Transforma tu ruptura en arte para digerir el dolor

El libro ‘El amor después del amor’ (Bridge, 2018) cuenta todas las historias de despecho, ruptura y deseo que terminaron siendo obras de arte

Tienes una foto vuestra de esas románticas vacaciones de hace no mucho tiempo. Anhelas aquella sensación de felicidad. Aquel instante en el que parecía que tan solo era el principio de un largo y único recorrido en pareja. Una historia de amor infinito. Ahora, mientras observas esa imagen o viajas por los recuerdos, una angustia se te clava en el estómago. Una presión en el pecho y hasta en la garganta que te lleva a pensar “qué hicimos mal, por qué se terminó”. Esa sensación física es el dolor que te genera la ruptura. Y a veces es tan fuerte que sientes que nunca vas a superarlo.

Hoy, además, es el Día del Soltero, un grupo del que ya formas parte. Este día es una celebración. Se celebra esa rutina sin pareja. No es fácil entender o aceptar que aquella relación que terminó puede tener un final positivo, ¿a qué no? Y, para todos esos temas que no conseguimos comprender y de los que necesitamos una respuesta, podemos recurrir a, por ejemplo, los libros. Es aquí donde entra El amor después del amor (Bridge, 2018), un libro escrito por Laura Ferrero e ilustrado por Marc Pallarès. Una obra que fusiona la cultura con el despecho, las rupturas y el deseo. Un libro que expone abiertamente todo lo que nos podríamos haber perdido si algunos corazones nunca se hubieran partido.

Un tipo de muerte

Cuando una relación se termina pasamos por un luto. La cultura y la sociedad nos han insertado la idea de unión como un hacha y ese hierro dentro de nuestra concepción de la vida es insistente y muy difícil de quebrantar. Aprendemos que es así: que hay que tener, en algún momento, una pareja y formar una familia. Que, en alguna parte, está esa persona con la que podremos compartir nuestros miedos y nuestras alegrías. Que no desesperemos, que ya llegará. Entonces sucede, parece que al fin conectas con alguien. La vida te sonríe, te dicen.

Empiezas a construir con ilusión y ganas tu relación. Compartes instantes y sensaciones que no creerías que podrían existir. Abrazas cada rutina, cada pelea, cada beso. Como todo (de verdad, todo) en algún momento esa explosión de avance comenzará a menguar. Esto es normal. No debes asustarte. No es posible mantener un mismo nivel de intensidad, es inhumano. Pero claro, en ese descenso algunas parejas acaban. Ya está. Terminan. Como hemos explicado varias veces, es importante saber qué lugar ocupamos en la ruptura y nuestra forma de transitar por ella seguramente esté relacionada con ese lugar: si la decisión es tuya, quizás el dolor sea más llevadero. Si la decisión es de la otra persona, quizás te cueste más pasar página.

Sea el espacio que sea, habrá dolor. Una ruptura sentimental supone, como dicen en el libro, “un extraño tipo de muerte”. Es aquí donde empezamos a perdernos, miles de preguntas aparecen como respuesta a ese dolor: “¿cómo voy a superarlo?, ¿quién me querrá de esa manera?, ¿y si nunca más me enamoro?, ¿será difícil volver a confiar?” Es el hacha y es el miedo a no formar parte de eso que te han explicado —indirectamente— que necesitas para vivir y, por ende, para ser feliz.

Un tipo de vida

Hay muchísimos —realmente muchísimos— caminos para salir del dolor. Uno de ellos es el tiempo. Puedes simplemente seguir viviendo tu vida, rodearte de personas que te quieren, hacer muchos planes (para no tener tiempo para  regodearte en el dolor) y esperar. No como una espera activa sino como una forma de curarte en la que no tienes que hacer excesivos esfuerzos. De alguna manera, este tipo de fórmula existe como base. Todos los caminos para superar el dolor se construyen sobre ella. En este recorrido, sea cual sea, habrá frases que te acompañarán: “Que si hay más peces en el mar, que si el tiempo lo cura todo, que un clavo saca a otro clavo, que todo pasa por algo, que si toca pasar página…”. A veces, como reza el libro, estas “inocentes y bienintencionadas palabras solo consiguen agravar la tristeza”.

Entonces ¿qué hacemos? La tristeza se agrava y tu nueva soledad es insoportable. Ni día mundial de la soltería ni nada, no quieres celebrar, solo quieres que se acabe el dolor, que pare. Es tu turno, te toca mover ficha para terminar con ello o para que sea más llevadero porque eso de la espera no te está funcionando. Y aunque no es fácil, es posible: transforma el dolor, úsalo, exprímelo, hazlo público.

La transformación

Más de 30 artistas de todos los tipos aparecen en el libro El amor después del amor. Más de 30 personas que crearon gracias al dolor. Libros, películas o pinturas nacieron, cobraron vida gracias al dolor. Bon Iver, el primer ejemplo del libro, creó el álbum For Emma: Forever ago gracias a la pena causada por esa tal Emma, sea quien sea. Sin esa ruptura jamás podríamos haber escuchado canciones tan únicas como Skinny love. Otro ejemplo: la artista Sophie Calle quizás no podría haber creado la instalación Prenez Soin de Vous (Cuídese, en su traducción al castellano) si su amante no la hubiera abandonado por carta con ese último mensaje. Y así con una lista interminable de ejemplos.

Quizás no se trató de una decisión activa. Simplemente los artistas que aparecen en el libro tuvieron que hacer algo (casi desesperado) para superar el dolor. Lo transformaron en arte. Lo escribieron, lo pintaron, lo cantaron. Lo hicieron público. Agarraron con las manos esa tristeza que vive en la intimidad y le buscaron un lugar determinado. De eso que solo tenía una perspectiva negativa nacieron películas como Lost in translation de Sofía Coppola, canciones como Layla de Eric Clapton o poemas como Canción de la mañana de Sylvia Plath.

Algunos finales fueron realmente agrios, superados por el dolor, con tragedias fatales como la de esta última autora. Y aún así dejaron un precioso legado. Esta es la recomendación: abraza el dolor y transfórmalo. Dibújalo, escríbelo, cántalo. Arráncalo de la intimidad y enséñaselo al mundo entero. La tristeza, aunque quizás no nos guste, es una fuente de inspiración muy potente.