados. ¿Hace cuánto que no llamas o vas a ver a tus abuelos?