La falta de sexo nos convierte en peores personas

Mentiras, menos honestidad, exagerar... Haremos lo que sea para llegar a nuestro objetivo: acabar con la sequía

¿Cuánto tiempo es tu máximo sin tener sexo? ¿Y recuerdas cómo te sentiste? Al principio, todo normal. Tienes ganas, pero nada del otro mundo. Te bajas alguna app y a ver qué surge. Al cabo de unos meses, estás siempre caliente. Cada vez más, cada vez más. Cuando ya llevas más de medio año, abres Tinder dispuestx a darle match a todo y dorar la píldora a quien sea para conseguir algo. Eres pura desesperación. Y no solo pasa cuando estás solterx. En pareja, si deja de haber sexo, las sensaciones mentales son iguales, esa desesperación se vive de la misma forma.

Según un estudio que recoge Psychology Today, la falta de sexo nos convierte en peores personas. Esa es su principal conclusión: mentiremos hasta conseguirlo, todo con la idea de “ser más similares o deseables”. Es decir, nos inventaremos lo que sea, hasta que nos gusta el ala delta aunque tengamos vértigo, para acabar con esa racha de sequía profunda. “Tanto hombres como mujeres cambian sus actitudes”, explican, y todo para satisfacer esa necesidad “tan primaria”.

Pero no solo mentimos de forma “inocente”, asegurando que somos relativamente diferentes a como somos para crear similitudes y, así, tender un vínculo que facilite el ir a la cama. El artículo asegura que también se genera una deshonestidad muy egoísta: “por ejemplo, mienten a propósito en el número de parejas sexuales”, o incluso en las intenciones, fingiendo que buscan un contacto más emocional cuando quizá simplemente hay una necesidad muy carnal. Todo para asegurarse que gustarán y que no se cierran ninguna oportunidad.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Buenos días, ¿habéis desayunado o lo dejáis para luego?⁠ ⁠ Créditos de la foto DM

Una publicación compartida de Código Nuevo (@codigonuevo) el

Por supuesto, esto no quiere decir que seamos malas personas. Simplemente nos comportamos peor con los otros porque, ante la desesperación, ponemos por delante nuestro propio placer a ser honestos con los demás. Un sentimiento puramente egoísta. Es la conclusión del estudio: no somos peores personas, simplemente nos comportamos como tal, sin la intención de hacer daño.

La falta de sexo, además, no solo nos hace actuar peor con los demás, también tiene efectos nocivos en nosotros mismos. La presión por no ligar puede dañar enormemente nuestra autoestima, hasta provocarnos inseguridades muy profundas y episodios de ansiedad (que se pueden traducir en masturbación ansiosa). Al final, está muy vinculado a lo anterior. Creemos que para tener sexo tenemos que gustar, aunque sea mintiendo. Y si no logramos mojar, nos castigamos repitiéndonos que el problema es nuestro, que no somos suficiente o que no gustamos a nadie, según informa Medical News Today.

Por supuesto, esto solo se aplica a aquellas personas que han experimentado el sexo y no quieren renunciar a él, sino que el no poder practicarlo es algo involuntario, que se le escapa de las manos. El artículo añade que la abstinencia, si se hace por voluntad propia, ya sea por salud mental o convicciones religiosas, puede ser beneficiosa para la mente, porque te permite salirte de este bucle de la aprobación sexual. Eso sí, debe combinarse con masturbación y autodescubrimiento. “El placer físico es bueno y natural, no deberíamos renunciar a él”, aplicable también a los que no tienen relaciones de forma involuntaria para que la espera hasta el próximo polvo se haga llevadera.