Se acabaron las visitas guiadas para ir a ver prostitutas en Ámsterdam

El acoso y los insultos son diarios en el Barrio Rojo de la ciudad, pero el Ayuntamiento quiere frenar las escenas machistas

Ámsterdam es una de las ciudades europeas más visitadas. Quienes piensan en la ciudad, no solo se acuerdan de sus callejuelas, canales, bicicletas o museos. Lamentablemente, el turismo relaciona la ciudad con la marihuana (legal) y con la prostitución, que ha hecho famoso el Barrio Rojo, conocido en neerlandés como De Wallen. Miles de personas se acercan a este distrito para ver a las trabajadoras sexuales con poca ropa y sacarse fotos junto a ellas, mirarlas, reírse, burlarse o incluso asustarlas e insultarlas. Las tratan como si fueran monos de feria y esto no le hace gracia a nadie. Por esta razón el Ayuntamiento ha planteado que estas visitas guiadas y este "atractivo" turístico se han terminado. Las palabras del concejal progresista Udo Kock no pueden ser más elocuentes: “que los turistas acudan en masa a ver a las prostitutas ya no es de este siglo”.

A partir del 1 de enero del 2020 las visitas por este distrito se limitarán hasta las siete de la tarde y los grupos no podrán estar formados por más de 15 personas. El Ayuntamiento ha declarado que estas limitaciones evitarán que se produzcan aglomeraciones, molestias y ruidos a los vecinos y a las trabajadoras sexuales. Aquellos visitantes con mayor presupuesto (un tipo de turista que, según el Ayuntamiento, es más respetuoso) tendrán que pagar un "impuesto de entretenimiento" para hacer un tour específico por este distrito. Otra de las tendencias que se ha terminado es pasearse por allí con una cerveza en la mano, una de las formas que más suciedad genera en esta zona y que hace que amenaza el encanto de la ciudad. Actualmente, en el corazón de De Wallen se reúne una media de más de 1.000 grupos por semana compuestos por más de 20 personas, una masificación que hace imposible vivir en la zona.

Las trabajadoras sexuales solo reclaman una cosa cada vez que tienen la oportunidad de manifestarse: respeto. Al Barrio Rojo se acude solo, sin sacar fotos a las mujeres que están detrás de los escaparates —algo que, por cierto, está prohibido y que los turistas ignoran completamente— y respetando su trabajo. El comportamiento machista de cientos de personas se verá, por suerte, algo más disuadido con las medidas propuestas por el Ayuntamiento: no solo pondrán el impuesto en estas visitas guiadas sino también en los autobuses turísticos. El objetivo es dispersar entre los barrios esta desagradable masificación (en 2018, más de 19 millones de turistas visitaron Ámsterdam, una ciudad de 850.000 habitantes).

Además, cuatro de cada cinco trabajadoras explican que estos tours turísticos espantan a los clientes i que están afectando su negocio. Por ello, la alcaldesa de Ámsterdam, Femke Halsema, además de limitar las visitas, propone una ubicación alternativa: “Una especie de hotel con muchas habitaciones, todas con alarma, una caja fuerte para el dinero y cámaras de seguridad. Que sea lo más segura y atractiva posible para las trabajadoras sexuales”. El comportamiento machista que tienen estos turistas en el Barrio Rojo de Ámsterdam debe desaparecer. Estas medidas afectarán a todos los turistas en sí pero se trata de una necesidad que esperemos que produzca un cambio a mejor tanto para las trabajadoras sexuales como para los residentes y, por supuesto, para la preservación de la esencia holandesa de Ámsterdam.