Asia ha dejado de comprar nuestra basura y no tenemos dónde meterla

Hasta el 2016, China reciclaba la mitad del plástico, metal y papel del mundo pero el negocio está cambiando

Si alguna vez has ido a Bali, probablemente te sorprendió la cantidad de plástico que hay en las orillas de una isla tan paradisíaca. La escena se repite en Vietnam, Tailandia o Filipinas, donde el fotógrafo Mário Cruz hizo esta foto, ganadora de una de las categorías del último World Press Photo, que representa uno de los cientos de niños que viven en los vertederos de Manila:

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Varios países del sureste asiático llevan unos años comprando el plástico de Europa, Estados Unidos, Canadá o Australia, una masa de basura que se volvió incontrolable e imposible de tratar. China, que en 2016 reciclaba la mitad del plástico, metal y papel del mundo, cerró sus fronteras a la basura el año pasado, derivando el negocio a sus países vecinos, que no han tardado en darse cuenta de que el trato no los beneficia.

La semana pasada, el presidente filipino, Rodrigo Duterte, amenazó con endurecer los compromisos diplomáticos con Canadá si el gobierno rechaza aceptar 69 contenedores con 1.500 toneladas de basura que habían sido trasladadas a Filipinas entre 2013 y 2014, según explica The Guardian. "Filipinas es una nación independiente y soberana y no debe ser tratada como el vertedero de una nación extranjera", declaró un portavoz del gobierno.

Y es solo el último de una serie de portazos de la región a la basura de Occidente, con leyes en Tailandia, Malasia y Vietnam para no seguir aceptando deshechos de otros países. Malasia, por ejemplo, recibió en los primeros meses de 2018 un total de 456.000 toneladas de basura (el triple que en todo 2016), según datos de Greenpeace. ¿De dónde llegaban? De países europeos, incluidos España, Alemania, Reino Unido, Francia, y también Australia y Estados Unidos. Son cifras descomunales.

¿Dónde acabará nuestra basura?

Justo hace unas semanas, un vídeo del estrecho de Mesina (que separa Sicilia del resto de Italia), demuestra que la basura ha llegado hasta los lugares más insospechados: desde el fondo del mar hasta la sal que nos comemos. Ahora, el sureste asiático nos está mandando un mensaje claro: que cada uno encuentre una solución para su basura porque lo que llamamos el Tercer Mundo no va a seguir quedándosela. Además, con los flujos marinos, lo que tiramos en un país, puede acabar en otro. Y no solo eso: procesar toda esa basura tiene consecuencias en la contaminación del agua y el aire.

Nadie tiene la receta de cómo dejar de contaminar a ritmos irreversibles para nuestro planeta, pero está claro que cada vez va a ser una responsabilidad más cercana al consumidor. Se está acabando eso de consumir plástico sin ninguna consideración y olvidarnos de dónde acaba. Solo el 9% del plástico del mundo acaba reciclándose y tirar una garrafa de agua al contenedor amarillo no es garantía de que acabe convirtiéndose en otra igual. Creemos que reducir el uso es, claramente una solución, pero por muy perfectos que seamos a la hora de reciclar, necesitamos que el mundo concentre sus mentes más brillantes para intentar encontrar una solución a los vertederos tradicionales o, literalmente, acabaremos buceando en nuestra propia basura.