No voy a volver a confiar en nadie y la culpa es de los demás

En cuanto disminuye el interés (aunque sea solo en mi mente) me pongo a mirar de forma compulsiva si está en línea, envío mensajes a la desesperada y pongo en duda poder confiar en esa persona, creyendo me quiere dejar

Llevo casi un año en el mood de buscar pareja. Ya he pasado el luto de mi antigua relación y, no voy a mentir, tengo ganas de volver a experimentar el amor. Pero se me hace imposible, he llegado a la conclusión de que no confío en nadie y que no voy a ser capaz de creer suficientemente en alguien como para solidificar nada.

Para entenderme, pongamos por ejemplo el último chico que he conocido. Nos fue muy bien desde el principio, aunque me parecía que era algo intenso (se nota bastante que busca enamorarse y vivir una historia de amor, lo cual no está mal, pero poco a poco). Pese a todo, me gusta, y en cuanto nos conocimos quedamos tres días seguidos. Seguimos hablando y todo bien, hasta que me dijo que había pillado la gripe, canceló el plan de ese día, y me dijo no podríamos vernos hasta el fin de semana. Se activaron mis alertas.

Seguramente el chico dice la verdad. Probablemente cuando llegue el finde me diga de vernos. Y, sin embargo, cuando veo que disminuimos el nivel de conversación, no puedo evitar ponerme en lo peor y empezar ya a hacer el proceso mental de la ruptura. “Bueno, seguro que es otro más que se va a la papelera”, me repito para anticiparme al dolor.

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No, no confío en él. Y probablemente viene por los cientos de experiencias traumáticas que tengo de antes. Antes que a él conocí a un chico que desapareció sin decir nada después de follar. No es el único. Con otro con el que estuve de rollo, ººfui de vacaciones y al volver no supe nada más de él. Otro me dijo que había conocido a otra persona que le gustaba más. En total, un año de decepciones y de desamores que han hecho que construya una coraza y que me aleje de los demás.

"Me gustaría confiar, pero no quiero herirme"

Hay otras personas en mi misma situación. Como explica la escritora Amy Horton, “me gustaría confiar, pero no, no importa cuánto lo intente. Siento que tan pronto como confío en alguien, soy extremadamente vulnerable a salir lastimada”. Me sucede exactamente lo mismo. Cuando se reproducen patrones de conducta que tengo asociados a ruptura inminente o cuando la persona no me da lo que deseo, me entra la ansiedad y me pongo con las barreras y las actitudes destructivas.

En ese momento me obsesiono, me pongo a mirar si está en línea, me da la sensación que con cualquier mensaje que envío estoy haciendo el ridículo y siendo insistente pero a la vez pienso que debo seguir enviándolos e insistiendo de forma casi enfermiza o me dejarán. Probablemente, esta actitud es, precisamente, la que me está alejando de las personas, ya que no les doy los espacios necesarios (algo necesario, puesto que el interés fluctua de forma natural, y no siempre pueden estar igual de pendientes de ti).

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Tengo una mentalidad profundamente tóxica que hace repetirme constantemente “¿por qué muestran interés en mí y luego desaparecen? ¿Por qué me hacen perder el tiempo? ¿Por qué debo confiar en la gente?”, unas preguntas “muy comunes”, como añade la psicóloga Katherine Woodward.

Culpar a los demás te quita la responsabilidad

“Todos los pacientes con estas inquietudes quieren una relación sana y feliz, pero les da miedo conseguirla. Han sido heridos tantas veces que se sienten sin poder, a merced de los demás cuando se ilusionan. No confían en nadie como para abrirse. Pero hay un error de planteamiento, no es que no confíes en nadie. Es que no confías en ti”, sentencia la psicóloga.

Es un error típico: no confiamos en nosotros, creemos que no tenemos mucho que ofrecer, que nos haremos pesadxs, que se aburrirán de nuestra compañía, incluso que no tenemos la suficiente capacidad para saber escoger a alguien decente. Tampoco confiamos en nuestra capacidad de resiliencia y no nos queremos lo suficiente, por lo que tenemos miedo a derrumbarnos si nos dejan y no soportaríamos la idea de volver a estar solteros, porque necesitamos a alguien que nos ayude a querernos un poco más y confiar un poco más.

“Darte cuenta que, por muy desagradables que sean los demás, el problema está en que no confías en ti, ni tu criterio, ni tus capacidades, te permitirá cambiar el chip de resignación a responsabilidad”, explica. Es decir, “no confiar en los demás” es una forma de poner la responsabilidad en el resto y resignarte porque “todos son horribles y no puedo confiar en nadie”. En cambio, entender que no te tienes en alta estima es el principio para empezar a trabajar estas inseguridades que te vuelven dependiente y ansiosx cada vez que dudas un poquito de lo que ofreces a los demás, que todavía no has aprendido a valorar.