Por qué palparte los huevos a menudo podría salvarte la vida

Casi la mitad de casos de cáncer de testículo diagnosticados cada año en España afectan a jóvenes de entre 20 y 35 años

Pánico. Sentí verdadero pánico cuando una noche, mientras me masturbaba tranquilamente, descubrí un pequeño bulto en uno de mis testículos. Aquello no debía estar ahí, pensaba. Pero me equivocaba: porque un breve palpamiento del otro testículo me permitió descubrir que ese bulto formaba parte natural de mí. Investigando un poco supe que, además del propio testículo, la zona testicular contiene el epidídimo y el cordón espermático. Nadie que conociese de verdad su cuerpo los confundiría con un tumor, pero la gran mayoría de los hombres, por desgracia, sabemos más bien poquito del nuestro. Y eso es muy peligroso.

Especialmente para los jóvenes. Los tumores de testículos solo representan el 1% del total de los tumores diagnosticados en varones. Su incidencia no es muy alta: lo sufrirá uno de cada cinco mil hombres. Sin embargo, suponen uno de los tumores más frecuentes en hombres de entre 15 y 35 años. En ninguna otra etapa de nuestra vida existe tanto riesgo de padecerlo. De hecho, casi la mitad de los casos de cáncer testicular detectados cada año en nuestro país (una media anual de 823) afectan a jóvenes veinteañeros o treinteañeros. De ahí la importancia de que sepas autoexplorarte adecuadamente para detectarlo rápido.

Cómo autoexplorarte

Todas las instituciones médicas recomiendan explorarse los testículos todos los meses. Lo ideal, según los expertos, es realizar la exploración durante o después de la ducha, cuando el escroto está más relajado. Y la técnica es sencilla: basta con sostener el testículo entre los pulgares y los dedos con ambas manos para luego hacerlo rodar lentamente en busca de cualquier bulto o anomalía de tamaño, forma o consistencia. Es muy importante palparse la zona delantera y la zona posterior sin obviar ninguna región del testículos. Así, poco a poco, los irás conociendo lo suficiente como para saber identificar mejor una posible irregularidad.

Para Guillermo de Velasco, secretario científico de la Sociedad Española de Oncología Médica, la clave del asunto está más en el autoconocimiento que en la autoexploración rutinaria. "Pueden explicarte cómo está compuesto un testículo, pero nadie puede explicarte cómo son tus testículos. Es una parte única de tu cuerpo que debes conocer. Por eso siempre digo que, más allá de explorarte concienzudamente todos los meses, lo importante es conocer tu cuerpo para advertir de manera natural cualquier nuevo bulto. Después de todo, estamos hablando de bultos de uno o varios centímetros fáciles de detectar", explica de Velasco.

Autoconocerse

Pero no todos los bultos son tumores. Pueden ser también hidrocele, variocele, epidimitis, torsión testicular, hernia inguinal o un quiste en el epidídimo. "Repito: lo importante es conocer a uno mismo. Si tienes desde hace mucho tiempo un quiste que no crece no tiene importancia ninguna. Pero si encuentras un bulto que antes no estaba ahí, de más de un centímetro y, muy importante, que esté creciendo en el tiempo, debes acudir a un médico", cuenta este experto en cáncer testicular. Especialmente cuando va acompañado de otros síntomas como sensación de pesadez en los testículos, aumento testicular o mayor sensibilidad.

"Los tumores que diagnosticamos son duros. A veces el testículo se inflama y, en algunos casos, aparece cierto dolor. Podría no ser un tumor de todas formas, pero debemos ver a un especialista. Porque alomejor tienes infección. De todas formas, cuando duele solemos ir al médico de inmediato. El problema es cuando esa lesión no duele porque le damos menos importancia. Aquí hemos recibidos pacientes con lesiones de doce centrímetros en un testículo de cinco centrímetros. El tumor ha ido creciendo y han pensando que no pasaba nada porque no dolía. Pero no es así", apunta de Velasco con insistencia.

Cifras optimistas

En contraste con otros tipos de cáncer como el de pulmón, donde nuestro estilo de vida juega un papel mi importante, el cáncer testicular escapa a nuestro control. Sus tres principales factores de riesgo son, como explica el secretario científico de SEOM, de origen hormonal: "Tener un testículo no descendido, es decir, padecer criptorquidia. Tener familiares directos que hayan tenido un cáncer de testículo. Y haber padecido previamente un cáncer de este tipo. Te extirpan uno pero aumenta el riesgo de sufrir cáncer en el otro. Los traumas, sin embargo, se han descartado como factor de riesgo".

Pero que las insitituciones recomienden conocerse y familiarizarse con los síntomas del cáncer de testículo no implica que sea algo probable que deba asustarnos. De hecho, y en comparación con el cáncer de mama, que padecerán una de cada ocho mujeres, la prevalencia del cáncer de testículo es muy baja. Pero no solo eso: "La supervivencia de este tumor es altísima. Más del 90% de quienes lo padecen se curan. Es más, es uno de los pocos tumores que aunque genere metástasis puede curarse. De todas formas, lo normal es que nunca llegues a sufrirlo", señala este médico. Aún así, conocerse a uno mismo es la mejor manera de prepararse contra la lotería de la vida.