Tus excesos de dulces navideños son los causantes de tu tristeza y bajonazo

Las dietas altas en azúcares están vinculadas a mayores tasas de depresión y tristeza. Malas noticias teniendo en cuenta que con los turrones y todo el dulce navideño nuestro equilibrio alimentario se va al traste

Las navidades suelen ser épocas de felicidad para muchos (aunque, si tienes una relación mala con tu familia, pueden convertirse en traumáticas). Y cuando en enero miras la cuenta bancaria vacía, los kilos de más y las pocas ganas de trabajar, llega la tristeza postnavideña. Es posible que pienses que estas caídas de ánimo vienen dadas por el inevitable contraste de volver a la rutina tras el final de uno de los momentos más especiales del año. Pero podría no ser así. De hecho, es muy probable que sea porque te has dado un atracón a dulce y otros procesados.

Así se aventura a afirmarlo un estudio publicado en la revista Medical Hypotheses, que replica el medio El Confidencial. Según la investigación de la Universidad de Kansas, los azúcares agregados (ingrediente principal de la gran mayoría de postres navideños), pueden provocar en nuestro cuerpo efectos similares a tomar alcohol en exceso (que, recordemos, es una bebida depresiva y que tomarlo en exceso entristece y puede provocar este tipo de enfermedades psicológicas). Con el azúcar, por lo tanto, pasa algo similar. Ya lo advertía el realfooder Carlos Ríos: “las dietas con cantidades elevadas de azúcares añadidos se asocian con mayores tasas de depresión”.

Por lo tanto, “comer una caja de galletas puede proporcionar una sensación temporal de comodidad y alegría, pero si lo consumes en grandes cantidades lo más probable es que experimentes malestar”, asegura el artículo. Es decir, “los dulces actúan como una droga. Tienen un efecto inmediato de elevación del estado de ánimo pero en dosis altas también pueden tener una consecuencia paradójica y perniciosa a largo plazo”, explica el coautor del estudio, Stephen Ilardi.

El problema, por lo tanto, son estos excesos de dulce a los que, obviamente, nos vemos expuestos en Navidades. Además, teniendo en cuenta que existe un fenómeno psicológico llamado depresión estacional, estamos facilitando que nuestra salud mental se tambalee. Y entonces, ¿cuál es la solución? ¿Extirpar el azúcar de nuestra rutina alimentaria navideña? Como señala el artículo, “la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere limitar el consumo de azúcar de alguien con una masa corporal normal a 25 grados aproximadamente, o, en otras palabras, no superar el 5% de la ingesta calórica diaria”.

Carlos Ríos añade otro ‘truco’, y es que “la dieta tradicional japonesa, a pesar de ser una dieta con un alto índice glucémico, es también un patrón saludable caracterizado por tener un alto aporte de verduras, frutas, hongos y productos de soja”. Por lo tanto, la clave está en la dieta saludable. Es decir, sabiendo que vas a pegarte un atracón de turrones del 24 al 6 de enero, que las comidas familiares sean variadas, nutritivas y no solo caprichos culinarios: vamos, que no te olvides de servir verduras y legumbres entre tantas carnes, embutidos, quesos, sopas y otros platos típicos navideños. La clave está en la moderación y el equilibrio.