Si te defines por tu trabajo, te quedarás solo en tiempos de crisis

Todo el tiempo que pierdes intentando ser cada vez mejor económicamente es tiempo que restas a estar con tus seres queridos, lo verdaderamente importante en la vida

Antes de que el mundo se fuera al traste, cuando todo era normal, vivíamos por y para nuestro trabajo. Seguro que has pronunciado muchísimas veces “no puedo quedar, tengo que adelantar esto” o cualquier otra excusa que, en resumidas cuentas, dejaba claro que poníamos nuestra vida laboral por delante de todo.

Sí, es muy común basar tu autoestima en tu vida laboral y económica. Creemos que cuanto más dinero, mejor, y que cuanto más prestigioso sea nuestro empleo, todavía mejor. Pero porque en una sociedad capitalista se nos impulsa a eso. “El trabajo de tus sueños es una trampa para que te dejes la piel por tus empleadores. Cuando me presentaba, solía decir que era periodista, porque era lo que más (o lo único) me representaba. Ahora ya no quiero hacer eso. No voy a dejar que me defina una profesión que, al final, no es nada mío: es trabajar para otros, crear riqueza para un grupo empresarial. Aunque es una parte de mí, yo soy mucho más”, nos explicaba un joven recién despedido en otro artículo.

Su lección está clara: no bases tu autoestima en tu curro porque a nadie la temblará el pulso para despedirte. Y lo estamos comprobando ahora, en plena situación de crisis, con la mayoría de los empleos y sectores bajo la sombra del ERTE. ¿Cómo vamos a basar nuestra autoestima en algo tan frágil como el trabajo? Ahora, confinados en casa, hemos redescubierto lo importante que es la amistad, el amor y el cariño de los que te rodean, incluso de aquellos menos indispensables que, aunque nunca nos lo habríamos imaginado, ahora echamos de menos. Pero quizá, por culpa de esta obsesión con el empleo, nos hemos distanciado irreversiblemente de ellos.

Según un estudio conjunto entre las universidades americanas de Buffalo y Harvard, “cuando basamos nuestra autoestima en el éxito financiero, sentimos una presión para lograr unos objetivos que nos abocan a pasar mucho tiempo trabajando, tiempo que no dedicamos a nuestros seres queridos. Y esta falta de dedicación se traduce en soledad y desconexión social”, explica Deborah Ward, investigadora y psicóloga a cargo del estudio, publicado en la revista académica Personality and Social Psychology Bulletin.

El resumen de sus conclusiones es: el dinero no puede comprar ni la felicidad, ni el amor, ni la amistad, al contrario, es un impedimento. “El rol de las relaciones sociales es esencial en la buena salud mental. Tenemos que preservarlas a toda costa, aunque sea un obstáculo para llegar a nuestras metas profesionales”, advierte. Es decir, que si lograr tus objetivos laborales se interpone en tener una vida social completa, con tu familia, pareja y amigos, replantéatelo, porque estás poniendo toda tu felicidad en un solo factor muy volátil y que no llena lo suficiente: el empleo.

Por supuesto está bien intentar mejorar tu nivel de vida. Al fin y al cabo, cuanto más dinero tengas, más cosas podrás hacer con tus seres queridos y más tranquilidad tendrás para disfrutar con ellos. El estudio simplemente advierte: no dejes colgados a tus seres queridos para darle prioridad a un empleo que identificas como eje de tu personalidad. “Soy médico”, “soy profesor”, “soy periodista”: ¿sólo te identificas con tu trabajo cuando te describes? Entonces estás haciéndolo mal. “Si solo te sientes bien cuando crees que estás triunfando laboralmente, tienes que empezar a vigilar por tu salud mental”, advierte el estudio, recomendando analizar con un psicólogo esta necesidad de estar definido por un buen empleo y que, en tiempos de coronavirus, se ha demostrado absurda e inútil.